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| 11/10/1997 12:00:00 AM

NO PREGUNTEN

Colombia, creo, es un país obsesionado por su imagen; no conozco ningún otro y he estado en más de 45 que esté tan preocupado por cómo lo ve el resto del mundo.Para mí ha sido un rito casi inevitable. Cada vez que me encuentro con un colombiano me pregunta: "¿Cómo nos ves? ¿Qué te parecen las cosas en Colombia? ¿Qué crees de lo que está pasando por allá...?".
Colombia está constantemente preguntando a los otros cómo la ven, como si necesitara un espejo para vivir, como si su propia identidad dependiera _en parte_ de la opinión de los que están afuera, como si buscara incansablemente su lugar en el mundo.
Otros países tienen problemas muy similares a Colombia: guerrilla, narcotráfico, violencia, desconfianza en sus gobernantes..., pero no le están preguntando a nadie su opinión. México, por ejemplo, es uno de esos países y lejos de preguntar a un extranjero qué es lo que piensa, se encierra y critica cualquier intento que sugiera intervención en sus asuntos internos. Colombia no. Colombia es un país que pregunta siempre y que se abre al mundo, aunque lo hieran las respuestas.
En parte entiendo esa actitud de los colombianos. La imagen de Colombia en el mundo está muy golpeada y la han equiparado con los peores este-reotipos. Y cuando un colombiano pregunta "¿Cómo nos ves?", intenta reafirmarse y distanciarse de lo que anda mal en el país. Es como si dijera: "Yo no soy como los otros (violentos, aprovechados, tramposos...) que tanto daño le hacen a Colombia".
Pero el daño está hecho y afecta, directa o indirectamente, a todos los colombianos; en particular cuando salen de Colombia. Me duele como si fuera a mí cuando los funcionarios de aduana e inmigración en los aeropuertos _en una especie de conspiración internacional_ cuestionan y desnudan a quienes llevan un pasaporte colombiano con la aparente intención de humillarlos más que con la expectativa de encontrar drogas en sus pertenencias. Me molesta cuando alguien menciona Colombia y sólo surgen las palabras: secuestro, asesinato, amenaza de muerte... como si no hubiera nada más. Sí, hay más asesinatos en Colombia que en China _que es 40 veces más grande en población_. Pero quienes piensan sólo en eso, como burócrata de aeropuerto _con lupa para sacar de contexto la mancha_ no conocen la verdadera Colombia.
Hace poco un candidato presidencial me decía que los colombianos viven en el presente y planean poco porque la historia les ha enseñado que estamos en el mundo sólo cinco minutos. Colombia ha vivido largos períodos de violencia y el simple hecho de sobrevivirlos es toda una proeza.Y esto tiene sus premios; conozco pocos pueblos tan alegres como el colombiano. Una fiesta con colombianos se convierte en feria y en celebración de la vida. A ritmo de merengue, salsa y vallenato, cada fiesta en Colombia es una negación de la muerte que por tantas décadas los ha perseguido. Y esas mismas ganas se desbordan en otras cosas.A pesar del enorme problema del narcotráfico, del prolongadísimo conflicto guerrillero, de la desconfianza a los gobernantes corruptos y del establecimiento económico, Colombia no se ha parado. Y eso hay que destacarlo. Pocas naciones se mantendrían intactas en su esencia como Colombia con crisis parecidas. Los muertos que ha puesto Colombia en la guerra contra el narcotráfico, las voces acalladas de los periodistas asesinados y los políticos honestos quebrados por la mitad por una bala, son los mejores ejemplos de que el país no se ha dado por vencido. Huele fuerte la convicción de que por ahí hay una salida para Colombia. This too shall pass. Y Samper también.
No me queda la menor duda que una buena parte de los problemas de imagen de Colombia en el extranjero se irán con la presidencia de Ernesto Samper. (A menos, claro, que lo reemplace otro igual que él) No es que Samper tenga la culpa de todos los problemas del país, pero no ha podido gobernar y mucho menos encontrar soluciones. Cada paso dado por Samper ha ido atado con grilletes a las acusaciones de que su campaña recibió dinero del narcotráfico. Y un presidente que no puede gobernar y quien insiste en que los eventos más importantes de su vida política pasaron a sus espaldas, no sirve para mucho.La presidencia de Samper ha contribuido a desgastar aun más al Estado colombiano. Desde el punto de vista social, las instituciones colombianas se han ido erosionando hasta el hueso; los guerrilleros, narcotraficantes y politiquillos corruptibles se han ido comiendo, por igual, su eficacia y respeto. Y esta es la mejor prueba del desgaste: cuando el Presidente o sus asesores dicen algo, casi nadie les cree. El periodismo colombiano también ha perdido credibilidad durante el samperato. Sigo creyendo que en Colombia trabajan algunos de los mejores y más valientes periodistas del mundo, pero ha sido vergonzoso ver a varios reporteros lamer las patas del poder por unos cuantos pesos, caricias gubernamentales y concesiones de radio y televisión. Este hoyo ético sólo puede ser llenado con buenos reportajes investigativos. Nada más.
En fin, Colombia no es un país ante el cual uno puede tomar una actitud neutral. Y en mi caso, cada vez que piso tierra colombiana o estoy entre colombianos, me siento muy a gusto. Como en casa. No sé por qué; es como si hubiera crecido ahí y conociera muchos de sus rincones. Quizás es ese estrecho lazo emocional que vincula a México con Colombia; tal vez es mi envidia y admiración por la forma en que los colombianos vibran cada instante en este planeta."¿Cómo nos ves?". Bueno, así los veo...
Jorge Ramos Avalos es uno de los rostros más conocidos de Latinoamérica. Como presentador y periodista del Noticiero Univisión ha visitado en varias ocasiones al país.
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