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| 8/23/1999 12:00:00 AM

NO HAY PLAN B

SEMANA habló en exclusiva en el Palacio de Nariño con el presidente Andrés Pastrana

Dentro de tres años, como sus antecesores, tendrá más canas, porque el peso de la
responsabilidad y la cruda realidad de Colombia le habrán profundizado las huellas del tiempo. Pero
hoy, casi al terminar su primer año de gobierno, el presidente Andrés Pastrana está como el día en que
ganó las elecciones: contento. Y aunque sabe bien que el país no es el mismo de hace un año, él tiene
todavía a mano un optimismo férreo, sin duda a prueba de balas.
SEMANA: ¿Cómo se siente a un año de gobierno, Presidente?
Andres Pastrana: Me siento bien. Lo importante es saber uno para dónde va, para no perderse.
SEMANA:¿Y para dónde va?
A.P.: Vamos hacia la recuperación, hacia volver a enderezar a Colombia por el camino del progreso, de
la justicia social y del desarrollo. Sabemos que hay problemas, pero yo creo que las medidas que
hemos tomado, por lo menos en el tema económico, han sido las correctas, y eso se ve en el respaldo
no solamente de los organismos multilaterales sino también, a pesar de lo que la gente a veces
discute, en las propias inversiones que se han hecho en el país.
SEMANA: Una encuesta de Gallup, que vamos a publicar en el informe del primer año trae unas cifras
que son bastante impresionantes. Sólo el 20 por ciento de los encuestados tiene una opinión favorable
del Presidente y apenas el 6 por ciento de los colombianos dice que las cosas van por buen camino.
¿Eso a usted lo sorprende? ¿Lo preocupa?
A.P.:Sí lo preocupa a uno porque lo que estamos viendo es que el país no había vivido una crisis como
la actual. Ninguno de los que estamos aquí hemos vivido una crisis. Yo creo que ni siquiera nuestros
padres vivieron una crisis semejante. Se tendría uno que devolver a comienzos de siglo. Los
colombianos nunca habían tocado verdaderamente fondo como en este momento. Colombia es un país
que viene creciendo desde el año 1925. Nunca ha decrecido. El país no conocía tasas de desempleo
como la que nosotros recibimos del gobierno anterior, es decir, cuando el país llega al 16 por ciento de
desempleo, lógicamente, eso sólo se puede vivir con angustia. Uno podría decir que en cada familia
colombiana se puede encontrar un desempleado. Y eso es lo que ha traído consigo el pesimismo del
país.
SEMANA: Pero lo que todo el mundo se está preguntando es ¿cuándo vamos a salir de esta crisis?
A.P.: Todos queremos que el paciente salga de la sala de cirugía y llegue a su casa. Estamos en el
proceso de recuperación. Y hay una gran cantidad de cifras que empiezan a mostrar una curva de
recuperación. Eso es lo importante. En primer lugar, el empleo. La gran preocupación que teníamos era
que el empleo siguiera cayendo. Y las cifras de hoy muestran un frenazo en esa caída. Lo que revela el
Dane, estamos hablando de un desempleo del 19,8 por ciento.
SEMANA: Pero hay quienes aseguran que va a subir al 22 por ciento.
A.P.: No, la cifra la reveló hoy el Dane. Hay otros indicadores como las ventas, y el desempeño de la
industria, que trae la última encuesta de Fedesarrollo. Todas las curvas, con excepción de la evolución
de los precios, han sido positivas. Yo creo además que la recuperación del eje cafetero va a contribuir.
Ahí estamos invirtiendo más de 700.000 millones de pesos, no sólo en vivienda sino también en
infraestructura. Por otra parte, el Alcalde de Bogotá ayudará también a bajar la tasa de desempleo con
los recursos que va a tener de la Empresa de Energía. Estamos trabajando mano a mano con los
alcaldes en el programa de acueducto, alcantarillado y subsidio de vivienda. Y por último estamos
diseñando una política de generación de empleo relacionada con el tema de la construcción. El
proyecto se llama 'manos a la obra', para, en lugar de utilizar máquinas, utilizar hombres. SEMANA: ¿A
usted no le preocupa que con el antecedente de que no le pasó la reforma política y con el hecho de
que el gobierno perdió mayorías en la comisión tercera, los proyectos que se requieren para contar con
la ayuda del FMI se puedan empantanar?
