Sábado, 21 de enero de 2017

| 1999/06/28 00:00

Marquetalia 35 años después

Lo que parecía una exitosa operación militar derivó en la conformación de la guerrilla más poderosa del país.

Marquetalia 35 años después

El 14 de junio de 1964, a las 8:02 a. m., el teniente coronel José Joaquín Matallana, comandante del Batallón Colombia, saltó de un helicóptero Iraquois, de fabricación estadounidense, sobre las ramas de los árboles que dominaban la parte alta del pequeño valle de Marquetalia, en una región escarpada del sur del Tolima, en las estribaciones del nevado del Huila.

Después de él, en el curso de ese mismo día, otros tres helicópteros dejaron caer más de un centenar de soldados, cuya misión era tomarse, a como diera lugar, el pequeño caserío que  servía de refugio a un puñado de guerrilleros comandados por Manuel Marulanda Vélez, alias ‘Tirofijo‘.

A pesar de que en ella no vivían más allá de 50 familias Marquetalia se había convertido en un símbolo de lo que las autoridades llamaban ‘repúblicas independientes‘, término acuñado en octubre de 1961 por el senador Álvaro Gómez Hurtado para referirse a los territorios dominados por la guerrilla comunista que sobrevivió a la violencia de los años 50 y que no se acogió a las diversas amnistías decretadas por los gobiernos de Gustavo Rojas Pinilla y el Frente Nacional (ver recuadro).

La ‘Operación Marquetalia‘, como se le conocería en adelante a esa acción militar, fue la fase culminante de una gran campaña lanzada por el gobierno de Guillermo León Valencia en enero de 1964 con el propósito de eliminar los grupos de bandoleros en que habían terminado convertidas las guerrillas liberales del norte del Tolima, mantener el control sobre la zona central del departamento y ‘‘adelantar operaciones encaminadas a producir el aislamiento efectivo de los núcleos comunistas en armas en el sur". Y tratar de conjurar, de paso, la grave crisis política que atravesaba el país.

El plan, llamado ‘Soberanía‘, se concibió en cinco fases que debían ser desarrolladas durante todo el año 1964. Pero varios atentados cometidos por los hombres al mando de ‘Tirofijo‘ en la zona de influencia de Marquetalia precipitaron la operación armada sobre el reducto comunista. El comando del Ejército decidió, a comienzos de marzo, acortar las fases gama y delta del plan ‘Soberanía‘ y asignar la operación a la Sexta Brigada, comandada por el coronel Hernando Currea Cubides (ver recuadro).

La misión era: ‘‘Operar ofensivamente, lo antes posible, en el sur del Tolima (región de Marquetalia), trasladando allí el esfuerzo principal, con no menos de tres batallones y todo el apoyo aéreo disponible, para aniquilar la cuadrilla comandada por alias ‘Tirofijo‘ y cualquiera otra que se oponga al cumplimiento de la misión, evitando por todos los medios (acción sicológica, acción cívica y de gobierno) la generalización del conflicto, especialmente en las áreas de Riochiquito, Pato, Guayabero y Sumapaz".

Por tierra y por aire

En principio la idea era llegar por tierra hasta Marquetalia, subiendo por el cañón del río Atá, misión que le fue encomendada al Batallón Rooke, al mando del teniente coronel Jorge Pinzón. Lo difícil del terreno hacía, sin embargo, que muy pocos guerrilleros pudieran controlar el avance de la tropa y se libraron feroces combates.

El primero tuvo lugar el 27 de mayo en un sitio denominado La Floresta, en la parte media del cañón, y adquirió un valor simbólico muy grande pues fue tomado por la guerrilla como el día de la creación de las Farc (que sólo tendría lugar, en realidad, dos años después).

El comando de la Brigada decidió, entonces, reforzar la operación con una misión helicoportada y encargó para ello a las tropas del Batallón Colombia -comandado por el teniente coronel José Joaquín Matallana-, que habían logrado exterminar a los grupos de bandoleros del norte del Tolima (incluyendo las bandas de ‘Desquite‘ y de ‘Tarzán‘, entre otras).

