Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 1994/07/25 00:00

No 6. LOS DRAMAS, LOS ESCANDALOS

No 6. LOS DRAMAS, LOS ESCANDALOS

Camino a la final
Inglaterra asumió para el octavo Mundial, de 1966, un inmenso compromiso: celebrar los cien años de la creación del fútbol. Los ingleses, los creadores, se habían negado a participar en los primeros tres torneos sintiéndose superiores, y en los restantes cuatro su participación resultó mediocre. (La mejor colocación la obtuvieron en Suiza 54, ocasión en que ocuparon el sexto lugar). Por eso en 1966 sólo tenían dos opciones: ganar o ganar. Y se prepararon para ello. Tres años y medio antes se nombró a Alf Ramsey técnico del seleccionado. Como veterano que sintió la humillante derrota frente a Estados Unidos en 1950 era consciente de su compromiso. Por ello pidió total autonomía en la selección de sus hombres, y los comprometió en exigente preparación física y tactica. Resultado: Inglaterra llegó a la final.

Su contrincante en la final: Alemania Federal
los alemanes, en su calidad de favoritos, los marcaron fuerte durante el torneo. Se aprecia ello en los jugadores contrarios expulsados. En el partido contra Argentina: Albrecht. Contra Uruguay: Troche y Silva. Y en la semifinal, contra la Unión Soviética: Tchislenko. En lo físico, la principal preocupación era la lesión en el hombro del arquero germano Tilkowski. En lo sicológico pesaban dos hechos: los ingleses jugaban en su casa, y en el balance de 65 años de encuentros entre las dos selecciones se evidenciaba el tradicional dominio inglés. Sin embargo, en este torneo, Alemania llegó a la final con 13 goles marcados mientras Inglaterra sólo había convertido 7.

Presentando examen
En el templo sagrado de Wembley se acomodaron la reina de Inglaterra, en el palco de honor, y 93.000 espectadores en las tribunas. En casa -disfrutando butaca de primera fila 400 millones de televidentes, en todo el mundo, se reunieron alrededor de la pantalla para examinar a los inventores del juego.

FINAL. ¿A quién alinear?
El gran dilema del técnico Ramsey era decidirse entre los
delanteros Jimmy Greaves o Geoffrey Hurst. Greaves jugó los tres primeros encuentros y salió por lesión en el partido ante Francia. Pero ya lucía recuperado para la final. Hurst, en cambio, no había jugado y sólo el técnico sabía que tenía el poder del gol en sus dos piernas. Ramsey se decidió por Hurst... y la historia le dio la razón.

PRIMER TIEMPO
Minuto 12:
Haller, de Alemania, marcó el primer gol de tiro seco y rasante en el ángulo izquierdo del arquero Banks.
Minuto 18: Empate de Inglaterra. Bobby Moore sorprendió con un tiro libre, hacia Hurst, y éste igualó el marcador.
SEGUNDO TIEMPO
Minuto 79:
Doce minutos antes del pitazo final un tiro de esquina sobre la portería alemana fue mal rechazado por la defensa, y se crearon las condiciones para que Peters marcara el segundo gol inglés.
ULTIMO MINUTO
Todo el equipo alemán se volcó sobre territorio inglés. En un salto para cabecear, el juez suizo Dients pitó foul en contra de Inglaterra. Cobró Emmerich, y Weber -defensa alemán-, su gol, le aplazó la celebración del triunfo a los, ingleses.
La transmisión de televisión se prolongó sorpresivamente. Se requería tiempo extra para resolver cuál era el campeón de 1966.

TIEMPO EXTRA
El gol del minuto 101.
El gol más controvertido en la historia de las finales .
Los dos equipos se encontraban no sólo empatados sino en el límite de su resistencia física. Era el minuto 101. En una nueva ofensiva inglesa sobre al arco alemán, Hurst recibió el pase y, frente a la portería alemana, pateó recio... el balón se elevó... sobrepasó al portero Tilkowski... pegó en la parte interna del horizontal... rebotó... cayó al suelo frente al inglés Roger Hunt... pero éste, sorpresivamente, no la pateó... se limitó a alzar los brazos en señal de gol... el público se puso de pie sorprendido... y con un segundo de retardo celebró el gol.
¡Controversia en la final!
Los alemanes protestaron. El árbitro lucía despistado. Se dirigió hacia el juez de línea, el soviético Bakhramov, para consultarlo, pero éste, sin que le temblara el pulso, se limitó a recoger su banderola y a dirigirse -por su lado- hacia el centro de la cancha. Su actitud era la más seria confirmación del gol.
Pero la duda quedó.

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