A.P.: El Congreso de Colombia, a pesar de lo que la gente dice, es un Congreso responsable. En el
Congreso de Colombia todos los proyectos que han sido importantes para el país han salido. No
importa cuáles sean los gobiernos, no importa cómo esté conformado el Congreso. Si esas reformas
son derrotadas, no se derrota al gobierno, se está derrotando es al país.
SEMANA: ¿Cómo va el ajuste económico? ¿No faltó la supresión de algún ministerio?
A.P.:Buena parte del ajuste ya se ha hecho. Lo único que no se ha hecho fue la masacre social que
pidieron mis opositores, es decir, sacrificar 125.000 colombianos. Y esa es una responsabilidad política
que carga el Presidente de Colombia.
SEMANA: La concertación que usted ha iniciado con el liberalismo sobre temas económicos podría
implicar algo en términos de gabinete?
A.P.: No, yo creo que ellos lo que han dicho es que quieren ponerse de acuerdo sobre los temas que
son importantes para el país. El doctor Serpa ha dicho que él no quiere participar del gobierno. Igual lo
ha dicho Noemí. Aseguran que no quieren participar del gobierno pero que quieren aportar. De eso se
trata y a eso estamos convocando. En este momento necesitamos de todos.
SEMANA: Presidente, a usted le critican que ha hecho una serie de concesiones a las Farc dentro del
proceso de diálogo con el secretariado. Se dice también que el gobierno no tiene estrategia. ¿Hay
estrategia?
A.P.: Sí hay estrategia. Si ustedes leen el discurso del Hotel Tequendama, el discurso del Alto
Comisionado, hay toda una estrategia que ha finalizado en una agenda común que hemos fijado con las
Farc.
SEMANA: ¿Pero más que eso, no es una estrategia para mantener a toda costa en la mesa a las
Farc?
A.P.: No. Para negociar con las Farc. Ellos ya están sentados. Es la contrapregunta que yo hago.
¿Qué se les ha entregado a las Farc?
SEMANA: Se ha entregado un territorio tan grande como El Salvador sin ningún instrumento por parte
del Estado para verificar qué hacen las Farc en la zona.
A.P.: No se les ha entregado, porque le cuento que ahí siguen las autoridades, ahí siguen los alcaldes,
la policía cívica. Estamos dentro de la Constitución y dentro de la ley. Cada proceso de paz tiene su
huella propia y aquí lo que nosotros hemos dicho es abrir una zona de distensión para que las Farc
pudieran estar, para que el gobierno pudiera estar, para que pudieran estar los periodistas y puedan
venir los invitados internacionales y tener un espacio de respeto de ellos al gobierno y los civiles. El
acuerdo con Marulanda es preciso: vamos a hacer una zona de distensión en esos cinco municipios;
en ella se mantiene la autoridad del alcalde; el proceso se llevará a cabo dentro de la Constitución y la
ley; tiene que existir una autoridad de policía en la zona, y por eso manejamos nosotros la Policía
Cívica. Y por último, no debe haber guerrilleros en los cascos urbanos. Evidentemente ha habido
problemas, yo no digo que no. Por eso se requiere la Comisión de Verificación. Yo creo además que la
comisión en buena parte es una mayor garantía para ellos.

SEMANA: Pero si ellos definitivamente dicen que no a esa comisión, ¿usted se levanta de la mesa de
negociación?
A.P.: Yo a lo que aspiro es a que Marulanda cumpla su palabra.
SEMANA: Usted dijo el 20 de Julio que la paciencia del gobierno estaba llegando a su fin. ¿Cuánto
dura la paciencia del gobierno sin que las Farc acepten una comisión de verificación?
A.P.: Precisamente el Alto Comisionado va a estar saliendo para enfrentarse a eso. A decir bueno aquí
hay un acuerdo, hay una palabra pactada del jefe de las Farc y del Presidente. El Presidente ha
cumplido.
