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| 11/9/1992 12:00:00 AM

MODA Y ACCESORIOS

Contra reloj
DESDE QUE LA MANECILLA marcó por primera vez la hora, el reloj no ha dejado de funcionar en la historia de la humanidad. Pero este aparato, que le da espacio al tiempo se ha convertido en víctima de su propio invento. La verdad es que minuto a minuto, año tras año y siglo tras siglo el hombre no ha hecho más que aplicar las nuevas tecnologías y tendencias de la estética de su época al reloj.
La diversidad de diseños, técnicas y piezas del reloj han sido tantas a lo largo y ancho de la historia como relojeros han existido. Podría decirse que cada uno "horneaba el pan" a su manera.
Y aunque entre gustos no hay disgustos, lo cierto es que los primeros relojes portátiles se fabricaron a comienzos del siglo XVI. Con anterioridad a esta fecha únicamente se conocían los relojes fijos (de caja o pared). Más tarde, y a medida que se perfeccionaba la técnica, aparecieron los relojes de bolsillo y pulsera.
Todos los relojes tenían una serie de elementos principales que se mantienen en líneas generales en la actualidad: un mecanismo motor que proporciona la energía necesaria para su funcionamiento; un sistema regulador constituido generalmente por un péndulo o un volante, y un mecanismo intermedio el escape que sirve de enlace entre el motor y el regulador y determina el movimiento de los engranajes.
Este sistema básico dio origen a novedosos inventos que se realizaron posteriormente. Por ejemplo, en el siglo XIX un ciudadano europeo de apellido Broquet ideó el "remontoir", un dispositivo para dar cuerda dirigido por una especie de tornillo. El "remontoir", servía, además, para girar las manecillas del reloj y fijar la hora. Desde entonces muchos relojes de bolsillo y de pulsera tienen este dispositivo.

Eslabones en punto
Con la llegada del siglo XX se inicia la aparición sucesiva de innovaciones en materia de relojería. Uno de los principales eslabones de la cadena nació durante las dos guerras mundiales. Se trataba de un nuevo tipo de reloj pulsera: el automático. Con este nuevo descubrimiento funcionaron diversas clases de relojes, como el de sonería (da las horas por percusión de una campana), de música, el calendario, el astronómico y el despertador.
Pero no sólo el dispositivo automótico se convirtió en uno de los más significativos inventos. La verdad es que el reloj eléctrico, que puede o no ser automático, se convirtió en toda una revolución. Este tipo de reloj consta de un electroimán alimentado por una pila que pone en marcha el motor. El primer reloj eléctrico fue construido por Alexandre Bain en 1840.
Pero el descubrimiento que definitivamente transformó la relojería en el mundo fueron los relojes de cuarzo que pueden ser piezoeléctricos. Esto significa que por efectos de tensiones mecánicas se producen cargas eléctricas en su superficie, la cual está previamente tallada. Este reloj se caracteriza por su gran precisión y durabilidad.
Con los avances científicos de la posguerra, el reloj atómico no podía faltar. Un aparato en el que la precisión obtenida en la medida del tiempo depende de la estabilidad con que se determina la frecuencia y del oscilador del péndulo o el de cuarzo.

Para la eternidad
La búsqueda de un reloj totalmente durable e irrayable no se logró sino hasta 1962 cuando la compañía Rado fabricó el primer reloj irrayable del mundo. Rado introdujo a la elaboración de relojes dos elementos importantes: la tecnología de metales duros y el uso del zafiro. Desde entonces y como parte integral del diseño se usan los cristales de zafiro, de compleja elaboración por etapas.
Todo comenzó cuando los investigadores de la empresa se dedicaron a aplicar carburo de tungsteno y carburo de titanio en los relojes. El tungsteno y el titanio combinados con el carbón dan un polvo gris negruzco que puede transformarse casi en una sustancia tan dura y resistente como el diamante.
Para lograrlo se necesita un proceso muy complejo. Primero hay que comprimir el polvo y darle una primera forma bruta, antes de moldearlo en estado blando, como caja o elemento de pulsera de reloj.
Después de una serie de procedimientos a una temperatura de 1.450 grados centígrados, se llega al superpulido con polvo de diamante. El resultado es una caja de reloj que llega a los ocho puntos en la escala de Mohs (ver recuadro), lo que le brinda una belleza resplandeciente y duradera que sólo puede alterar algo de la misma sustancia o de zafiro o de diamante, cuya dureza respectiva es de nueve y 10 puntos.
Pero el avance no se detuvo allí. No hace mucho se aplicó al carburo de tungsteno una técnica revolucionaria: la High Pressure Powder Injection, que brinda las posibilidades de moldeado reservadas hasta entonces a la inyección de materiales sintéticos. Esta técnica relativamente poco costosa se usó para el primer reloj de la colección DiaStar de Rado, modelo original ovalado.

