Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 1992/12/21 00:00

MODA EN LA CONSTRUCCION

MODA EN LA CONSTRUCCION

Arquitectura:
Encuentro de dos mundos
ESTA SEMANA SERA LANZADO EL ULTIMO trabajo editorial de los arquitectos Lorenzo Fonseca Martínez y Alberto Saldarriaga Roa, reconocidos de tiempo atras por sus complejas investigaciones sobre la historia y la evolución del urbanismo en Colombia.
Se trata de "Arquitectura popular en Colombia, herencias y tradiciones" publicado por Altamira Ediciones.
El trabajo recrea las tradiciones urbanísticas con base en la herencia prehispánica, africana, hispánica, republicana, y en las múltiples herencias del Caribe.
A continuación SEMANA reproduce el capítulo "Modernización, religión y estética" por considerarlo de interés para los lectores.
La modernización y las nuevas tradiciones populares.
La modernización más o menos profunda de la vida colombiana se inició hacia 1920 y se expandió después de 1950.
Las primeras edificaciones modernas hechas en Colombia se presentaron precisamente entre 1920 y 1930 y fueron consideradas como ejemplos representativos del nuevo espíritu de progreso técnico presente en el país. La profesionalización de la arquitectura y de la planeación urbana iniciada al tiempo con la modernización se vio consolidada después de 1936, con las reformas políticas y económicas del gobierno de Alfonso López Pumarejo. Con ello la infuencia de los profesionales se extendió considerablemente y con ella se inició una fuerte batalla contra el pasado que, además de atacar la arquitectura histórica, especialmente la del período republicano, la emprendió vehementemente contra la arquitectura popular tradicional, vista entonces como una manifestación del atraso del país, como la antítesis del progreso.
La mano de obra con que se trabajaron las edificaciones realizadas en los albores de la modernización fue provista por los mismos albañiles y artesanos que manejaban hábilmente las técnicas tradicionales. Estos obreros de la construcción fueron los encargados de aprender las nuevas técnicas constructivas de observar, las nuevas formas arquitectónicas y de transmitir a la arquitectura popular, hasta entonces tradicional, las transformaciones traídas por la modernización. La urbanización gradual del país,el crecimiento de la clase obrera, la formación de grupos populares urbanos más amplios, todo ello concluyó en la orientación de la arquitectura popular urbana hacía la modernización, la que se dio de diversas maneras: cambios parciales o totales en los tipos de edificaciones, en sus formas, en sus técnicas y en sus elementos distintivos. La sustitución ha sido la manera más extendida mediante la cual la modernización se ha extendido en la arquitectura popular colombiana: la teja de zinc o de asbesto cemento sustituye los materiales tradicionales de cubierta, el muro de ladrillo y el bloque de cemento sustituye el bahareque o el adobe, el metal sustituye la madera en puertas, ventanas y estructuras, nuevos tipos de edificaciones sustituyen los anteriores. Después de 1950 y en parte como consecuencia de la avalancha migratoria de campesinos, en las ciudades mayores se transformaron completamente los tipos de vivienda popular y se inició el desarrollo de nuevas formas de arquitectura antes desconocidas, en especial la vivienda de "desarrollo Progresivo". Los luaares para habitar en las ciudades se limitaron cada vez más, los barrios se convirtieron en barriadas. De este proceso surgen las "nuevas tradiciones" de la cultura popular urbana colombiana. La Paradójica combinación de nuevo y tradicional se refiere a que, a pesar de trabajarse con tipos, formas, materiales y elementos distintivos de los tradicionales, la arquitectura popular se produce y reproduce y a la manera de las tradiciones, como un repertorio colectivo en el que se encuentran las respuestas a las necesidades de habitación y de espacio urbano de las comunidades que lo demandan.
En el medio rural colombiano el proceso de modernización se ha desarrollado a un ritmo más lento. En algunas regiones lo moderno no sustituye satisfactoriamente a lo tradicional y esto resulta más accesible, mas barato o más simple de ejecutar. En otras regiones por cercanía a los centros urbanos, facilidad de transporte o pérdida de valores culturales, la arquitectura rural se ha modernizado, influida por modelos urbanos o por modelos propios del mismo contexto rural: galpones, bodegas o gallineros.
La labor de entidades de ayuda al campesino ha sido importante en esta transformación, al imponer como requisitos para créditos de vivienda la conversión de lo tradicional a lo moderno y al usar, como ejemplos demostrativos, modelos diseñados en la ciudad por profesionales desconocedores del universo de las tradicionales locales o regionales .
La modernización de la arquitectura popular no puede leerse como una pérdida. Lo moderno entra a sustituir lo tradicional en cuanto ofrece, a ojos del usuario, mayores ventajas y éstas son tanto materiales como simbólicas. La condición de fácil deterioro de ciertos materiales tradicionales como el bahareque, las hojas, las fibras o el adobe, desanima al usuario a seguirlos empleando en sus viviendas. La pérdida del conocimiento de la fabricación artesanal de otros materiales erradica su uso en algunas regiones. El ejemplo demostrativo de la ciudad se presenta como un mejor modo de vivir, aun cuando no siempre lo sea. Lo moderno en la imagen popular se representa como aspiración y como oferta de mayoría. No hay demostración concreta suficiente de las virtudes y ventajas de las tradiciones de la vida cotidiana. La ideología del progreso que orienta la economía, la política y la cultura del país tiende a desvirtuar toda posibilidad de permanencia y de validación de las tradiciones.
