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| 12/2/2006 12:00:00 AM

Mirando hacia el futuro

En la última década la capital sufrió una radical transformación física que mejoró la calidad de vida de sus habitantes. Ahora Bogotá debe dar el salto definitivo para consolidarse como una ciudad más competitiva y sostenible ambientalmente.

Cómo debe ser Bogotá en el futuro? Algunos piensan que debe ser una ciudad compacta con mayor y mejor espacio público y con modernos sistemas de transporte masivo que desestimulen el uso del carro particular. Por el contrario, otros se inclinan por un modelo de ciudad expandida que priorice nuevos proyectos de vivienda de baja densidad en los suburbios y la construcción de grandes autopistas de varios niveles.

Afortunadamente, las últimas cuatro administraciones han trabajado decididamente por llevar a Bogotá hacia un modelo de ciudad compacta y no fragmentada. Para concretar este propósito se dieron enormes pasos en pocos años, entre ellos la construcción de grandes obras como TransMilenio, el sistema de andenes y ciclorrutas, cientos de parques metropolitanos y barriales y colegios públicos en zonas marginales. La mayoría de estas obras ha beneficiado directamente a los habitantes más pobres que viven en la periferia de la ciudad.

Después de este primer paso trascendental, ahora la ciudad se enfrenta al reto de avanzar hacia un modelo de vida sostenible basado en cuatro componentes básicos: medio ambiente, vivienda, infraestructura y vialidad, recreación y educación y desmarginalización de barrios.

En el tema medioambiental la prioridad se concentrará en la recuperación de los corredores hídricos, principalmente los ríos Tunjuelito y Bogotá y los humedales de Jaboque y Juan Amarillo. Así mismo, los cerros orientales se blindarán frente a la expansión indiscriminada de la ciudad, con la construcción de un eje peatonal que circulará a lo largo de 45 kilómetros, el cual se constituirá en un borde urbano que protegerá el principal pulmón de la ciudad. También será decisiva la puesta en funcionamiento de los nuevos prototipos de plantas compactadoras y recicladoras de basuras que se construirán en diferentes puntos de la ciudad.

Dentro de este modelo de ciudad compacta es trascendental la recuperación del centro. La capital tiene extensos territorios ubicados en sitios estratégicos dotados con todos los servicios públicos, pero que paulatinamente han sido abandonados y se encuentran en la actualidad en un lamentable grado de deterioro. El Distrito, a través de la Empresa de Renovación Urbana, tiene la inmensa tarea de revitalizar y recuperar zonas estratégicas como San Victorino, la Plaza de España, Estación de la Sabana y Paloquemao, a través de la promoción de nuevos proyectos de vivienda de alta densidad. No tiene sentido pensar en extender la ciudad para habilitar nuevas tierras destinadas a vivienda -con los gastos que implica la compra de tierra nueva y la dotación de servicios e infraestructura- si en el centro de la ciudad existen cientos de hectáreas subutilizadas que podrían ser destinadas para este fin. La readecuación del antiguo Hotel Continental como vivienda y comercio es un claro ejemplo de lo que se puede hacer en esta zona de la ciudad.

Otro tema que preocupa a los habitantes de la capital es el lamentable estado de las vías y los largos trancones que se viven a diario. Recuperar las mallas viales principal y secundaria les costará a los capitalinos ocho billones de pesos aproximadamente, un esfuerzo ineludible que se debe combinar con la construcción de nuevas vías como la ampliación de la Avenida Circunvalar hacia el sur, la Autopista Longitudinal de Occidente, la Autopista Norte y la carrera Séptima. Este programa de ampliación y mejoramiento del sistema vial debe incluir la construcción de andenes amplios con ciclorrutas y vegetación que permitan la eficiente circulación de peatones y ciclistas.

En materia vial, las obras de mayor trascendencia serán las fases III y IV de TransMilenio. La primera contempla la entrada de los articulados por las carreras décima y séptima y la Avenida El Dorado. Los corredores de la séptima y la décima significarán la consolidación del sistema, ya que atravesará el corazón de la ciudad y hará que las personas de estratos altos de barrios como Chapinero Alto, Rosales, Cabrera y Los Nogales reemplacen su vehículo particular por el transporte masivo. La fase IV convertirá la Avenida Boyacá en una de las troncales más amplias y rápidas del sistema.

Como complemento del proyecto de la nueva Avenida El Dorado, se construirá la que será una de las obras de mayor impacto en la ciudad: el nuevo aeropuerto. Aunque su diseño arquitectónico se debió elegir en el marco de un concurso internacional de mayor envergadura, esta obra se convertirá en la nueva puerta de entrada de la ciudad. Así mismo, se prevé el reemplazo de la actual Terminal de Transportes por nuevos terminales ubicados en los extremos norte, sur y occidental de la ciudad.

Una ciudad más igualitaria no podría ser viable sin la construcción de espacios de recreación y cultura en los barrios marginales más aislados. La construcción y ala decuación de nuevos parques de diferentes escalas, bibliotecas públicas y colegios distritales de alta calidad técnica y arquitectónica significarán para millones de personas la única manera de romper el círculo vicioso que impide salir de la pobreza.

Otro de los retos más importantes que tiene por delante la capital es adelantar un minucioso programa de desmarginalización y legalización de barrios que permita establecer claramente los límites de la ciudad y evitar a toda costa la construcción de nuevos asentamientos ilegales. Pero nada de esto se puede lograr si no se asegura una amplia oferta de vivienda social digna y asequible para la comunidad más desfavorecida.

Bogotá definió un norte y ha trabajado decididamente en los últimos años en esa dirección. Las nuevas obras que se construirán en el mediano y el corto plazos definirán el futuro de la ciudad, pero también se debe planificar desde ya la construcción de obras que hoy se pueden ver lejanas. La puesta en marcha de un Tren de Cercanías que conecte los portales de TransMilenio ubicados en la periferia de la capital con los principales municipios de la sabana y un sistema de corredores ambientales con ciclorrutas y parques que atraviese la ciudad desde los cerros orientales hasta la avenida longitudinal de occidente son algunos de los megaproyectos que marcarán el rumbo de la ciudad.

En conclusión, son muchas las obras que se tienen por construir. Lo importante es que los bogotanos saben cómo debe ser su ciudad en el futuro. Y eso, en gran medida, se ha dado gracias a la madurez política de sus últimos dirigentes, quienes han comprendido que más allá de sus rivalidades políticas y sus diferentes concepciones de ciudad, se encuentra el compromiso de construir una ciudad más digna y democrática para sus habitantes.
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