SEMANA: Presidente, ¿por qué si en la última conversación con Marulanda se pactó la iniciación de la
mesa de negociaciones para el 19 de julio, se dejó para último tema la conformación de la Comisión de
Verificación?
A.P.: Siempre ha sido un tema. Es que hay una cosa, el que aplazado las negociaciones es el
gobierno, no la guerrilla. Ellos han dicho que se sientan a negociar. Yo he dicho que mientras no haya
Comisión de Verificación, no nos sentamos.
SEMANA: Precisemos eso Presidente. ¿El 7 de julio quién aplazó?
A.P.: El gobierno. Por la Comisión de Verificación.
SEMANA: Presidente, usted ha cambiado el discurso con las Farc. Ante los empresarios y ante el
Congreso reiteró que hay un Ejército para la paz y otro Ejército para la guerra.
A.P.: ¿Sabe hace cuánto dije que hay un ejército para la guerra y un ejército para la paz? En
diciembre.
SEMANA Pero ha venido reiterándolo. Las Farc han dicho que no le jalan a la Comisión de
Verificación...
A.P.: No, no lo han dicho. Ayer inclusive oyendo a Raúl Reyes, él dice que estamos poniéndonos de
acuerdo en las reglas de la comisión.
SEMANA: Cuando usted dice un Ejército para la paz, y un Ejército para la guerra, ¿habla usted de un
Ejército para ganar la guerra? ¿Usted cree que si no hay negociación y el gobierno se para de la mesa,
hay posibilidades de ganar la guerra?
A.P.: Llevamos 40 años en guerra. El gobierno no ha ganado la guerra ni la guerrilla nos va a ganar la
guerra. Entonces lo que tenemos que seguir evitando es el derramamiento de sangre. Hay mucha gente
que sólo ve la opción militar. Yo creo que la opción es política a través del diálogo.
SEMANA: ¿Cuál es el plan B?
A.P.: No, es que aquí la prensa crea unos estereotipos. ¿Cuál es el plan B? Pues volver a lo que
estábamos. Resulta que el país lleva 40 años en la guerra, y por primera vez nos sentamos en verdad a
hacer la paz. Entonces, ¿cuál es el plan B? No hay plan B. El plan B no existe. Si la guerrilla dice no
estamos dispuestos a hacer la paz, pues volvemos a lo que estábamos.
SEMANA :¿Hace falta Alvaro Leyva?
A.P.: No. Este es un problema de todos, no de una persona. Creo que Alvaro ha jugado y jugó un papel
y tiene una confianza por parte de las Farc. Eso es claro. Pero yo creo que lo que hemos hecho hasta
el momento es lo que debemos hacer, es buscar la negociación, y lograr resultados. Ellos dicen
estamos dispuestos a sentarnos a negociar con una agenda. Y nosotros decimos, aquí hay una
agenda y estamos dispuestos a negociar.
SEMANA: ¿Usted cree en la voluntad de paz de las Farc?
A.P.:Yo creo en la voluntad de paz de las Farc.
SEMANA: ¿Qué gesto de paz han realizado las Farc?
A.P.: Ninguno, en verdad. Ninguno. Eso es lo que nos tiene preocupados y tiene preocupados a los
colombianos. Un proceso de paz subsiste y tiene credibilidad siempre y cuando el país tenga confianza
en ese proceso.
SEMANA: ¿Cuál sería un gesto de paz?
A.P.: La liberación de los policías y soldados secuestrados. A eso se puede llegar. Pero hay que
entender que estamos negociando con una guerrilla. Eso a veces se nos olvida. Hay muchas
experiencias que yo creo que en el fondo no tenemos. Por ejemplo en el tema del término. Yo no
conozco un proceso de paz, el único ahora y que están enredados, es el de Irlanda, que tenga
términos.
SEMANA: ¿No teme usted que se le vayan tres años en que las Farc digan que sí, pero a la hora de
concretarse, la respuesta sea no?
