Miércoles, 7 de diciembre de 2016

| 1993/12/20 00:00

"Mi marido no fue"

Después de 30 años, la esposa de Oswald habla de su marido y da su versión del asesinato de Kennedy.

"Mi marido no fue"

MARINA OSWALD TIENE 52 años. Cuando su marido fue acusado del asesinato del presidente Kennedy, llevaban sólo dos años de casados. En ese momento no dudo de su culpabilidad. Pero con los años se convenció de que su marido era inocente. No dijo nada, porque después de muchos problemas logro rehacer su vida al lado de un texano llamado Ken Porter. Al cumplirse 30 años del acontecimiento decidió contar su verdad y concedió una larga entrevista, que apareció publicada en el último número de la revista "Hola", de España. SEMANA reproduce los principales apartes.
Cuando conoció a Lee Oswald, en Minsk, en 1961, ¿qué sabía de él y de sus convicciones políticas?
Por aquella epoca yo tenía 19 años y era farmacóloga. Lee acababa de celebrar su 22 cumpleaños y ya me había contado que había abandonado a Estados Unidos por razones políticas. Pero aunque se había convertido al marxismo nunca había recogido su tarjeta del Partido Comunista. Acababa de obtener un visado definitivo en la Union Soviética, donde quería instalarse. Siempre mantuvo muy en secreto su vida en América, como queriendo romper con el pasado.
¿Hablaba él ruso cuando llegó a la Unión Soviética? Hablaba muy poco el ruso y con un fuerte acento. Cuando le pregunté como había aprendido nuestro idioma me contestó que por él mismo, pero mucho mas tarde, después de 1963, supe que durante su época en el Ejercito había tomado clases de ruso.
Un año después de su boda ustedes regresan a Estados Unidos. ¿No le sorprendió que un desertor del Ejerctio estadounidense pudiera volver con tanta facilidad a su patria? Cuando me anunció su intención de regresar a Estados Unidos, pensé que era una broma, ya que entonces estaba considerado como un traidor y, por lo tanto, sería perseguido por la justicia Pero nuestro regreso no fue sencillo;iniciamos las gestiones ante la embajada de Estados Unidos en 1961 y hasta junio de 1962 no pudimos llegar a Nueva York. A su regreso fue abordado por un agente del FBI y durante su entrevista Lee juró que nunca había tenido contactos con la KGB.
Poco antes del asesinato de Kennedy su marido visitó a México. ¿Es cierto que tenía la intención de ir a Cuba? El inicio de nuestra vida en Estados Unidos fue muy decepcionante. Nuestra situación financiera era muy precaria y Lee solo encontraba pequeños trabajos que apenas bastaban para mantener nuestra familia. Yo estaba embarazada de nuestro segundo hijo teníamos que enfrentarnos a mucha gente que nos miraba consospecha. Entonces, en septiembre de 1963 Lee se fue a México enun viaje en autobus de seis días. Fue en busca de un visado ante el consulado cubano con la esperanza de encontrar allí un trabajo mejor y una vida respetable en la patria de Castro, al que admiraba. Las autoridades cubanas le negaron el visado; entonces fue a la embajada rusa para obtener la autorización de emigrar, pero fue en vano. Sé muy bien que ese viaje a México es un dato importante en las pruebas en sucontra y que se sospecha que fue a preparar su huida o bien a recoger las instrucciones ante las embajadas extranjeras. Pero todo eso es falso.
¿La mantenía a usted informada de sus proyectos? Nunca me hablaba de ellos. Aspiraba simplemente a tener una vida tranquila con sus hijos. Siempre fue un hombre muy reservado y solitario. El tomaba todas las decisiones sin contar jamás conmigo.
¿A su regreso de México, su empleo del tiempo le pareció a normalmente cargado o diferente de sus ocupaciones habituales? Absolutamente no. Estaba solamente muy decepcionado por no haber logrado el visado de inmigración para Cuba o la Unión Soviética, por lo que se puso a buscar trabajo en Dallas. Yo fui a instalarme en Irving, a una decena de kilómetros mientras el ocupaba una habitación en Dallas. Fue mi casera, Ruth Paine, quien le encontró en octubre ese empleo en el mantenimiento del Texas School Book Depository, el edificio donde se desarrolló toda la tragedia.
