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| 12/16/1996 12:00:00 AM

NOSTALGIA DE UNA EPOCA

Con el encanto del siglo XVII y las comodidades del siglo XX abre sus puertas el Hotel Santa Teresa en Cartagena de Indias.

Sólo dos cosas permanecían al descubierto: la entrada que conducía a la sacristía y una ventana que recogía los rayos de luz y los derramaba sobre el presbiterio. Lo demás, las paredes, los pasillos, el mismo altar, estaban cubiertos por lienzos pintados al óleo enmarcados en oro. En todos los cuadros las pinceladas lograban describir cronológicamente la vida y obra de una santa.El convento de Santa Teresa, el primero que existió en Cartagena de Indias, se fundó en el siglo XVII en honor a la 'Doctora de Avila' y su obra de carmelitas descalzas. Una dama acaudalada de la época, doña María de Barros, fue quien fundó el convento con el fin de poder consagrarse al servicio de Dios en sus últimos años de vida. Y su deseo llegó hasta los oídos de la corona española. Por intermedio del gobernador de Cartagena, Jerónimo de Suazo, solicitó al Rey de España la licencia necesaria para convertir su casa en un monasterio. La cédula real llegó en 1607 y dos años después el gobernador de ese momento, don Diego Fernández de Velazco, le escribió al Rey sobre el inicio de la obra y su perfeccionamiento. El convento entonces fue ocupado por seis o siete monjas ancianas y sólo en 1863 lo abandonaron dada la orden que determinaba la extinción de este tipo de claustros. Las monjas, así como muchas de otros conventos como el Santa Clara, escogieron a La Habana, Cuba, como el camino del exilio y consigo se llevaron los retablos, las imágenes, los campanarios, los cálices, las alhajas, las reliquias de mano y todo cuanto les fue posible. Otro tanto hicieron algunos piratas que asaltaron por esa época a La Heroica. Sin embargo, en la capilla de Santa Teresa quedaron intactas las imágenes de Nuestra Señora del Carmen y la de San Benedicto, ambas trasladadas luego a la catedral de Cartagena.Hasta la independencia de Colombia el Santa Teresa funcionó como convento, después fue ocupado por la Policía, convertido en el Colegio de la Presentación, en hospital de caridad y, finalmente, en fábrica de fideos. Año tras año la estructura del convento se fue deteriorando por la acción implacable del tiempo y ya en su última etapa fue adquirido por el Banco de la República y luego por Hoteles Pedro Gómez y Compañía. Desde ese momento en el Santa Teresa se inició la restauración para así no sólo convertir el antiguo convento en un excelente hotel sino también en una reliquia arquitectónica que contara la historia de una época.La historia se conservaEste monasterio se levanta sobre las calles adoquinadas de la ciudad de Cartagena. Muy cerca queda el Centro de Convenciones Getsemaní, al frente el baluarte y hacia un lado la catedral San Pedro Claver. Y ahí, en ese lugar y durante año y medio, se dieron cita restauradores, arquitectos, diseñadores y conocedores de la historia, quienes, desde el primer instante en que se inició el proceso de restauración, le imprimieron un alto grado de profesionalismo a su labor y una importante intención por preservar el antiguo monasterio en la memoria.Alvaro Barrera, arquitecto-restaurador, fue quien lideró el trabajo de restauración del Santa Teresa, un convento conformado por tres edificaciones con distinto valor patrimonial: la iglesia del monasterio, declarada monumento nacional; una casa de claro estilo colonial y un claustro, mezcla de estilo colonial y republicano. En los dos primeros casos se rescataron los elementos arquitectónicos y estructurales de los muros, respetando los volúmenes originales, las alturas, los espacios y los símbolos religiosos. En el caso del claustro sólo fue posible rescatar una de sus fachadas.Durante el tiempo que tardó la construcción el material más utilizado fue sin duda la cal. Sin embargo el ladrillo fue tomando poco a poco un importante valor ya que, según Alvaro Barrera, "es más agradable, menos duro para la ciudad, mitiga el calor y, además, con el ladrillo las paredes respiran mejor". Y al mismo tiempo que se excavaba y se levantaban los muros fueron encontrados algunos objetos de incalculable valor, como un cañón del siglo XVI, una vajilla rota y algunas balas, entre otros objetos. Todas estas reliquias ahora son exhibidas en varios nichos a lo largo y ancho del hotel. No pasó mucho tiempo para que la obra se fuera perfeccionando y el color bañara las paredes del antiguo monasterio. Los tonos que primaron fueron el azul y los tierra. Los pisos son de piedra coralina, con excepción de los de las habitaciones, en las cuales se utilizó el mármol cubano. Son 91 habitaciones distribuidas en dos áreas diferentes: la colonial y la republicana. En el área colonial se ubican 13 suites, en la republicana 78 y en total hay 69 suites sencillas, 16 júnior suites y seis grand suites. Cada habitación es bastante amplia y, según el área en que se ubique, tiene una altura diferente. En la parte colonial, por ejemplo, la altura es de seis metros.La decoración estuvo a cargo de Lina Botero y el diseño, asumido por Piedad Gómez y Claudia Hernández, se recreó en las dos épocas que enmarcan el estilo del Santa Teresa. Los armarios, las camas, las mesas y los detalles describen un trozo de la historia colombiana.Con sabor y aroma Pero, además de la historia y la belleza, tal vez uno de los mayores atractivos del Santa Teresa es la comida. Prueba de ello son sus restaurantes, todos manejados por un chef del Hotel Casa Medina de Bogotá, quien a cada plato le imprime un sabor definitivamente delicioso. En el primer piso, por ejemplo, está el bar 'Tito', donde se podrá disfrutar de un ambiente elegante y tropical al lado de un sabroso coctel. En el segundo piso se encuentra el restaurante principal, que lleva por nombre 'Fascinación', cuenta con 46 puestos y ofrece platos que van desde una exquisita comida internacional hasta las delicias de la cocina típica cartagenera. Finalmente, en el quinto y último piso, está el restaurante 'La Terraza'. En este lugar hay una atractiva piscina, y desde allí se podrá contemplar la más privilegiada vista sobre la ciudad amurallada, el mar y las hermosas cúpulas de la ciudad.En todos y cada uno de los lugares del Santa Teresa, en los dos restaurantes, en el Centro de Convenciones 'El Templo', en el Business Center, en el área de la piscina, el baño turco, la sala de masajes, la peluquería, el gimnasio y cualquier rincón de este hotel, una persona estará a la disposición del huésped para lo que éste necesite. En total son 110 empleados, escogidos bajo exigentes requisitos como el manejo de los idiomas y, sobre todo, la capacidad de servicio. De hecho, esta última es una característica fundamental si se tiene en cuenta que el 85 por ciento del total de los empleados se encuentra en el área de servicios y sólo el 15 por ciento en el área administrativa.El objetivo, según Pablo Umaña, gerente del hotel, "es dejar en cada persona que visite el Santa Teresa una sensación de confort, calidad, calidez, cortesía y encanto". La misma sensación que se descubre en hoteles como el Charleston, Casa Medina, La Posada de Don Pedro, Casa Pestagua y todo hotel que cuente con el respaldo de Hoteles Pedro Gómez y Compañía. Sin embargo el encanto en el Santa Teresa se descubre desde el mismo instante en que se cruza la puerta de hierro forjado y el tiempo y la historia se detienen en los pasillos de lo que alguna vez fue un convento.
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