Viernes, 24 de octubre de 2014

| 1993/01/25 00:00

Mucho ruido...

Nunca como en el caso del juez Lozano fue tan cierto el proverbio de que "mató el tigre y se asustó con el cuero".

Mucho ruido...

QUIZAS EL PERSONAJE MAS CONTROvertido y polémico de 1992 fue el juez 23 de Instruccion Criminal, César Tulio Lozano. Metió a la cárcel al alcalde de Bogotá Juan Martín Caicedo Ferrer y a su secretaria de Hacienda Marcela Airó, acusados de peculado por apropiación, medida que originó pánico general en la administración pública.
Pero la tormenta que desató no paró ahí. Durante seis meses tuvo a la opinión pública en ascuas, pues se esperaba que una buena parte de los concejales de Bogotá quienes habían recibido los dineros en auxilios girados por la administración de Caicedo Ferrer, corrieran igual suerte por insinuación del propio juez.
Sin embargo la decisión final de Lozano dejó a todo el mundo con los crespos hechos al ordenar la detención de un solo concejal, la exoneración de buena parte de ellos y la vinculación de unos pocos al proceso que hoy está en manos de la Fiscalía General de la Nación.
Acelerado, impaciente e impredecible, Lozano se había convertido en uno de los funcionarios más efectivos y brillantes de la justicia colombiana. Hacía parte de ese grupo de jueces cuyos casos no eran asignados por reparto sino que eran señalados a dedo por sus superiores. Y terminó metiéndole el hombro a procesos tan arriesgados como el del complejo de cocaína en Tranquilandia, la muerte del magistrado Hernando Baquero Borda, el robo de los 13 y medio millones de dólares del Chase Manhattan Bank y un proceso de terrorismo contra la temible banda de los Priscos.
Por eso,cuando le correspondió resolver el sonado caso de los auxilios de los concejales de la capital, y dado que en el país reinaba una gran expectativa en torno de los cambios introducidos por la Constitución de 1991, Lozano se convirtió para los colombianos en una especie de símbolo de lo que sería el sistema de justicia en el país. Pero al final, todo parece indicar que el juez Lozano, como se dice popularmente, "mato el tigre y se asustó con el cuero". Y no faltaron los de tractores que dijeran, quizás injustamente, que el caso de los concejales no pasó de ser un vitrinazo para el juez y una forma de lograr un ascenso dentro del nuevo esquema administrativo de la rama judicial.
Desde hace seis meses César Tulio Lozano dejó de ser juez 23 y se convirtió en fiscal. Sin embargo, por ahora, no está impartiendo justicia. Hoy se desempeña en un cargo administrativo, alejado de los estrados y de los códigos, algo que ni él mismo se imaginó, hace seis meses, que pudiera llegar a suceder.

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