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| 11/13/2000 12:00:00 AM

Muerte y resurrección de los medios

El mundo de Internet es muy diferente con respecto a lo que era antes de que cayera el precio de las acciones el pasado abril. ¿Qué ha cambiado en la industria?

Hace un lustro Bill Gates —el hombre más rico del mundo, que amasó su fortuna produciendo programas para computadores— predijo que en breve los periódicos perderían la batalla frente a Internet. Hace pocos días se dieron a conocer los resultados de las principales cadenas de periódicos de Estados Unidos y los datos sorprendieron por la excelente salud de la circulación y los ingresos publicitarios. ¿Se equivocó el genio del software? ¿Estaba pensando con el deseo? ¿O simplemente su pronóstico fue prematuro pero le llegará su tiempo?

La historia nos aporta buenos elementos de juicio para responder. Cuando nació el libro, en la imprenta de Gutenberg hace medio milenio, algunos pensaron que la comunicación oral —para difusión de mensajes clave— pasaría a un segundo plano. Hoy, la expresión verbal —para compartir ideas trascendentales—, sigue tan o más fuerte de lo que era antes de la invención del libro. Cuando apareció la radio, a comienzos del siglo pasado, muchos pensaron que el libro perdería importancia. Hoy el libro tiene más aceptación que nunca antes y la lectura crece vertiginosamente. Cuando años más tarde nació la televisión, la mayoría de expertos opinó que la radio podría desaparecer —o minimizarse— ante el poder seductor de las imágenes con voz. Hoy escuchar radio es un hábito cotidiano de miles de millones de personas en todo el planeta. Cuando comenzó el auge de los periódicos y las revistas —particularmente vigoroso en los últimos 25 años— nadie entendía de dónde surgían tantos ávidos lectores de contenidos tan diversos. Y cuando la ‘red de redes’ —Internet— se masificó, Gates y otros ilustres pensadores se atrevieron a coronar al supuesto nuevo rey de los medios de comunicación, monarca que asestaría duros —y definitivos— golpes a sus rivales impresos. Pero lo cierto es que periódicos y revistas siguen “vivitos y coleando”.

En efecto, a la fecha, ha sucedido casi lo contrario a la profecía del nerd de Seattle. No sólo muchos diarios y publicaciones especializadas gozan de robustos indicadores financieros y comerciales, sino que además numerosos sitios de Internet que pretendían competirles han naufragado por falta de ingresos. Vale la pena mencionar ejemplos de los dos extremos: el impresionante éxito de revistas de nicho (para segmentos precisos de mercado que comparten intereses ) como Maxim’s e Instyle, cuya circulación supera los dos millones de ejemplares, que contrasta con el fracaso de miles de ‘punto.coms’ ( sitios de Internet) que no pudieron sobrevivir ante la ausencia de ingresos por suscripciones y por venta de publicidad o de comisiones por transacciones de comercio electrónico. (El problema de fondo de estos sitios es que nunca tuvieron un contenido diferenciador que agregara valor sobre los impresos, y que además brindase información y servicios complementarios de una manera interactiva —en diálogo con el cibernauta—).

Recogiendo algunas hipótesis que pretenden explicar el porqué de esta aparente sorpresa, surgen argumentos de mucho sentido común: no hay nada más aburrido y fatigoso que leer en una pantalla (mucha gente imprime para leer lo que extrae de Internet), los periódicos y revistas son fáciles de llevar a todo sitio (incluido el favorito de algunos —el baño—), es muy fácil ‘navegar’ por entre las hojas impresas, las publicaciones tienen comienzo y fin y no producen la angustia de Internet, que parece infinito, las búsquedas de información básica son más fáciles en los impresos, y otras razones de similar orden práctico.

Sin embargo la amenaza electrónica sigue vigente para muchos medios impresos. En la medida en que la tecnología evoluciona, aligerando el peso de los computadores, permitiendo su actualización permanente y acorde con los intereses de cada cual, y considerando el inminente arribo de una versión comercial del ‘papel electrónico’ (una hoja delgada, flexible, fácil de leer, de contenido reemplazable al instante), los impresos basados en la tradicional pulpa de papel tendrán una dura competencia. Posiblemente los buenos periódicos y las revistas bien posicionadas subsistirán —como lo han hecho otros medios de comunicación— cada vez que aparece una innovación. Como también es probable que sean exitosos aquellos sitios de Internet que en vez de tratar de imitar a los rivales impresos exploten las fortalezas que les brinda la tecnología (videos, audio, archivos electrónicos, chats,. conversaciones entre usuarios y con invitados especiales).

Así pues, la historia —y los hechos recientes que confirman su validez demuestran que cada medio de comunicación trae bajo su brazo su propio alimento— Según sus características encuentra cada medio su público, su momento, su lugar. En mayor o menor grado parece cumplirse en el campo de los medios de comunicación la famosa ley económica de Say: toda oferta genera su propia demanda.

Lo bueno de todo este cuento es que si bien es cierto que en el lado de la oferta habrá ganadores y perdedores —según hagan buen uso o no de sus ventajas comparativas—, del lado de los consumidores siempre se gana. Porque mientras más medios existan y entre más competencia haya entre ellos mayor será la calidad, la variedad, la afinidad y el beneficio que puedan percibir los compradores, cada vez a menor precio.

No hay nada mejor que desayunar con los periódicos, escuchar radio en el carro, ver un noticiero de televisión en la noche, leer un buen libro el fin de semana, devorar revistas antes de dormir, ir a cine los miércoles y navegar por Internet a cualquier hora.
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