Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 2005/12/03 00:00

María Victoria Uribe

'La Toya' Uribe es la antropóloga de la inhumanidad en Colombia. Ha mirado lo que nadie quiere ver, el lado más oscuro del alma colombiana: las masacres.

María Victoria Uribe

Una foto tomada por Hernán Díaz en la que salía con bikini y ruana la lanzaron a la fama. Era 1968 y ella era la reina rebelde. María Victoria Uribe sorprendió a todos sus amigos al aceptar la nominación como representante de Bogotá al reinado de Cartagena. Pero sólo momentáneamente: ella no sería recordada por ser la más linda -aunque era muy bonita-, sino por romper todas las reglas del protocolo. Habló a favor del aborto, de la eutanasia, del amor libre. Durante la prueba del vestido de baño se lanzó a la piscina e invitó -sin éxito- a las demás participantes a nadar con ella. ¿Para qué más se pondría uno un bikini? El evento por primera y quizá por última vez no giró alrededor de la celulitis, del 90-60-90, ni de querer parecerse a sor Teresa de Calcuta. La 'Toya' Uribe inauguró mayo del 68 en Cartagena. Cuestionar de manera tan original y contundente uno de los íconos culturales criollos más antifeministas cuando muchas niñas aún soñaban con ser reinas le merece una pequeña mención en la historia. Pero lo que hizo después -aunque menos espectacular- fue mucho más importante. Uribe ha diseccionado el lado más oscuro del alma colombiana; es la gran antropóloga de la inhumanidad en este país. Después de estudiar antropología en la Escuela Nacional de Antropología e Historia de México y de terminar una maestría en historia de la Universidad Nacional, esta mujer de carácter fuerte y humor negro decidió mirar sin asco, pero con indignación, la sevicia de los matones colombianos. En su libro Matar, rematar y contramatar describe las masacres de la violencia en el Tolima, entre 1948 y 1964. La barbarie se reedita en su siguiente libro, Enterrar y callar, sobre las masacres cometidas entre 1980 y 1993, escrito con Teófilo Vásquez, otro investigador del Cinep, como lo fue ella durante años. En la última década, Uribe entró al Icanh a dirigir la entidad nacional encargada de la investigación antropológica. Como la 'Toya' no es una mujer sutil, no se dejó contagiar de la inercia de esas oficinas anónimas que pululan el sector público, y emprendió una reestructuración profunda del instituto hasta convertirlo en una institución científica de primera línea. Durante su período como directora, San Agustín, Tierradentro y la Sierra Nevada fueron declarados patrimonio mundial. 'La Toya' terminó recientemente su doctorado en historia con una tesis comparada sobre los mitos fundacionales de la guerra en Irlanda del Norte, en Sri Lanka y, por supuesto, en Colombia. Ella dilucidó el significado de Marquetalia, aquel caserío que ni siquiera aparece en los mapas y que sin embargo justifica en la mente de tantos guerreros 40 años con el fusil al hombro. Ella es la violentóloga colombiana que con la sinceridad que la caracteriza ha hecho las preguntas sencillas: ¿Por qué no les basta con matar? ¿Por qué la necesidad de mutilar el cadáver, de echarlo desfigurado al río, de extirparles la última gota de dignidad a las víctimas? Esas son las preguntas que se hace ella y esas son las preguntas que deberíamos contestar los colombianos para aprender a vivir y a morir de otra forma. *Editora de Semana.com

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