¿Pero uno días antes del asesinato no le parecio más preocupado de lo habitual?
Es cierto que me sorprendió que viniera a vernos a Irving la vispera del asesinato, el jueves 21 de noviembre. De costumbre nos visitaba en fin de semana, pero pense que deseaba ver a nuestra segunda hija, Rachel, que sólo tenía unas semanas. Más tarde eso aumentó mis dudas y mis sospechas, cuando la comisión Warren me transmitió todas las "pruebas" que tenían en su contra. Yo misma durante años creí que Lee era culpable: no podía pensar que la justicia de Estados Unidos y su Gobierno podían mentirme.
¿Dónde estaba y cómo supo del asesinato del Presidente? El 22 de noviembre por la mañana me encontraba en Irving. La televisión retransmitía la llegada del Presidente a Dallas, un acontecimiento para Texas. Yo por aquella época hablaba muy mal el inglés. La programación fue interrumpida y entonces supe que algo terrible había sucedido. Ruth Paine, en casa de la cual vivía, me anunció que acababan de dispararle al presidente Kennedy. Yo misma estaba tan consternada y asustada que subí a mi habitación y me puse a rezar para que no muriese.
¿Qué sintió usted al saber la acusación inmediata que pesaba sobre su marido?
En un momento el mundo entero cayó sobre mi; entonces hubiese querido morir, porque me sentía maldita.
¿Pudo usted verlo durante su arresto?
Solo le vi una vez antes de su muerte. Nuestro encuentro tuvo lugar en presencia de la policía y solo duró unos minutos. Me dijo que no me preocupara, que todo se arreglaría, que era un error judicial y que le soltarían muy pronto. No parecía preocupado, no tenía la actitud de un asesino y me pidió que me ocupara muy bien de las niñas durante su ausencia. El domingo 24 de noviembre tenía que volver a verlo. En el coche que me llevaba al centro de atención de Dallas, donde iba acompañada de un agente secreto, escuchamos por la radio que un hombre había disparado contra mi marido. Entonces un hombre se acercó y antes de que me dijeran nada ya sabía que Lee estaba muerto.
Cuando su marido fue asesinado por Jack Ruby, en la emoción del momento, ¿a quién atribuyó usted la responsabilidad de este crimen?
Jamás sentí odio por Jack Ruby. Cuando testifiqué ante la comisión Warren pedí a los jueces que no le condenaran a muerte y que yo le perdonaba su acción. Para mi, ese hombre amaba profundamente al Presidente. El asesinato de Kennedy había provocado tal golpe en la opinión, tal emoción, tal odio hacía Lee, que podía comprender la reacción de Ruby. Hoy, sin embargo, no concibo que el dolor de perder a un ser lleve a quien sea a cometer un acto irreparable.
¿Habían hablado su marido y usted de John Kennedy en alguna ocasion? ¿Qué pensaba él del Presidente?
Siempre había admirado al presidente Kennedey por los elogios de Lee hacia él. Constantemente hablaba bien de el porque quería poner fín a la Guerra Fría, por intentar un acercamiento con la Unión Soviética y por considerar la normalización de las relaciones diplomáticas con Cuba. Con estas opiniones, ¿que motivos podían haber llevado a querer eliminarle? Por esta ra zón, poco a poco empece a tener dudas sobre la culpabilidad de mi marido. Estos hechos me han obsesionado durante años, en que he estado preguntándome por que Lee mataría a un hombre al que alababa. Desde ese momento he querido saber la verdad. En la comisión Warren declaré que si mi marido hubiera querido matar a alguien no podía ser a Kennedy. A lo mejor al gobernador de Texas, Johnn Conally, que se encontraba delante del Presidente en el descapotable y que fue herido durante el atentado. Hablé de Conally porque ese nombre me era familiar. Al regresar de México, Lee le había escrito para obtener su apoyo para poder retornar a Rusia. Su carta nunca tuvo respuesta; en consecuencia, Conally es el único lazo que pude ver entre mi marido y el asesinato del 22 de noviembre.
¿Qué piensa usted de las diferentes hipótesis del complot que se han barajado?
En 1963 y durante varios años, ninguna duda fue posible: para América entera y para mi, Lee era culpable. Pero al final de los años 60 numerosas voces empezaron a alzarse contra las teorías inverosímiles de una investigación oficial particularmente fallida.