Con la cooperación de soldados de otros batallones, Matallana y sus hombres se tomaron el caserío de Marquetalia el 14 de junio de 1964, en una acción -denominada ‘Operación Cabeza‘- que  fue muy bien calificada desde el punto de vista militar. El gobierno recuperó a Marquetalia y pudo izar  de nuevo el pabellón nacional en la inhóspita región. La euforia, en general, fue grande.

Cuatro días después de la toma de Marquetalia, y con la presencia del comandante general de las Fuerzas Armadas, general Gabriel Revéiz Pizarro, se realizó una ceremonia en la que el pequeño caserío fue rebautizado como Villa Susana como un homenaje póstumo a la primera dama de la Nación. Dicho acto estuvo precedido por una seguidilla de editoriales que no hacían más que elogiar la acción de las Fuerzas Armadas.

El 16 de junio El Tiempo escribió, ‘‘Después de dos meses de acción cívica y militar, ha tomado el Ejército Marquetalia para la paz y la soberanía colombiana. Han sido un modelo de estrategia pacificadora y pacifista las acciones conducidas por los altos oficiales y sus tropas". Y esa imagen no se desdibujó con el tiempo. De acuerdo con un artículo escrito en 1995 por el mayor Roberto Rodríguez, entonces miembro del Batallón Tenerife, ‘‘el golpe que se dio al refugio principal de ‘Tirofijo‘ y sus secuaces en la república independiente de Marquetalia fue de tal sorpresa y magnitud que produjo el desorden general entre los bandoleros, quienes abandonando sus reductos en desbandada quemaron sus instalaciones y emprendieron la huida hacia Riochiquito, sufriendo gran cantidad de bajas, capturas y decomiso de armamento".

Una fuga inexplicable

La verdad, sin embargo, es que no había razones para tanto optimismo. Y no las había porque la ‘Operación Cabeza‘ no logró uno de los objetivos principales del plan ‘Soberanía‘: aniquilar la cuadrilla comandada por alias ‘Tirofijo‘.

Contra todo lo previsto, Manuel Marulanda Vélez y sus hombres lograron escapar al cerco del Ejército y reagruparse en Riochiquito, donde cinco meses después se realizaría la Primera Conferencia del Bloque Sur, en la que se expresó claramente, por primera vez, la concepción político-militar que guiaría en adelante las acciones de la guerrilla. La fuga de Marulanda y sus hombres tuvo una doble connotación: la militar y la política.

Para muchos analistas resulta inexplicable que una fuerza como la desplegada para realizar la ‘Operación Marquetalia‘ -que de acuerdo con los archivos militares fue de más de 2.000 hombres en armas, y según la oposición de la época pudo haber llegado a 16.000- no fuera capaz de impedir la fuga de un grupo no mayor de 50 guerrilleros que ocupaban el caserío de Marquetalia en el momento del ataque.

La explicación oficial que se dio en el momento fue que ‘Tirofijo‘ y sus hombres huyeron de Marquetalia por una trocha construida muchos años atrás por los indios paeces, en medio de la selva y totalmente oculta a la observación aérea, que había sido reconstruida por ellos. El propio comandante de la operación, el teniente coronel José Joaquín Matallana, le diría años después al historiador Arturo Alape estar admirado por ‘‘la magnitud de la obra en que se empeñó ‘Tirofijo‘ con los demás revolucionarios para hacer una trocha a lo largo de la selva entre Marquetalia y Riochiquito, distancia que un correo recorría en una semana cuando fue terminada".

Esa no fue, sin embargo, la única explicación a lo que, a la postre, convirtió una brillante operación militar en un fracaso político. Según el artículo del mayor Roberto Rodríguez -publicado en el periódico de la Asociación Colombiana de Oficiales Retirados de las Fuerzas Militares, Acore-, ‘‘la persecución de ‘Tirofijo‘ y sus principales cabecillas no se prosiguió por cuanto el gobierno, en forma inexplicable hasta ahora, había creado un comando logístico en Riochiquito con jurisdicción propia, y no se permitió a la Sexta Brigada la persecución fuera del área de Marquetalia".