A.P.: Todo dentro del proceso va a que existan gestos de lado y lado, acciones que permitan saber si
el proceso está avanzando o no está avanzando. Hoy sí hay gestos de paz de la guerrilla, como el de
sentarse a negociar. Lo que también hay que tener claro es que 10 millones de colombianos votaron
por la paz. Diez millones de colombianos le dijeron al presidente entrante de Colombia: su única
responsabilidad es hacer la paz. ..


SEMANA Se dice que usted le ha dado un tratamiento de segunda al ELN.
A.P.:Esa es la crítica, al revés, que me hacen los de las Farc. Me dicen que he sido generoso en
extremo con los elenos. Esos son los estereotipos que se crean en Colombia. Lo cierto es que con el
ELN me he jugado mucho más que con las Farc. Con ellos se había avanzado de una forma importante
y es triste pensar que porque no nos pusimos de acuerdo en unos temas hubieran acudido ellos a
actos terroristas como el secuestro masivo. Yo a lo que aspiro es a que recapaciten. Y que liberen los
secuestrados para que empecemos de nuevo las negociaciones.
SEMANA ¿Usted cree que se puede hacer la paz con la guerrilla sin involucrar a los paramilitares?
A.P.:Yo diría que para conseguir la paz en Colombia, no sólo la paz con la guerrilla. Yo creo que como
lo he dicho, tenemos que buscar mecanismos para que todos los actores de la violencia estén en el
proceso. Pero en este momento hablo del tema de la guerrilla.
SEMANA: Pero es muy difícil desligar el tema de la guerrilla de los paramilitares.
A.P.: Algunos dicen que existen los paramilitares porque existe la guerrilla, que si no existiera la
guerrilla no existirían los paramilitares.
SEMANA: De alguna manera una de las críticas que se le hacen al proceso es que al abrir una zona de
distensión tan grande se le ha permitido a las Farc proteger cultivos cada vez más grandes y que hay
exportación de cocaína procesada a Estados Unidos en volúmenes cada vez mayores. Eso sale en los
informes del Departamento de Estado y de la oficina del general McCaffrey. ¿Usted cómo ve ese tema?

A.P.: Ahí hay varios temas. Uno, que eso no es verdad, porque no hay laboratorios en la zona de
distensión. Y hay solamente en un sector muy pequeño de cultivo que inclusive no estaba dentro de las
prioridades de rehabilitación de la Policía. Pero creo que si las Farc lo que está buscando es un
espacio político en este país, lo primero que querrían hacer es quitarse el nombre de que ellos son una
narcoguerrilla. Por eso uno de los puntos principales de la agenda es el tema de la erradicación y la
sustitución. Ellos tienen que entender que si quieren jugar un papel político, que si quieren salir al
campo internacional, tienen que quitarse ese nombre de narcoguerrilla.
SEMANA: Pero ahí hay un tema económico y es que más del 40 por ciento de los ingresos de la
guerrilla provienen del narcotráfico.
A.P.:Las Farc son una guerrilla rural. Debemos generar mecanismos de ingreso que les permitan a
ellos mantenerse en las zonas donde están actuando. Por eso el tema de la palma. Los cultivos que
verdaderamente generen ingresos para el campesino. 10 hectáreas de palma africana pueden generarle
al campesino cerca de medio millón de pesos mensuales de hoy.
SEMANA: Presidente, el Plan Colombia se lanzó como una columna vertebral para financiar la paz.
Pero lo que se ha visto es que ese plan se ha desdibujado bastante, el director renunció.
A.P.:El hecho de que el director haya renunciado no significa que el plan no esté marchando. Si no
estaba marchando era por culpa de él.
SEMANA:¿Entonces cuál es el problema del Plan Colombia?
A.P.:En este lapso lo que nosotros hemos hecho es comenzar a estudiar proyectos productivos para
llevar a las comunidades. Lo que hemos pedido es colaboración al Banco Interamericano de Desarrollo,
que nos la ha dado, con una serie de recursos que le ha dado al Plante, para que con expertos en el
tema de las llamadas 'mesas de donantes', podamos ir a la comunidad internacional. Eso no se pudo
hacer en el primer semestre porque pasó lo del huracán Mitch. Nuestra propuesta es hacer la mesa de
donantes en Europa en el segundo semestre, pero hay que saber que el tema de Kosovo está en la
mesa..
