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| 9/25/1989 12:00:00 AM

NO CUNDE EL PANICO

A pesar de la guerra, la economía no parece acusar el golpe.

"Este podrá ser un país en guerra, pero no parece".
Ese comentario dicho por un periodista extranjero, a quien el nombre de Colombia le hacía pensar en violencia y terrorismo generalizados, acabó reflejando el clima en el país, al cierre de una de las semanas más críticas de su historia reciente.

Porque la verdad es que, a pesar de los allanamientos y las incautaciones, en las principales ciudades colombianas el ambiente económico seguía siendo el de business as usual (negocios, como de costumbre). La Bolsa de Bogotá, por ejemplo, registró una de sus mejores semanas en lo que va corrido del año. A diferencia de lo que había ocurrido tras el asesinato de Jaime Pardo Leal, cuando más de un inversionista se asustó, en esta oportunidad la tranquilidad fue la nota imperante. Como si nada estuviera pasando, el viernes pasado se expidió un decreto sobre las reglas de juego para reprivatizar las entidades financieras que pasaron a control del gobierno después de 1982.

Tales actitudes dejan en claro que no sólo el gobierno sino los inversionistas estiman que a mediano plazo la salud de la economía seguirá siendo buena. Un caso típico fue el de los bonos Ley 89, una emisión de papeles hecha por Cadenalco en cuantía de 2.000 millones de pesos y con plazo de dos años y medio, la cual fue suscrita en su totalidad en un solo día. La rapidez en la colocación deja en claro que las expectativas se mantienen. Tal como le explicó a SEMANA un conocedor del tema, "los inversionistas están mostrando confianza, aun en una actividad como el comercio, que es especialmente sensibe a la situación".

Por esta razón, es difícil afirmar todavía que la guerra contra el narcotráfico haya dejado bajas en el campo económico. El único indicador que varió marginalmente fue el del sobreprecio del dólar negro, que alcanzó a cotizarse a un 2% por encima de la cotización oficial (la prima normal había sido del 1%). No obstante, el cambio fue tan pequeño que los conocedores lo atribuyeron más a razones de tipo especulativo que a circunstancias de fondo.

Todo lo anterior no quiere decir que la lucha contra la mafia no vaya a tener repercusiones. El primer golpe es el de la confianza de la comunidad de negocios internacionales sobre las posibilidades de Colombia.

Aunque el país no ha sido nunca visto como un paraíso para la inversión extranjera, la verdad es que los sucesos recientes sólo contribuyen a acentuar su imagen de violencia e inseguridad. Eso quedó demostrado la semana pasada cuando la ocupación de los aviones procedentes de Europa descendió abruptamente. Un industrial alemán comentó que más de un colega suyo pensó que estaba loco cuando dijo que se embarcaba para Kolumbien. Hechos como ese llevan a los conocedores a afirmar que, por el momento, los inversionistas extranjeros se encuentran a la expectativa.
Dependiendo del resultado de la guerra, se sabrá si los proyectos son archivados o reactivados, pero por el momento la orden del día es la incertidumbre.

Otro interrogante que se abre es acerca de qué puede ocurrir si el gobierno triunfa sobre los carteles de la droga. Dados los volúmenes del negocio, es innegable que ciertos sectores de la economía fueron impulsados en determinado momento por los dólares de la cocaína. La finca raíz rural y urbana, la venta de automóviles y camperos importados, el mercado del arte y el empleo de escuadrones de seguridad, fueron áreas donde la presencia de dineros calientes quedó clara. Además, se encuentra la entrada de divisas al país.
Hace un año el investigador Carlos Caballero estimó que las utilidades netas del negocio ascendían a unos 4 mil millones de dólares al año, de los cuales cerca de mil ingresarían a Colombia. Estos, a su vez, tenían varias rutas de entrada, tales como la ventanilla siniestra del Banco de la República o la financiación del contrabando. Esa cifra es la que le sirve a los analistas para decir que el tráfico de drogas equivale a medio punto porcentual de la producción total de bienes del país en un año.

A pesar de que esa es una cantidad respetable, lo cierto es que no es definitiva para la estabilidad de la economía. Hace más de un año, el semanario inglés The Economist sostenía que dentro del grupo de productores de droga, Colombia era la única nación del área que podía resistir una desaparición total de los ingresos por venta de cocaína. Claro que esa eventualidad no es muy factible. Aun los más optimistas dicen que, aunque el gobierno triunfe sobre la mafia, el negocio del narcotráfico seguirá existiendo y en él Colombia tendrá toda vía un rol importante.

La importancia relativa del tráfico de drogas toca también un área clave: el empleo. Mientras que en Bolivia, por ejemplo, se estima que varios centenares de miles de campesinos derivan su sustento del cultivo y recolección de la coca, en Colombia se cree que el número de personas asociadas al narcotráfico no pasa de 20 mil, debido, entre otras razones, a que la refinación de la pasta no requiere demasiados operarios. Los conocedores del tema estiman que la mayoría de personas empleadas están en el área de "seguridad" de los narcotraficantes.

Si eso es así, es necesario analizar lo que podría pasar en términos sociales en caso de una " destorcida" del negocio de la cocaína. El único patrón de comparación que existe es el de Barranquilla y Santa Marta a finales de los años 70, cuando se acabó la bonanza marimbera. Las cifras de robos, atracos y secuestros se incrementaron dramáticamente cuando guardaespaldas y sicarios se quedaron repentinamente sin empleo.

El eventual deterioro de la situación de seguridad podría ser mucho más grave que un recorte en los ingresos por venta de cocaina. Por esa razón se dice que la guerra actual va a continuar durante muchos años más.
No obstante, dentro de este escenario vale la pena recordar que Colombia tiene mucho más que ganar que perder. Si el triunfo contra la mafia se consigue y los problemas de seguridad se controlan, Colombia puede recibir no sólo la ayuda internacional, sino el apoyo de los inversionistas extranjeros. No hay que olvidar que este es un país privilegiado, tanto en términos de riquezas naturales como de posición geográfica.
En el corto plazo es indispensable que se muevan adecuadamente los hilos para lograr el respaldo financiero de los principales países. Los más convencidos sostienen que este es el momento ideal para lograr la reinstitución del Pacto Cafetero, teniendo en cuenta que este es un acuerdo político donde Estados Unidos lleva la voz cantante.

En el plano interno es indudable que las incautaciones podían constituir una entrada inesperada de recursos para el gobierno central. Quizás el aspecto más importante sería la "incorización" de los predios expropiados, con destino a la reforma agraria. Dicha parcelación aseguraria no sólo una mejor distribución del ingreso, sino el apoyo popular a las medidas, especialmente en las zonas donde los narcotraficantes tenían su área de influencia.

Todo eso dependerá, obviamente del curso que tome la guerra en los meses por venir. Aunque es prematuro hacer un balance, por ahora se puede decir que la economia sigue normal, que los inversionistas extranjeros están a la expectativa y que si Colombia juega bien sus cartas podrá remplazar con creces los dólares que habia venido recibiendo por el dudoso honor de ser el primer país exportador de cocaína en el mundo.



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