La cerámica de alta tecnología
El último grito de la tecnología en relojería es la cerámica high-tech (alta tecnología). Se le denomina cerámica técnica, cerámica de ingenieros o cerámica fina y se distingue por sus propiedades realmente extraordinarias: es ligera, altamente resistente al desgaste, irrayable, dura, es resistente a los ácidos, los alcalinos y a temperaturas extremas.
Pero sus aplicaciones no son menos sorprendentes. La cerámica de alta tecnología sirve para blindar chalecos antibalas y coches, para el revestimiento interior de los catalizadores de automóviles, para prótesis dentales y quirúrgicas, para herramientas aplicables al acero y a otras materias duras, para motores de coches, esquíes, pulverizadores, juntas y partes de turbinas de aviones, el escudo térmico del transbordador espacial, partes eléctricas de distribución y superconducción, entre otros.
A comienzos de los años 80 la compañía Rado recurre a este material para revestir relojes de vanguardia. Los científicos y expertos de la compañía están convencidos tanto de lo ligero, irrayable y perdurable de la circona, como de su belleza natural, brillo intenso, maleabilidad y compatibilidad con la piel humana.
La cerámica fina, que es utilizada para los relojes por la compañía, se compone de óxidos pulverizados de circona e itrio, mezcla cuyos granos miden menos de 15000 de milímetro.
Esta cerámica se comprime en una matriz o se inyecta con el procedimiento High Pressure Power Injection (Inyección de Polvo a Alta presión) y se calienta hasta unos 1.600 grados centígrados.
Al sintetizarse, el polvo da una combinación nueva, solidificándose en fragmentos de porosidad mínima, lo que garantiza alta resistencia a rupturas y tensiones. Por último, el brillo sedoso de la cerámica se consigue puliéndola con polvo de diamante.
Para transformar la cerámica cruda en la de alta tecnología se necesitan importantes conocimientos científicos y una gran preparación técnica. Desde la elaboración en altos hornos hasta la terminación de las distintas piezas de cerámica hay que recorrer un largo camino. Debido a la dureza de la cerámica, sólo pueden utilizarse herramientas con diamante. Cada pieza del material debe ser tratada, cortada, taladrada y pulida individualmente. Sólo una vez terminado este proceso los componentes de cerámica pueden ser utilizados en la construcción de un reloj.
La casa Rado es la primera y hasta el momento la única en trabajar con la cerámica de alta tecnología. Su innovador reloj de cerámica de alta tecnología es el modelo La Coupole Céramique que se caracteriza por la irrayabilidad de la cerámica de alta tecnología, la elegancia y la comodidad del diseño cuidadosamente creado.
La pieza principal del modelo La Coupole Céramique es un vidrio de zafiro bombeado en los dos sentidos, el cual como una cúpula plana cubre en su totalidad la superficie del reloj.
Pero lo que es realmente original es que el vidrio irrayable de zafiro está directamente unido a la parte inferior de la caja del reloj, conformando una unidad sellada impermeable. Innovación que permitió a los fabricantes obtener un buen resultado estético sin necesidad de tener las piezas comunes en otros relojes para la fijación de las pulseras.
El principio que guió la elaboración del reloj fue la armonía del conjunto. El reloj y la pulsera son una unidad perfecta bajo el punto de vista de la forma y del color. Sobresalen sus líneas esbeltas y el pasaje continuo del reloj a la pulsera, hecho que hace del modelo la pieza práctica que es en sí una elegante joya, simultáneamente.
Con esta nueva pieza, que introduce la cerámica de alta tecnología a la elaboración de los relojes, se cumple una avanzada etapa que hace parte de esa cadena que se inició en el siglo XVII para atrapar el tiempo entre las manecillas del reloj.
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