Muy pronto se descubrió que el peor enemigo de Warren era el propio informe Warren, ya que algunos testimonios y hechos fueron voluntariamente apartados. Hoy estoy convencida, como el 80 por ciento de los estadounidenses, de que existió una conspiración y de que Lee no estaba implicado.
En la hipótesis de que existiera complot, ¿cómo explica que Lee Oswald fuera acusado? Hay numerosas pruebas que lo sindican. Por ejemplo, su fusil, que fue encontrado en el lugar del crimen...
Como lo demuestran algunos archivos, el papel que le fue asignado por el presidente Jonhson a la comisión Warren era probar la culpabilidad de Oswald como único asesino. De este modo, ¿que tipo de investigación, sino una parodia de justicia, puede realizarse? Lee, a mi modo de ver, fue hábilmente utilizado. Todas las investigaciones han logrado demostrar que había sido seleccionado por los servicios de inteligencia para un puesto poco importante. La comisión Warren nunca pudo en contrar pruebas contra él; solo presunciones. ¿En cuanto al fúsil encontrado en el sexto piso del almacén de libros que habría servido para eliminar al Presidente? Si Lee lo llevó allí, nunca se pudo demostrar que lo utilizara. Todo, lo contrario. El "test de la parafina" que le hicieron a mi marido dió negativo; por lo tanto, no había utilizado ningún arma de fuego.
Sin embargo, usted tomó aquellas famosas fotografías de Oswald con un fusil que sirvieron de prueba contra él...
En efecto, tomé tres fotos de el con ese fusil. Me pareció ridículo y le pregunte para qué lo quería y me contestó: "Es para los niños un recuerdo de su padre". Si hubiera tenido la intención de asesinar al Presidente, ¿habría sido tan inconscien te para fotografiarse junto al arma? Ahora lo comprendo todo: se trataba de un acuerdo con los servicios de inteligencia del que se sirvieron después para probar su culpabilidad: "Es el fusil que ha matado al Presiente; por lo tanto, este hombre es culpaable".
¿Ha visto usted el filme "JFK", de OliverStone?
Si, dos veces, y tengo que decir que aplaudo a Oliver Stone aunque solo sea por su valentía. Tiene el merito de haber dicho, claramente y a millones de personas, que el misterio del asesinato de Kennedy nunca había sido resuelto. a pesar del informe Warren... O por culpa de él. Es el primero que ha mostrado todos los mecanismos de la conspiración.
El pasado mes de agosto, los archivos nacionales estadounidenses dejaron libre acceso a numerosos documentos, sobre todo los de la CIA. ¿Qué espera usted de ello? Ya no espero nada de nadie. Sería un milagro que aparecieran nuevas pruebas 30 años después. Si la CIA acepta hoy abrir sus archivos al publico, como puede usted imaginarse, ha hecho desaparecer previamente determinados documentos. Lo que se es que hay pruebas suficientes para exculpar a Lee hoy en día; se sabe que algunas balas fueron disparadas de frente al Presidente, y que había al menos dos asesinos, lo que indica que la acción no fue aislada y que hubo un complot.
Ahora, con la perspectiva que le otorga el paso del tiempo, ¿cómo definiría usted a su marido ?
Lo mismo que le maldecía en aquel entonces cuando creía en su culpabilidad, ahora me indigna pensar que lo utilizaron como chivo expiatorio. Pero es cierto que las investigaciones que hubo me hicieron descubrir algunos episodios de su vida de los que nunca me había hablado. Solo tuvimos dos años de vida en común, yo era muy joven y muy ingenua, no sabía nada de su pasado militar, que había sido un marine, que estuvo destinado en la base secreta de Atsugy, en Japón, donde se llevaba el programa U2. No cuente conmigo para decir que Lee era un ángel o un ser excepcional. Aunque adoraba a sus hijos y los cubría de regalos, era un hombre de difícil convivencia, colérico y que a veces me pegaba. Lo que pido es su rehablitación.
¿Visita usted alguna vez su tumba'
Solo he estado una vez, el día del entierro. Hay cosas que no quiero volver a vivir. Nuca iré al centro de Dallas, al lugar del asesinato. Hay allí demasiada gente y me da miedo que alguien me reconozca y su reacción.

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