SEMANA: ¿Quiénes son los candidatos del gobierno para la Comisión de Verificación?
A.P.:Hay una cosa importante para la paz que es buscar el consenso. Dar nombres no ayuda al
proceso porque no hemos hablado con las Farc sobre ellos. Pero el perfil sería como el de Javier Pérez
de Cuéllar, ex secretario de las Naciones Unidas, o un ex presidente de América Latina y uno de
Europa. Lo que buscamos es un perfil muy por encima y con mucha respetabilidad internacional, con
absoluta independencia frente al proceso de paz en Colombia.
SEMANA: ¿Qué verificaría la comisión?
A.P.: Todas las normas en que nosotros nos hayamos puesto de acuerdo. Y que se respete la
Constitución, los alcaldes, la Policía, que no haya secuestros.
SEMANA: Pero, Presidente, las Farc han dicho que ellos no están sujetos a la Constitución y la ley.
A.P.: En la zona de distensión sí lo están. Yo como Presidente no me puedo reunir con quien está por
fuera de la ley. Entonces si no se les otorga a ellos el salvoconducto, ningún funcionario se podría
reunir con ellos. Todo el marco de la paz se ha hecho dentro de la Constitución y la ley.
SEMANA: Usted va a cumplir un año de gobierno. ¿Se imaginaba que esto fuera a ser tan complicado?
A.P.: No.
SEMANA: Usted estuvo muy feliz al haber ganado las elecciones, se le notaba más que a sus
antecesores. ¿Qué cosas le han parecido aburridas de ser Presidente? Porque la crítica que le hacen a
usted en la calle es que sigue eufórico, que aún no se ha dado cuenta de lo que le cayó encima...
A.P.: Sabíamos en la que nos metíamos. Me afecta un poco la pérdida de la privacidad. Y la lentitud en
los proyectos. Es la diferencia con los alcaldes, son más ejecutores, uno proyecta las obras y luego
las ve concluir. Aquí hay muchas cosas a largo plazo. Muchas cosas que no se logran transmitir, o que
la gente no logra captar, en fin.
SEMANA: ¿A usted le preocupa el papel que está jugando Chávez en el tema de la guerrilla? ¿Y la
actitud de los países vecinos al tratar a Colombia como una amenaza?
A.P.:Hemos dicho que no somos ninguna amenaza continental. Lo que ha pasado con Chávez, con
quien tenemos una excelente relación, es el uso del lenguaje que a veces internacionalmente es
complicado. Pero él ha estado interesado en colaborar en el proceso, sobre todo con el ELN. A veces
sus palabras han sido mal interpretadas.
SEMANA: ¿Va a haber crisis ministerial? ¿Buscará cambiar gente apenas o piensa replantear el
gabinete?
A.P.: No veo la crisis antes del año. Y replanteamiento no puede existir porque ya hemos escuchado
las voces de quienes están al otro lado de la brecha, respecto a que quieren colaborar pero no
participar. Esa respuesta está dada por ellos. Lógicamente hay desgaste y el cambio es normal.
SEMANA: ¿Usted es consciente de que afuera en las calles hay una enorme desesperanza? ¿Qué les
dice usted a los colombianos desesperanzados?
A.P.: Sabemos que hay problemas, el Presidente conoce las angustias de la gente, es por ellos que
estamos trabajando, que ya atravesamos lo peor de la crisis. El mensaje es que a pesar de las
dificultades, vamos a salir adelante.
SEMANA ¿Usted cree que su hija Valentina va a vivir en una Colombia en paz?
A.P.: Sí.

GOBIERNO Las altas esferasLa cercanía con el Presidente determina el poder en el gobierno.