SEMANA quiso ir más allá en esa explicación pero no encontró quien comentara abiertamente esa omisión del  gobierno de entonces. Bajo la reserva de su nombre, un oficial que participó en las operaciones aseguró que si las tropas que participaron en la ‘Operación Marquetalia‘ hubieran bloqueado oportunamente la salida del cañón del río San Miguel, que comunica la región de Marquetalia con la de Riochiquito, ‘Tirofijo‘ y sus hombres no habrían alcanzado su objetivo. Y que el cañón no se taponó por orden del presidente Valencia y del entonces comandante del Ejército, general Gerardo Ayerbe Chaux, que no querían extender el conflicto a su departamento. Ambos eran caucanos.

En cuanto a la connotación puramente política, hay una coincidencia entre todos los analistas -incluido el general Álvaro Valencia Tovar- en que a las zonas recuperadas nunca llegó la inversión prometida por el gobierno, lo que permitió que la guerrilla se las tomara de nuevo al poco tiempo y estableciera en ellas una sede permanente de operación. Hoy, 35 años después, son muchos los colombianos que lo lamentan.

El origen de las Farc

Por Álvaro Valencia Tovar

La violencia sectaria entre los dos partidos históricos a partir de 1947 encubrió la aparición de guerrillas comunistas a la sombra de las que surgían espontáneamente en áreas rurales de mayoría liberal. Algunas se formaron en una escuela de guerrillas fundada por el Partido Comunista en la región de Viotá, dominada por éste desde los años 20 a raíz de la parcelación de la hacienda Java.

Otras fueron captadas de núcleos liberales enfrentados a la policía sectaria, como en el caso de Pedro Antonio Marín, atraído por ‘Líster‘ (Isauro Yosa), veterano dirigente del partido.Durante el lapso de paz que siguió al acceso al poder del general Gustavo Rojas Pinilla las incipientes guerrillas comunistas entraron a una fase de organización revolucionaria con base en el Sumapaz, acordada en el plenum comunista de 1954 en Cali.

Cuando un helicóptero en que descendía el coronel Rafael Navas Pardo en Villarrica, Tolima, recibió fuego de guerrillas apostadas en las alturas vecinas, la Brigada de Institutos Militares de Bogotá ocupó a Sumapaz bajo su mando después de vencer sólida resistencia organizada.Las fuerzas de allí desalojadas ocuparon la región de Galilea, más al sur, de donde escaparon al ser atacadas por el Ejército.

Unidas a las que combatían al occidente de Chaparral, terminaron ocupando cuatro enclaves conocidos como Marquetalia y Riochiquito, sobre las vertientes del nevado del Huila, al este del valle del Magdalena; Guayabero y Pato, al oeste, que se harían célebres como ‘repúblicas independientes‘ a raíz de un debate de Alvaro Gómez Hurtado en el Senado en 1961.

En diciembre de 1963, cuando desaparecían las últimas bandas de forajidos en que habían degenerado agrupaciones irregulares de ambos partidos merced al desarrollo del ‘Plan Lazo‘ puesto en marcha por el Ejército dentro de la filosofía de acciones cívicas y sicológicas que separaron a los campesinos de las bandas en armas, Pedro Antonio Marín, ya con sus apodos de guerra de Manuel Marulanda Vélez y ‘Tirofijo‘, atacó una columna de abastecimientos, dando muerte a los soldados arrieros y robando mulares y cargas, derribó una avioneta de Aerotaxi, secuestrando a los pilotos, y dio muerte a dos oficiales de la FAC que acudían a rescatar en un helicóptero a los pasajeros de la aeronave derribada.

Ante estos hechos se hizo forzoso ocupar a Marquetalia, de donde surgió la leyenda negra con desbordada fantasía. Y más tarde a los demás baluartes, solidarios con éste. Los planes socioeconómicos preparados por el Ejército para rescatar las áreas afectadas no se ejecutaron, excepto para Riochiquito, antigua reservación indígena. Retornaron las guerrillas. En 1965 la Primera Conferencia Guerrillera creó el llamado Bloque Sur y un año después la Segunda instituyó las Farc (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia) cuya expansión llega hasta hoy.

