Martes, 17 de enero de 2017

| 2004/08/15 00:00

Mucha tela

Aunque las exportaciones del sector han crecido, el país aún no ha aprovechado al máximo las ventajas arancelarias que tiene para poner sus productos en Estados Unidos y Europa.

La calidad de las telas producidas en el pais ha sido fundamental para el crecimiento de la industria textil.

Desde el año pasado las textileras y las empresas de confecciones han tenido un gran desempeño. De años difícil y de estar cerca de la quiebra, Fabricato-Tejicondor y Coltejer lograron salir adelante y van este año en vía de consolidación. Un crecimiento muy importante también se ha visto en las confecciones.

Para nadie es un secreto que este renacer está jalonado por los tratados de comercio firmados por Colombia con Europa, y en especial con Estados Unidos a través del Atpdea y que le han dado un acceso privilegiado a los mercados más importantes del mundo, pero aún hay mucha tela para cortar en el gigantesco mundo de las confecciones.

Las exportaciones a Estados Unidos pasaron de 346 millones de dólares a 515 millones de dólares entre 2002 y 2003, y se espera que este año crezcan otro 12 por ciento. En este crecimiento Colombiamoda, como punto de encuentro entre fabricantes y compradores, ha sido fundamental. Allí se dieron los primeros pasos o se consolidaron acuerdos para hacerle productos a Gap, Victoria´s Secret o Levis. Es importante saber que por cada 100 millones de dólares que aumente el país en exportaciones, se generan entre 10.000 y 15.000 empleos.

Para aprovechar los dos años largos que aún quedan de beneficios del Atpdea el país debe hacer ajustes y cambios en la cadena algodón-textil-confecciones. Uno de los temas fundamentales es definir el futuro del algodón. En días pasados se dio el primer paso cuando el gobierno, los productores y los textileros pudieron llegar a un acuerdo para garantizar la compra de la cosecha de este año y la del siguiente, algo que mejora el panorama, pero no lo suficiente si se miran las necesidades de la industria y negociaciones del Tratado de Libre Comercio (TLC) con Estados Unidos.

El viceministro de Agricultura, Andrés Felipe Arias, dice que el primer paso fue el acuerdo para garantizar la compra de las cosechas y la promesa del gobierno de mantener las ayudas y la garantía de compra de hasta 25.000 toneladas al año hasta 2009, cuando se espera que los algodoneros puedan competir en el mercado.

De las 55.000 toneladas que se producirán este año en Colombia la industria comprará unas 38.000 toneladas y las restantes se deberán exportar. Como el sector requiere unas 100.000 toneladas al año, esto significa que más de la mitad aún debe importarse.

Esto porque la calidad de la fibra que se produce en Colombia es de mejor calidad de la que requiere. Roque Ospina, director de Inexmoda, dice que se necesita "una decisión concertada entre el gobierno, los algodoneros y los productores, para que el campo produzca lo que la industria requiera, cambie las especificaciones o se decida mantener y crecer el cultivo, pero con vocación exportadora. De todas formas no podemos seguir haciendo hamburguesas con lomito de primera".

El otro factor importante para aprovechar los acuerdos es el de aumentar la capacidad de la producción de fibras, textiles y confecciones. Como lo advierten varios expertos, las textileras han hecho un esfuerzo por crecer y aprovechar las ventajas. Fabricato amplió su tren de índigo y ampliará otro, al igual que Coltejer, pero aún se necesita producir más para explotar las ventajas que hay en el mercado.

Según Ospina es importante que el país tenga una fábrica para tejer índigo, en el que hay un vacío grande y en la que se puede usar el algodón que se produce en Colombia. El proyecto podría costar unos 30 millones de dólares, y aunque hay una empresa brasileña interesada, las inversiones dependen de las condiciones que el país les ofrezca a los inversionistas extranjeros.

Precisamente cálculos de la Cámara de Textiles y confecciones de la Andi y de Inexmoda muestran que la cadena algodón-fibra-textil-confecciones requiere inversiones superiores a los 1.000 millones de dólares para aumentar la producción de materias primas y la de productos finales. Además, como lo advierte el viceministro de Agricultura, esta cadena es fundamental para el éxito de la política de seguridad democrática, ya que el cultivo del algodón genera empleo y riqueza en las zonas en las que tradicionalmente hay conflictos.

El gobierno aún no ha tomado decisiones profundas en los dos años que lleva en el poder. Ospina dice que los empresarios le han planteado al Estado dar estímulos tributarios para las nuevas inversiones, especialmente extranjera, porque es difícil competir con otros países que tienen un impuesto de renta del 15 por ciento, como los centroamericanos o frente a las ventajas que da la China. "Si el país quiere generar empleo y fortalecer el sector, debe tomar decisiones y no dejar que siga pasando el tiempo y que las inversiones se vayan a otros países", puntualizó Ospina.



Vientos de cambio

Otra de las dificultades que se deberá afrontar es el fin de las preferencias arancelarias en 2006. El sector quiere que estas queden consignadas y se amplíen en el TLC, pero si no se dan el sector quedará en una difícil posición, ya que no tiene sentido empezar a pagar aranceles cuando ya se tienen exenciones, que además fueron extendidas a los países centroamericanos.

Además de las amenazas y ventajas que genera el TLC hay otra mayor: China, que desde 2005 no tendrá cuotas para llegar a Estados Unidos. Según el American Textile Manufacturers Institute (Atmi), China concentrará entre 60 y 75 por ciento del mercado estadounidense. Según el instituto, 4.200 millones de dólares serán desviados de la producción de hoy en México, Centroamérica y el Caribe, hacia China.

Por su parte el Centro de Investigación y Desarrollo Tecnológico Textil-Confección de Colombia (Cidetexco), la competencia de China ha provocado desde 2002 el cierre de 3.000 maquiladoras en México, con una pérdida de 260.000 empleos en la industria.

Aunque faltan meses para que entre en vigencia, su efecto ya comienza a sentirse. Los proveedores chinos están bajando los precios. Algunos confeccionistas colombianos han registrado caídas de hasta 6 por ciento en los primeros meses de 2004 y se cree que en 2005, los precios caerán en 16 por ciento.

Claro que China también puede ser un amigo si las empresas colombianas logran encontrar en ese país los aliados que necesitan para explotar en conjunto el mercado de Estados Unidos. No es lo mismo estar a dos o tres semanas en barco desde el Oriente que a tres horas de vuelo de Colombia a Miami.

En definitiva, la cadena algodón-textil-confecciones se juega buena parte de su futuro en los próximos dos años. De la forma como lo haga el sector y del soporte claro que les dé el gobierno depende la suerte de uno de los segmentos más dinámicos e importantes de la economía del país.

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