SEMANA reconstruye el mapa 'celestial' de Palacio
Las categorías
Primera órbita - Son los personajes que más que funcionarios son los amigos de confianza de hace
muchos años. Por ser Pastrana un presidente desconfiado, han concentrado mucho poder. Entran a su
despacho sin ser anunciados.Segunda órbita - Muy cercanos al Presidente, le hablan al oído pero no
concentran tanto poder. Ninguno, con excepción de Otto Gutiérrez, son conocidos de vieja data.
Tercera órbita - No pasan tanto tiempo cerca al Presidente, pero sus opiniones son muy respetadas por
él. Se les confían misiones especiales y el Presidente delega en ellos con bastante confianza. Hablan
con frecuencia con el primer mandatario.Asteroide - Luis Alberto Moreno, embajador en Washington,
pasa de ser un hombre muy cercano a distanciarse. La distancia física influye sobre el
Presidente.Cometas - Aquellas personas cercanas que salieron de órbita. the economistBalance
inglés
En exclusiva para SEMANA, The Economist Intelligence Unit hace un balance de la economía durante
el primer año de Pastrana.
En un foro reciente de la Unidad de Inteligencia del Economist para gerentes corporativos en Miami,
Colombia recibió la más alta votación en cuanto país latinoamericano donde la proyección para los
negocios resultaba más sombría. Moody's, la agencia calificadora de riesgo, sometió hace poco al país
a una revisión, para una posible degradación de su codiciada calificación de riesgo de inversión. Dentro
del país, la están viendo negra. La gente parece estarle perdiendo confianza a los esfuerzos del
gobierno por iniciar conversaciones de paz con los rebeldes, y a su capacidad de sacar a la economía
de su primera recesión en décadas. ¿Será que este pesimismo es exagerado, tal como lo fue el
optimismo que rodeó al nuevo gobierno de Pastrana hace 12 meses?
La economía va bien pero el país va malA pesar de la violencia política y la relacionada con las drogas,
los colombianos al menos han podido fiarse del desempeño continuado, si bien no espectacular, de la
economía. Ya no. Este año, al señor Pastrana le caerá la indeseada distinción de presidir la primera
recesión colombiana desde los años 30. Píldora amarga, especialmente porque le debió su victoria
electoral en parte al hecho de haber inspirado mayor confianza en su manejo de la economía que su
rival liberal, Horacio Serpa. La puja en el mercado bursátil que recibió la victoria electoral del señor
Pastrana mostró que la comunidad de los negocios compartía la confianza que el público depositaba en
él, como el hombre capaz de restaurar el brillo de la economía. Pero cualquier esperanza de un rápido
vuelco positivo ha sido golpeada de muerte. El desempleo ha ascendido a nuevos niveles récord y aún
no hay señales de que la recesión haya tocado fondo, inclusive después de una contracción sin
precedentes de 5,9 por ciento en el primer trimestre.Para ser justos, la culpa de la crisis económica no
puede achacársele al señor Pastrana. Asia hizo bajar los precios de los productos básicos, una fuente
importante del ingreso fiscal y de exportación de Colombia, a niveles históricamente bajos. Venezuela y
Ecuador, importantes mercados para las exportaciones no tradicionales, están sufriendo sus propias
crisis económicas. Mientras tanto, la agudizada aversión al riesgo de parte de los inversionistas, ha
recortado los flujos de capitales hacia los mercados emergentes, particularmente después de la
devaluación rusa y el incumplimiento de las obligaciones de la deuda de agosto. Los crecientes
desequilibrios económicos durante los años recientes debilitaron la capacidad de la economía para
aguantar semejantes choques.Por contraste con el gobierno del señor Samper, que a veces trató de
echarle la culpa de un desempeño económico decepcionante a la apretada política monetaria del Banco
de la República, el actual gobierno ha acertado en diagnosticar que las finanzas públicas son la causa
del problema. Un creciente déficit fiscal durante la administración Samper golpeó la inversión
doméstica, al ejercer una presión alcista sobre las tasas de interés y hacer apreciar el peso en
términos reales. La crisis política y las sanciones de Estados Unidos agravaron los problemas
domésticos. A medida que la confianza se desvanecía y que el sector privado colombiano,
tradicionalmente aguantador e innovador, salía de la escena a empellones, el crecimiento económico
cayó por debajo de la tendencia, antes de que se le acabara por completo la gasolina el año pasado.
