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| 1/13/1986 12:00:00 AM

NAVIDAD

CUENTO DE NAVIDAD
Cresburg es el único pueblo del mundo cristiano en el cual las campanas anuncian la gloria del nacimiento de Redentor, cinco minutos después de la media noche.
En Cresburg vivía una viejecita de más de cien años, se llamaba Gret.
En la noche de Navidad en aquella pequeña casa entró repentinamente la muerte, pasó por la puerta cerrada silenciosamente.
Gret que estaba tejiendo, levantó sus ojos diciendo:
--¿Ya es hora?
--Si, llegó la hora--respondió la muerte.
--Espera un poco--suplicó la viejita--. Tengo que terminar este saquito de lana.
--¿Cuánto tiempo necesitas?
Gret miró su trabajo, hizo un cálculo y contestó:
--Dos horas, dos horas son suficientes.
--Es demasiado.
--Pero tengo que terminar este saquito. Todos los años hago uno para el niño que nace; si no logro terminarlo, el niño tendrá frío.
--Dos horas de retardo para obedecer las leyes de Dios--respondió la muerte-significan doscientos años de penas antes de alcanzar la paz divina.
La viejecita tuvo un gesto de asombro, pero luego respondió:
--No importa, el niño sin saquito sufriría.
¿Doscientos años? ¡paciencia!, y continuó tejiendo velozmente, mientras que la muerte la esperaba. Faltaban pocos minutos para que fueran las doce y Gret levantó la cabeza.
--Estoy lista --le dijo a la muerte.
Salieron juntas y comenzaron a caminar bajo el cielo cubierto de estrellas.
Sobre el gran camino rodeado de árboles tuvieron que detenerse. Rodeado por un halo de blanca luz avanzaba el niño hacia Belén. La viejecita se arrodilló y cuando estuvo cerca le colocó humildemente el saquito. Jesús se detuvo, miró a la muerte y le preguntó: "¿a dónde van?", --A cumplir doscientos años de penas para alcanzar la felicidad eterna--respondió la viejecita.
El niño la hizo levantar y se dirigió a la muerte:
--Véte--le dijo--, yo la acompañaré.
La tomó de la mano y la llevó por el camino del paraíso, luego siguió hacia Belén: cuando llegó eran las doce y cinco minutos.--
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