La leyenda negra

Según el general Álvaro Valencia Tovar, uno de los principales protagonistas de la ‘Operación Marquetalia‘ -en su condición de jefe de operaciones del Ejército-, en torno a ésta se ha tejido una verdadera leyenda negra. Y se han creado muchos mitos:

1. Que participaron 16.000 hombres armados. SEMANA consultó documentos que reposan en los archivos del Ejército y encontró que en la operación propiamente dicha participaron 975 efectivos, discriminados así:

Asalto por tierra: 550 del batallón Rooke, que hizo el asalto por tierra. 90 hombres de los Grupos de Inteligencia y Localización (GIL). 130 hombres de la Compañía de Lanceros de la 8a. Brigada. 30 de otras fracciones.

Asalto por aire: 13 hombres de la plana mayor del Batallón Colombia. 147 soldados de la Compañía Bolívar del mismo Batallón. 3 hombres del Grupo de Control Aerotáctico de la FAC. Tres  guías y baquianos. Nueve tripulantes (dos helicópteros Kaman, dos Iraquois y uno de observación).

Además de los anteriores, y como apoyo a las tropas comprometidas en el ataque, se desplegaron 1.425 efectivos más: 420 del Batallón Tenerife 500 del Batallón Boyacá 450 del Batallón Caycedo 55 de otras fracciones. Eso da un total de 2.400 hombres en toda la operación.

2. Que se usaron bombas de Napalm y armas químicas y que la operación fue montada por los estadounidenses. Así lo dejó escrito Jacobo Arenas en su ‘Diario de la resistencia de Marquetalia‘ y lo repiten los distintos discursos de las Farc. Los militares involucrados en la operación lo niegan de plano. Es más, con excepción de varios ametrallamientos armados sobre la zona, dicen que no se produjo ningún tipo de bombardeo.

Sobre la participación norteamericana las Farc dicen que la ‘Operación Marquetalia‘ era parte del llamado Plan Laso (Latin American Security Operation), diseñado para acabar con los grupos de autodefensa en el país. Los militares reconocen la existencia de un plan Lazo (con zeta), que buscaba llegar, con acción cívico-militar, mediante el ‘enlace‘ de todas las agencias de seguridad del Estado, a las zonas de violencia del país. ‘‘No fue inspirado en el Pentágono, ni se dirigió contra el pueblo colombiano sino a su favor‘‘, dice Valencia Tovar.

Para precisar el papel de los norteamericanos en el operativo SEMANA hizo una investigación en los archivos del Departamento de Estado en Washington (ver artículo).

¿Una derrota histórica?

Para el historiador Arturo Alape la ‘Operación Marquetalia‘ fue una derrota para el establecimiento:

‘‘¿Derrota en qué sentido? En que la clase política colombiana permitió una operación que según ellos debía convertirse en una operación de guerra que restituyera esas zonas campesinas a la soberanía nacional. Pero esas zonas, en vez de recuperarse para el país, se recuperaron para el olvido. Ese acto de guerra no construyó un discurso de paz, que era lo que se pretendía en ese momento.

Por el contrario, un mes después de la operación, los marquetalianos declaran algo absolutamente nuevo para el país. En el Documento Agrario del 20 de julio dicen que son el nervio de un movimiento revolucionario, hablan de que se les han cerrado todas las vías y enarbolan el programa agrario de un movimiento en armas. Resuelven, además, algo que fue definitivo para la historia futura del país. Uno de los desprendimientos históricos más importantes en la historia de la guerrilla.

Las autodefensas de Marquetalia se vuelven un grupo móvil y deciden que en adelante la guerrilla no puede estar al lado de la población civil. Hasta ese momento la guerrilla liberal y la guerrilla comunista habían estado muy involucradas dentro de la población civil porque habían surgido como una necesidad de defensa de la vida y los bienes del núcleo campesino. Los combatientes de Marquetalia dejan de ser un núcleo autodefensivo y comienzan a tener una nueva concepción de tipo territorial. Con la ‘Operación Marquetalia‘ la clase dirigente de este país crea el movimiento armado colombiano, crea las Farc".

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