Aunque los conservadores del señor Pastrana son minoritarios en el Congreso, el nuevo presidente
disponía de suficiente apoyo multipartidista como para asegurar la aprobación de las medidas que
pudieran enfrentar los problemas de las finanzas públicas. El plan era evitar un tratamiento de choque,
pero bajar el déficit del sector público gradualmente, de 3,3 por ciento del PIB en 1998 a un poco más
de 2 por ciento del PIB en 1999, y con equilibrio antes del final del período de gobierno. Un paquete
fiscal presentado en noviembre de 1998 fue aprobado, aunque en forma diluida. Las medidas
impositivas incluían la ampliación de la base del impuesto de valor agregado, y otorgarles a los
gobiernos locales poderes más amplios para generar ingresos. Del lado del gasto, había recortes a la
nómina por consolidación administrativa. El incremento de salarios a los servidores públicos en 1999 se
restringió a 15 por ciento, igual a la tasa de inflación anticipada. Se trazaron planes también para
hacerle frente al factor principal que impulsa el déficit, al enmendar la Constitución de 1991, que al
intentar devolverles las decisiones sobre salud y educación a los gobiernos locales, había
comprometido al gobierno central a un nivel no realista de pagos por transferencias a los gobiernos
locales.

En aquel momento, el paquete fiscal parecía ser suficiente como para restablecer la confianza y
permitir que las tasas de interés cayeran sin presionar el peso. Pero el gobierno había fallado al no
haber tomado en cuenta ni la severidad de la recesión, que daría al traste con sus estimados de
recaudos fiscales, ni el costo de los crecientes problemas del sector financiero. Por lo demás, hacia
finales de enero, el gobierno tuvo que factorizar los costos de la reconstrucción, después del terremoto
trágico en la zona cafetera de Quindío y Risaralda. A la luz de estos acontecimientos, el gobierno
revisó su estimado, suponiendo un déficit del sector público de 3 por ciento del PIB (excluyendo el
costo de la crisis financiera), aunque éste parece optimista. A pesar de los déficit que el país ha sufrido
desde 1995, la tradición pasada de conservadurismo fiscal todavía deja las relaciones de
endeudamiento público de Colombia entre las menos onerosas de la región. Sin embargo, hasta
cuando haya evidencia en firme de que la tendencia al alza en la deuda pública se esté revirtiendo, la
credibilidad del gobierno seguirá en vilo.Un deficit considerableEl desarrollo del sector público durante el
gobierno del señor Samper le impuso una presión adicional a la cuenta corriente de la balanza de
pagos, en la cual se había manifestado un déficit considerable después de la apertura de la economía
de parte del presidente Gaviria. Este gran déficit externo dejó al peso vulnerable al acecho especulativo,
cuando la liquidez en los mercados de capital internacionales se restringió después de la crisis rusa. A
pocas semanas de posesionarse el señor Pastrana, el Banco de la República _con el apoyo del nuevo
Ministro de Hacienda_ devaluó el peso, al ajustar la paridad central de la banda de la tasa de cambio en
9 por ciento. A la sazón, pareció un ajuste de política apropiado, suficiente para aliviar las presiones
sobre las reservas de divisas y las tasas de interés. La credibilidad de la nueva banda fue apoyada por
medidas de ajuste fiscal que el gobierno tenía en cierne. La visión retrospectiva ha demostrado que el
ajuste fue insuficiente, dada la profundidad de la recesión y la escala de los problemas en el sector
financiero. A los nueve meses, a mediados de 1999, el Banco de la República se vio obligado a efectuar
otro ajuste de 9 por ciento en la paridad central, suplementado esta vez por una ampliación de la
banda.El techo de la nueva banda fue inmediatamente puesto a prueba por los especuladores. El peso
viró de nuevo hacia la paridad central, al conocerse el acuerdo con el FMI, pero seguirá vulnerable a los
ataques especulativos hasta cuando se vean señales claras de una recuperación económica. Este
momento quizá habría sido el apropiado para poner a flotar el peso, en especial porque la recesión está
