Domingo, 22 de enero de 2017

| 2010/04/24 00:00

Más que azúcar

Manuelita se transformó en un grupo agroindustrial, con presencia en nuevos mercados. Diversificación e internacionalización fueron las estrategias.

Manuelita tiene inversiones en Perú, Brasil y Chile. En la última década el ingenio se convirtió en un grupo agroindustrial. Aunque la base del negocio es el azúcar aprovechó la coyuntura para diversificarse y asegurar su futuro.

Manuelita para los colombianos es sinónimo de azúcar. Todavía muchos recuerdan al padre Rafael García Herreros, quien introducía su reflexión diaria en El Minuto de Dios -el programa televisivo que aún hoy sigue al aire-, afirmando: "Este espacio es patrocinado por Azúcar Manuelita, que refina el mejor azúcar del país". Esa frase caló en la memoria de la mayoría de televidentes y sirvió para reforzar una idea: Manuelita produce azúcar.

Sin embargo, en la última década las cosas cambiaron. Y Manuelita ya no es solo azúcar. La empresa amplió su portafolio más allá del producto que le dio vida. Harold Eder, el empresario vallecaucano y presidente del Grupo Manuelita, señala que la compañía se convirtió en los últimos años en una agroindustria, con una oferta amplia y variada de productos. Hoy produce aceite de palma, uvas de mesa, espárragos, mejillones, camarones, etanol y biodiésel. Y tiene presencia en cuatro países.

A finales del siglo XX se dieron las primeras movidas con la adquisición del ingenio Laredo en Perú. Aunque era también azúcar, les sirvió de experiencia para las decisiones que tuvieron que adoptar luego. En ese mismo país, pero ya en el presente siglo, crearon otra área de producción. Se trata del negocio Agroexportaciones Manuelita, donde se producen espárragos y uva de mesa para vender en los mercados internacionales.

En Chile el grupo cuenta con el proyecto de Puerto Montt, para la producción de mejillones, un alimento que se comercializa en Estados Unidos y Europa.

En Brasil, construyeron una planta de producción de alcohol carburante junto con inversionistas brasileños y guatemaltecos, en el estado de São Paulo cerca del río Paraná en Suzanápolis. Se trata de un ingenio que muele 1,8 millones de toneladas de caña al año para la producción de alcohol; la meta es aumentar la producción a 2,6 millones, para también producir azúcar.

Para Eder la estrategia ha sido exitosa y por eso el conglomerado debe vigorizar y fortalecer ese proceso. "El primer punto es consolidar nuestra diversificación en agroindustria haciendo énfasis en alimentos y energías renovables", explicó.

Ahora bien, si se trataba de planear el futuro había que estar también en el negocio del futuro. Por eso apostaron a los biocombustibles. El negocio se ha convertido en un tema clave con un inmenso potencial. Según Eder, el proceso es tan prometedor que ya Brasil logró que su etanol de caña sea calificado por la Agencia de Protección del Medio Ambiente en Estados Unidos (EPA), como biocombustible avanzado, lo que les abre más mercados en todo el mundo.

Actualmente Manuelita percibe el 20 por ciento de sus ingresos del exterior. Este balance va a ser muy diferente, cuando los negocios que tiene el conglomerado en Chile, Brasil y Perú estén en plena marcha.

Obviamente el azúcar seguirá siendo la estrella de su portafolio, pero ya se ha abierto una puerta muy interesante que le va a ofrecer resultados positivos en los próximos años al conglomerado vallecaucano.

Eder no deja pasar por alto el esfuerzo hecho para mejorar la gestión del recurso humano. "Es una estrategia necesaria, pues la internacionalización y la diversificación no serían sólidas si las políticas de selección y retención de personal no se definieran con estándares mundiales", explicó.

Manuelita es otro ejemplo de una compañía que decidió incursionar en nuevos mercados, para garantizarse su futuro y por ello pasó del azúcar a mucho más.

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