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| 1/11/1988 12:00:00 AM

NAVIDAD

LA HISTORIA DE UN REGALO TRADICIONAL
¿Quién no ha tenido un osito de peluche? ¿A quien no se le ha pasado por la cabeza alguna vez la idea de regalar un oso de felpa a un niño o a un adulto de cualquier edad?
Realmente los osos de peluche no pueden faltar en el escaparate de un almacén de muñecos. Y si el almacén es grande, no puede faltar un escaparate entero de osos, en diferentes tamaños y colores. Pero ¿de dónde viene esa predilección muñequeril por los osos, y no por las vacas, las jirafas o los perros?
La historia se remonta a un acontecimiento presidencial ocurrido en noviembre de 1902 en los Estados Unidos. Todo comenzó cuando Clifford Berryman un conocido caricaturista de la época, publicó en el diario Washington Star un dibujo en el que aparecía el presidente Theodore Roosevelt negándose a matar a un cachorro de oso en una expedición de caza a orillas del rio Misisipí. La caricatura se reprodujo en diarios y revistas de todo el continente, sin que los editores sospecharan hasta ese momento que el simpático animal llegaría a convertirse no sólo en el símbolo del presidente para trabajos publicitarios posteriores, sino también en el modelo de inspiración para un muñeco que se reproduciría por millones en todo el mundo.

En efecto, un inmigrante ruso de nombre Morris Michtom, propietario de una tienda de dulces en Brooklin que también vendía juguetes hechos a mano por él y por su esposa, se inspiró para una grandiosa idea al momento de observar el dibujo. Se le ocurrió hacer un muñeco semejante al oso que defendía Roosevelt, e inmediatamente cortó con su mujer el patrón de un oso de peluche café al que luego rellenó de algodón y le colocó un par de botones por ojos.
Michtom puso su creación en la vitrina de la tienda, al lado de una reproducción de la caricatura de Berryman, y le dio por nombre "Teddy's bear" (el oso de Teddy, diminutivo de Theodore) en honor del primer mandatario norteamerlcano.

El modelo se vendió inmediatamente y su creador lo reemplazó muy pronto por otro iqual con el que sucedió lo mismo, y así sucesivamente hasta que se sospechó que había descubierto algo muy bueno.
Entonces decidió mandarle uno de los osos al Presidente con una petición para que se le permitiera usar el nombre de pila del mandatario en su producción de muñecos. Días más tarde recibió la respuesta de la Casa Blanca, escrita de puño y letra por el propio Roo,sevelt, en la que decía: "No sé qué ventaja pueda sacar de usar mi nombre, pero puede emplearlo si lo desea ".

Con la carta en la mano, Michtom consiguió un contrato de la firma más grande de juguetería y empezó su producción de Teddy Bears, a la vez que todos los fabricantes de muñecos comenzaban a producir modelos semejantes con el mismo nombre, debido a que en aquella época no existía el registro de patentes que en otros tiempos le hubiera significado la exclusividad al inmigrante ruso. De esta manera el mercado norteamericano empezó a llenarse muy pronto de ositos con el nombre de Teddy, que luego fueron exportados a diferentes sitios del mundo.

No obstante, en Alemania otro tipo de motivación fue la que llevó a Margarete Steiff a fabricar grandes cantidades de osos por esa misma época. Reducida a una silla de ruedas a causa del polio, Steiff se dedi caba a coser en su casa y desde a!gún tiempo venía experimentando con fieltro la producción de muñecos. Empezó haciendo un elefante.
Luego un mico y un asno, a los que siguieron un caballo, un cerdo y un camello, hasta cuando a su sobrino Richard, que estudiaba arte en Stuttgart, se le ocurrio diseñarle un oso que tuviera la cabeza, los brazos y las piernas móviles. El diseño no atrajo mucho a la tía inicialmente, pero con algunos ajustes exhibió un nuevo modelo de osos en la Feria de Leipzig en 1903. Allí llegó el comprador de una tradicional casa neoyorquina, quien fascinado con el muñeco ordenó que le produjeran de inmediato tres mil osos.
Así se inició otra empresa gigante que ayudó a Michtom a llenar el mundo de osos de juguete.

EL MODELO ANIMADO
Pero no se puede hablar de osos de juguete sin hacer mención de otro grande en su especie: Winnie-the-Pooh inspirado, por cierto, en los tradicionales Teddy bears.
Esta historia tiene su origen en 1920, cuando el escritor A.A. Milne y su esposa compraron un oso de este modelo, para su hijo Christopher Robin, en la famosa tienda Harrods de Londres. El niño convirtió al muñeco en su compañero de juegos, y un día en que el famoso actor Sir Nigel Playfair se encontraba de visita en su casa, Christopher bajó las escaleras arrastrando su oso y saludó al artista con una voz profunda y poco común que decía: "Qué hombre más extraño, tiene una curiosa cara roja". Los presentes se divirtieron con el comentario, pero el niño aseguró que no había sido él sino su osito "Pooh" quien había pronunciado esas palabras.

Milne se enterneció con la historia de su hijo y comenzó a escribir cantidades de aventuras en las que los personajes centrales eran Winnie-the-Pooh y Christopher Robin, las cuales tuvieron gran acogida en el público londinense y también traspasaron las fronteras, hasta llegar a manos de Walt Disney, quien decidió comprar los derechos de Pooh y darle cabida en su fabuloso Disneyworld.

En la actualidad Christopher Robin es un anciano que por estos días aparece con frecuencia en los medios masivos de Inglaterra para pedir que no destruyan la tradicional locación de El Bosque, un sitio muy conocido y apreciado por los niños ingleses, donde precisamente corrieron las aventuras de Pooh con este hombre que no ha dejado de ser un niño.

Por su parte el osito original del cuento fue asegurado por miles de dólares para que pudiera cruzar el Atlántico hasta los Estados Unidos, donde luego de hacer una extensa gira reposa hoy en una vitrina de Park Avenue en Nueva York, y allí recibe la visita de millones de niños y de adultos de todo el mundo cada año. --
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