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| 8/11/2012 12:00:00 AM

Mariana, una dulce fiera

Más allá de la excelencia de su técnica, la clave de los triunfos de la bicicrosista dorada Mariana Pajón Londoño está en su envidiable fortaleza mental. Un ejemplo para Colombia.

Hay dos Mariana Pajón Londoño. Una es aquella niña sonriente de 1,57 metros de estatura, 53 kilos de peso y personalidad simpática. La otra es una fiera que destroza a todos los rivales y cruza la meta triunfante. "No me gusta nada llegar segunda", dice la ganadora de la medalla de oro en la categoría femenina de BMX en los Juegos Olímpicos de Londres. No es una declaración surgida de la soberbia. Al contrario, si hay una característica de la jovencita que obtuvo la segunda presea dorada en la historia para Colombia es su sencillez y nobleza. Lo ratifica Carlos Mario Oquendo, ganador de bronce en la prueba masculina de BMX, su mejor amigo, confidente incondicional y con quien suele pasar hasta ocho horas diarias entrenando en la pista del barrio Belén, desde donde los corredores ven levantar el vuelo a los aviones en el aeropuerto Olaya Herrera, de Medellín. "Ella es una bacana", sentencia.

Su padre, Carlos Mario Pajón, le transmitió la pasión por la velocidad. Amante del automovilismo deportivo, creyó que lo mejor para empezar era enseñarle a montar en bicicleta. Se sorprendió cuando la pequeña, tenía 4 años, le mostró que había dos Marianas. "Quítale las ruedas de atrás", le pidió. Él le dijo que le servirían de apoyo mientras aprendía. "Quítalas", le ordenó. Nacía una guerrera que daba sus pedalazos en una bicicleta rosada de Barbie. Por aquella época, sin embargo, no había carreras para niñas, lo que ella superó de manera elemental: "Corro con los niños". Tenía 5 años y les ganó.

En este tiempo que lleva compitiendo ha acumulado además de su primer trofeo infantil en la pista de Belén dos campeonatos bolivarianos, diez panamericanos, nueve latinoamericanos, dos en Estados Unidos, 13 campeonatos mundiales y la medalla de oro en los Olímpicos en "la mejor pista que he visto en mi vida", dijo.

"Es un registro envidiable que se explica por su capacidad mental. Desde pequeña dejó atrás ese paradigma de que uno hacía deporte profesional para participar. No. Ella lo hace para ganar", dice Martín Alberto Posada Jaramillo, gerente de la comisión de bicicross de la Liga de Ciclismo de Antioquia. "Yo la he visto correr en el Bajo Cauca, en Apartadó o en Londres. A ella le da igual el escenario. Para ella su objetivo es llegar primera". La organización del ciclismo en Antioquia contribuyó enormemente a desarrollar la capacidad atlética de Mariana. No hay un municipio que no tenga una pista y no pasa una semana sin que haya una competencia. Ella ha hecho el circuito en varias ocasiones. Como las victorias se le daban y en la pista siempre había hombres que en teoría eran más fuertes, empezó a perder el miedo.

"Ella puede convertirse en la modelo de deportista a cultivar", dice Xitlaly Bustamante Villanueva, de la escuela de campeones y entrenamiento mental, que le brinda la preparación psicológica. "Su cabeza está preparada para el éxito. Cuando se pone el casco se transforma, se convence de que nada la detendrá hasta alcanzar el triunfo". Bustamante enfatiza que Mariana ha interiorizado a plenitud que es una deportista de alto rendimiento y que su razón de ser es vencer. Ella no va de pista en pista privándose de la compañía de sus hermanos Miguel y Daniel para hacer turismo, sino para arrollar. "Para descansar tiene la finca en Santa Fe de Antioquia", dice su tía María Victoria.

Cuando empezó a sumar triunfos, sus padres acordaron dosificar sus energías para llevarla a lo más lejos y le inculcaron que en el hogar debía ser dulce, femenina y muy solidaria. "Y en las pistas, se tú, vuela, que yo iré detrás siempre", le dijo su madre, Claudia Patricia. Y eso ha hecho, pues ambas le han dado la vuelta al mundo. Con ella va la niña amante del rock, del hip hop, del rap, que disfruta el cine, la pasta y la buena conversación, que cuando está en la línea de salida se lanza decidida en busca de la gloria. "En su modalidad, es la mejor deportista técnicamente que hay en el planeta", dice Posada Jaramillo. "En Londres, tanto en las eliminatorias como en la final no cometió ni un solo error, mientras que todas sus competidoras al menos sumaron minino dos fallos".

Sin embargo, su biotipo no es tan completo como las de sus competidoras, más desarrolladas físicamente. Eso se vio en el podio: era la más bajita. Ella, sin embargo, compensa esa deficiencia con la fortaleza mental. Los expertos en preparación deportiva creen que en Mariana se conjugan las máximas del mítico Bobby Knight, entrenador de la selección de baloncesto de Estados Unidos que ganó oro en los Juegos Olímpicos de Los Ángeles en 1984: "Los triunfos en el deporte pasan un 80 por ciento por la cabeza, el 20 por ciento restante por la capacidad física".

En el caso de Mariana, siempre ha estado rodeada de bienestar y afecto. A sus 92 años, su abuela Lilian Ángel de Londoño tiene 12 hijos, 17 nietos y 18 bisnietos. "En nuestra casa ha habido amor para derrochar", dice. "Con casi un siglo y esta familia, he vivido casi todo pero nunca nada tan emocionante como la medalla ganada por mi nieta". Y es que desde que demostró que la razón primordial de su existencia era el deporte, todos en casa empezaron a rodearla con una coraza de afecto. "Eso es vital porque es una persona muy segura", dice la psicóloga Bustamante.

El propósito familiar de impulsarla a un podio olímpico era tan sólido que la familia la llevó a los Juegos Olímpicos de Beijing en 2008. Como era tan joven no podía participar en las pruebas, pero viajaron con ella para que se fuera empapando del aroma de unas justas de ese nivel. Y este año, al llegar a Londres, se lució como abanderada en la ceremonia inaugural. Con los días su concentración aumentó para darle paso a la fiera. Pero antes, en las horas previas, era la niña dulce que todos saludan en el barrio El Poblado, la chica que se graduó de bachillerato hace dos años en el colegio Monte Corazón y que decidió posponer sus estudios porque necesitaba todo el tiempo para lograr su objetivo, la que tarda en maquillarse. "Soy muy vanidosa", suele decir. Se pintó las uñas de dorado, se hizo un tatuaje con los anillos olímpicos en la muñeca derecha y se puso medias de colores distintos y dos guantes diferentes, sus agüeros de la buena suerte.

En la línea de salida, saludó a las cámaras, se persignó y se tocó con su puño derecho de color negro el corazón. Apretó el manubrio con el izquierdo, reparado con platinas desde cuando se fracturó en una competencia en Dinamarca y vestido de blanco para la gran ocasión. Y salió. En 37,706 segundos corrió la Mariana implacable y severa con sus adversarias. La temible. La mujer que solo se satisface con la victoria. Tras cruzar la meta, volvió a ser la jovencita de sonrisa diáfana, la niña dulce y modesta de 20 años que le gritó al mundo que la victoria no era solo suya: "Esto es de cada uno de los 44 millones de colombianos que hoy hicieron fuerza conmigo para llevar a lo más alto el nombre de Colombia".
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