Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 1991/01/07 00:00

NAVIDAD

NAVIDAD

RECORDAR ES VIVIR
Cada vez que llega la Navidad, surge en los adultos Inevitablemente el recuerdo de la Infancia perdida, de esa época en que la ilusión Inundaba los corazones y la alegría no se podía ocultar. Hoy la celebración de los adultos es una especie de canto a la nostalgia, un homenaje a los años infantiles que siempre quedarán grabados en el corazón.
Por eso muchos coinciden en que la Navidad, además de ser para los niños, hace niños a los mismos adultos.
SEMANA ha reunido a cinco personajes de la vida nackonal, con el ánimo de conocer uno de esos aspectos que muy raras ocasiones salen a relucir a la luz pública. Su regalo frustrado y su mejor regalo.
Las dos caras de la moneda que ofrece la nostalgia cada vez que se ponia en las navidades de antaño, en aquellas épocas de los primeros años de vida, cuando el acontecimiento de los regalos era más que trascendental a la hora de evaluar las festividades decembrinas.
Cada quien guarda un recuerdo amargo y otro muy felíz, que de una u otra forma han enriquecido la añoranza por unos años que no se han perdido definitivamente, sino que todavia perduran en la memoria, gracias a la Navidad.

Beatriz Gómez
Abogada, periodista y presentadora de noticias en televisión.
Tenía nueve años y vivíamos en Manizales. En esa época mi mamá viajó a Bogotá y le encargué un juego de moda, el canguro, porque soñaba con llegar al cielo saltando en él.
Mi mamá me había asegurado que lo traía pero cuando llegó y supe que no me lo había comprado me puse furiosa y sufrí una frustración tan grande que todavía me acuerdo de la anécdota.
En consolación me regalaron una 'pelota loca' pero la rabia duró mucho tiempo. Para fortuna mía, dos años después recibí mi mejor regalo: una guitarra. Yo ya cantaba desde pequeña, pero sola. Con la guitarra de acompañante le tomé tal entusiasmo al canto que en Manizales hice algunas presentaciones públicas. Incluso todavía canto en las reuniones con los amigos".

Carlos Lemos Simmonds
Ex ministro de Gobierno y de Comunicaciones.
Periodista.
Cuando era niño estaba de moda la tira cómica de Tarzán y yo era muy aficionado a ella. Entonces pedí un elefante pequeño, pero de verdad. Y como el regalo se salía de las manos, mis papás me regalaron un elefante de cuerda. Fue mi primera frustración navideña. Sin embargo, tiempo después recibí un regalo mucho mejor. Una coleccion de 20 tomos titulada El Viejo Tesoro de la Juventud, que me dio mi papá cuando tenía ocho años. Era una serie de libros diseñada de manera inteligente y útil. Tanto que todavía la conservo.
Tal vez es el mejor recuerdo navideño de mi infancia".

Germán Espinosa
Escritor
Siempre he recordado con mucha nostalgia las épocas de mi infancia, cuando jugaba a las artes gráficas. Era mi gran pasión, y por consiguiente pedí como regalo una imprenta gigantesca donde publicar mis libros. Obviamente, la imprenta nunca llegó, pues era un capricho muy difícil de satisfacer. Mi frustración no fue poca.
En compensación, todavía recuerdo un regalo que me gustó mucho. Una pistola de cowboy de concha de nácar, con un sistema de percusión que imitaba el sonido de un disparo. Era tan real que cuando le disparé a mi hermano, él se llevó un susto tremendo. Por supuesto, mi hermano no simpatizó nunca con el regaló". Sin embargo yo la conservo como un legado de la historia. Un juguete tan resistente ya no se consigue".

Pilar Moreno de Angel
Historiadora
Desde muy pequeña cultivé la afición por la lectura. Pero en un principio mis familiares consideraban más apropiado regalarme otras cosas, como vestidos y trajes; algo más apropiado para las niñas de la época. No me sentía muy contenta con los obsequios.
Por eso, cuando recibí de manos de mi papá -quien siempre me apoyó en mi pasión por la lectura mi primer libro de cuentos, sentí una alegría muy grande. Se llamaba Boliche Corruquete y don Tilín y trataba sobre dos niños que querían llegar a la Luna en bicicleta. En realidad ese cuenta marcó significativamente una etapa muy importante de mi vida. Por primera vez veía realizado mi sueño de poseer un libro, un libro que podía saborear a mi antojo.
Es un regalo que nunca olvidaré, porque despertó en mí una afición que no ha permanecido intacta con el paso del tiempo, sino que sigue alimentándose día a dia".

David Manzur
Pintor
Para mí la Navidad nunca existió. Mi infancia la pasé recluido en un colegio internado en las islas Canarias que más bien parecía una cárcel distinguida. Realmente no guardo recuerdos de ternura, ni me dieron obsequios. En consecuencia, la época de Navidad no fue tan especial como para otros niños.
No tenía mayor ilusión por lo que pudiera ser una celebración de esas. Sin embargo, tengo que aceptar que he reconocido la Navidad en el arte. Las grandes pinturas representativas del nacimiento y la infancia de Cristo han despertado en mi la sensibilidad para apreciar la Navidad, a través del arte".

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