Con la modernización de la arquitectura popular se ha acelerado el proceso de desaparición de la arquitectura tradicional. Los modelos urbanos se han difundido por todo el ámbito nacional y las viviendas tradicionales se someten a hora a la comparación con las nuevas, mostrándose éstas como ejemplos de una mejor condición habitacional. La supervivencia de tradiciones en las áreas urbanas y rurales de algunas regiones se apoya fundamentalmente en condiciones de aislamiento y de escasez de recursos, además del valor que todavía representan como respuesta inmediata, económica y directa a las necesidades que usualmente han sido resueltas con los tipos, formas, técnicas y elementos distintivos tradicionales. La hibridación entre tradición y modernización es, sin embargo, una situación mucho más frecuente y asume las diferentes modalidades de sustitución ya enunciadas: el empleo de elementos modernos sobre estructuras tradicionales, puertas y ventanas metálicas incrustadas en muros de adobe o bahareque, cubiertas en zinc o en asbesto cemento que reemplazan las cubiertas tradicionales en palma, paja o teja, etc. La modalidad menos frecuente es la construcción de nuevas viviendas con los tipos y formas tradicionales, pero con el ejemplo de nuevos materiales y técnicas constructivas.
En la nueva arquitectura popular colombiana se encuentran claramente identificables las influencias de la vivienda hecha por las entidades del Estado y de la vivienda comercial, lo mismo que se perciben los efectos de las normas de planeación en la reducción de los predios y en el uso forzoso de la construcción en dos o tres pisos para obtener el espacio necesario para habitar. Estas influencias y efectos se originan en las ciudades mayores y luego se difunden en los ámbitos regionales, sustituyendo las antiguas tradiciones por modelos que no necesariamente significan ningún aporte al bienestar de las comunidades. Los avances de la tecnología apropiada, que por definición deberían estar al alcance de las comunidades y personas para su aplicación, son todavía restringidos y de poca difusión en Colombia. Sin embargo, es a través de esos medios como los valores rescatables de la tradición pueden seguir operando en bien de la calidad del espacio habitable popular.
La arquitectura popular religiosa
La catequización de la población nativa durante los tres siglos de dominación de la corona española dejó instalada en Colombia una religión dominante, la católica, que fue posteriormente consagrada en la Constitución de 1886 como la religión única y oficial del país y como tal perduró hasta la reforma constitucional de 1991, cuando se abrió paso al reconocimiento de la diversidad de creencias que conviven en el territorio.
Desde la llegada de los españoles, la arquitectura religiosa oficial fue la iglesia. Durante los tres siglos de la colonia se construyó un sinnúmero de edificaciones para el culto, algunas de las cuales han sobrevivido y hoy hacen parte del patrimonio histórico nacional. La llegada de la República y las pugnas entre las tendencias secularizadoras y las religiosas, no crearon espacios amplios para la construcción de grandes obras y encambio,favorecieron la transformación de estructuras coloniales con ropajes a tono con los nuevos gustos y simbologías del siglo XIX. Fue a finales del mismo siglo cuando se erigieron nuevas construcciones religiosas de importancia y se inició un auge temporal de construcción de nuevas iglesias y de transformación de las existentes en todo el país, especialmente en los centros urbanos más pujantes.
La oficialidad de la religión católica ha dado a la edificación de la iglesia un papel simbólico muy especial en la cultura popular. En la Colonia la imagen de la Iglesia era símbolo de fe, el dominio de la verdad del catolicismo sobre las mentiras de las religiones nativas y de los ritos mágicos de los africanos. A partir del siglo XIX, los agentes del culto: el clero y las jerarquías eclesiásticas intentaron, mediante la imagen de la construcción religiosa, infundir en las poblaciones el respeto hacía la dignidad de la institución y mostrar en sus formas la prestancia y en ocasiones la riqueza de la Iglesia. Con esta misión en mente se cometieron atropellos en el patrimonio heredado de la Colonia y al mismo tiempo se establecieron nuevos parametros para la construcción del templo: una gran edificación en sitio prominente de la plaza principal del pueblo o de la ciudad, con dos torres elevadas, cúpula en el crucero y una profusa decoración en el interior, dibujada o pintada en ocasiones con materiales humildes, simulando materiales nobles. La edificación de iglesias se convirtió en un capítulo especial de la arquitectura colombiana. Los arquitectos erigieron las grandes obras, los maestros de obra construyeron las de los pueblos, ayudados a veces por la imaginación no siempre afortunada del cura párroco.
Fueron muy pocas las iglesias construidas desde el siglo XIX que contaron con planos firmados por un arquitecto profesional, personaje prácticamente inexistente hasta bien entrado el siglo XX. Sacerdotes con formación en dibujo, ingeniería o arquitectura y maestros constructores habilidosos produjeron una buena parte de esas construcciones, eclécticas en sus fachadas y en ocasiones encantadoramente ingenuas en la apropiación de los modelos estilísticos del pasado: el neoclásico, el neorrománico, el neogótico y sus variaciones. En localidades pobres o alejadas, esa arquitectura religiosa se ha realizado dentro de una sencillez extrema y en ella han invertido más de cerca los habitantes con sus patrones culturales. A falta de recursos para erigir templos de gran tamaño se han construido infinidad de pequeñas iglesias tipo "galpón" cuyas fachadas reciben toda Ia atención posible, a manera de las caras públicas de la fe.
El recorrido por las diversas regiones culturales del país permite encontrar esas iglesias diversas, desde aquellas con pretensiones de catedral hasta las más humildes, como hitos en el paisaje rural y en el paisaje urbano, con el anonimato de sus constructores y con el sabor que otorga en cada caso el deseo de resaltar quizá no tanto la fe del pueblo como sus aspiraciones estéticas y la ilusión de un "paraíso" más allá de la precariedad de sus existencias.

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