Domingo, 11 de diciembre de 2016

| 1988/01/11 00:00

NAVIDAD

NAVIDAD

LAS FIESTAS DECEMBRINAS
Diciembre tiene su propio sello. La celebración de la Navidad le ha impreso al último mes del año un carácter especial que lo convierte en el mes de la paz y la alegría. En el mes de las fiestas. En la época preferida por todos los niños del mundo para ver saciados sus deseos.

Difícilmente se encuentra en la actualidad una persona que pueda circunscribir la celebración de la Natividad del Señor a una simple fecha del calendario cristiano que comienza en la noche del 24 de diciembre y termina en la madrugada del 25. El acontecimiento en sí de la Nochebuena ha contagiado las semanas que le preceden y las que le siguen para convertirlas en un todo. Para hacer de la mayor parte del mes una sola fiesta, una fiesta que cuando quiere terminar se encuentra con el ultimo día del año y luego con el día de Reyes, y se extiende, entonces, hasta la segunda semana del nuevo año. Tanto así que para muchas personas las fiestas de diciembre duran un mes entero: comienzan en la noche del 7 de diciembre, con las luces y las fogatas que se encienden en honor de la Virgen María por ser la víspera de otra importante celebración cristiana, la Inmaculada Concepción; y terminan poco después del día de los Santos Reyes Magos, el 6 de enero.

Y entre las dos fechas de los extremos aparecen la novena de aguinaldos, la Nochebuena y el 31 de diciembre. Y con ellas, el pesebre, el árbol de navidad, los regalos las tarjetas, los buenos deseos, los villancicos, las cenas, las misas de gallo, las luces y las promesas. Y si para otros hay nieve, y por las calles aparece un trineo que trae consigo a Santa Claus cargado de regalos con escarchas blancas, para nosotros el ensueño de los copos de nieve se ha cambiado por la época del mayor verano con todo el encanto de un sol resplandeciente que llena los días.

La verdad es que nadie escapa al encanto de diciembre. Los preparativos ya son una fiesta.
Recorrer las calles comerciales en busca de un detalle para los seres queridos, llenar una tarjeta de colores para enviar un mensaje de felicidad a los que se encuentran lejos, adornar un arbolito que le promete a los niños una carga de regalos bajo sus ramas, cantar al son de panderetas con los coros infantiles... todo es una fiesta que inunda el espíritu de los hombres de bien, que en esa época quieren llenarse de paz y contagiarla a sus semejantes.

Y la navidad es una fiesta universal, aunque su celebración varíe en los diferentes sitios y adquiera diversos matices de acuerdo con las costumbres. Pero al final, en esencia, es la misma en todos los lugares del mundo, y lleva el mismo mensaje para todos los habitantes del planeta.

Lo que cambia son ciertas facetas de la celebración. Algunos, con mayor sentimiento religioso, han querido reproducir la escena del nacimiento de Jesús a través del tradicional pesebre, en el que aparecen San José, la Virgen María, el niño, los Reyes Magos y los animales del portal.
Otros simbolizan la Navidad con un árbol decorado de luces y de nieve, a cuyos pies se colocar los regalos. Y a propósito de regalos, hay quienes prefieren repartirlos el día de los Reyes Magos, para recordar la escena en que Gaspar Melchor y Baltasar llegaron hasta Belén con oro incienso y mirra para ofrecerle al niño Jesús mientras que muchas familias, por ejemplo en el medio colombiano, entregan sus presentes la misma noche del 24.

Todo va de acuerdo con la tradición de cada hogar, al igual que las comidas de esos días.
Algunos no perdonan la natilla y los buñuelos en la Nochebuena o el pavo relleno en Año Nuevo.
Otros comen el tamal de la región, otros pernil de cerdo... como en todo, cuestión de gustos. Lo que no cambia es el fondo de la celebración, ni el sentimiento de paz y hermandad, ni el derroche de alegría, ni los niños cantando, ni los deseos de binestar. --

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