poniendo en jaque a las presiones inflacionarias. Pero las autoridades colombianas parecen estar
casadas con la banda, y ven la flotación como algo que debe considerarse sólo como último recurso.El
sistema financiero ha sufrido lo que podría llamarse una 'caída de la gracia', como que con frecuencia
se citó como modelo para el resto de Latinoamérica. La recesión, el desempleo, las altas tasas de
interés real y la devaluación, han hecho mella en la calidad de los activos y en la rentabilidad de las
instituciones financieras. En noviembre, el gobierno apeló a las facultades de emergencia para ayudar
al sector. Se garantizaron los depósitos mediante la inyección rápida de fondos al Fogafín, la agencia
de garantía de los depósitos, ayudando a obviar una crisis a nivel sistema. Las autoridades se han
cuidado de evitar los problemas de riesgo moral, al negarse a usar los fondos públicos para
recapitalizar a los bancos privados. Varias instituciones en quiebra han sido liquidadas. Algo bueno que
sale de la crisis es que les está dando ímpetu a las autoridades para efectuar una necesaria
reestructuración del atribulado sector de la banca oficial, y afinar las normas sobre los reportes
financieros. El costo eventual para el gobierno de garantizar los depósitos y castigar los portafolios de
deudas malas de los bancos estatales será alto, posiblemente muy superior al estimado oficial de 4 por
ciento del PIB; sin embargo las autoridades se han mostrado decisivas al hacerle frente a la crisis.
El secreto mejor guardado
Colombia fue descrita memorablemente a principios de los años 90 por un ejecutivo petrolero de la BP,
como el secreto mejor guardado de Latinoamérica, en alusión al potencial petrolero sin explotar. El
secreto salió a la luz pública con el descubrimiento del inmenso campo petrolero de Cusiana, pero a
partir de entonces, Colombia ha fracasado en saber aprovechar su riqueza. Los encargados de formular
las políticas parecían ciegos ante la competencia extranjera cada vez más feroz por atraer el capital de
riesgo foráneo, después de la apertura de los sectores petroleros en países como las antiguas
repúblicas soviéticas y _más cerca de casa_ en Venezuela. Sin unas condiciones contractuales más
favorables para compensar los costos de seguridad adicionales de operar en Colombia, las petroleras
extranjeras buscaron por otro lado. Lejos de experimentar un boom petrolero en el próximo milenio, el
país podría verse abocado a convertirse en importador neto de petróleo. Al gobierno se le debe apuntar
el acierto de haberse despertado ante la realidad, pues ha conseguido que el Congreso aprobara una
legislación dirigida a resarcir la balanza. Las nuevas leyes ofrecen unas condiciones más atractivas a
las empresas petroleras dedicadas a la exploración y la producción. Además, una reforma
constitucional que prohíbe la expropiación de los activos de propiedad extranjera,
les dará confianza a las empresas que inviertan en todos los sectores.Colombia no ha sido prestataria
del FMI desde 1971. El apoyo del Fondo no ha sido necesario, pues el conservadurismo instintivo de la
élite fue el seguro de la prudencia en las políticas. Aunque ese conservadurismo ha estado en retirada
recientemente, sobrevive aún. El nuevo gobierno reconoció las debilidades en el conjunto de políticas, y
forjó un plan para enfrentarlas. Este habría podido conducir con éxito al país en medio de sus
dificultades, en una coyuntura más favorable. Sin embargo, las condiciones en la economía mundial _si
bien mejoran_ siguen difíciles, y la recesión y las dificultades en el sector financiero ameritan una
acción urgente. El primer año en el cargo del señor Pastrana ha estado marcado por esperanzas que
desilusionaron. La decisión de buscar la ayuda del FMI, sin duda no constituye un aniversario
auspicioso. Pero la decisión fue la correcta. Además de proveer unos 3.000 mil millones de dólares en
asistencia financiera, contribuirá a restablecer la credibilidad en el mercado financiero. Cabe esperar
que marque un hito en la suerte del país.
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