Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 2004/09/24 00:00

Nuevos mercados

La economía y los negocios del país estarán en un buen momento gracias al comercio internacional y a la innovación de la clase empresarial colombiana.

Buena parte del futuro de la economia y de las empresas del pais se jugara en el comercio internacional.

Alguna vez le pidieron a Peter Drucker que comentara lo que ocurriría dentro de 75 años en asuntos políticos, económicos y empresariales. Su respuesta fue contundente: "¡Imposible!". Ante la insistencia, solo aceptó opinar sobre los eventos que ya hubiesen pasado y que tuviesen enormes efectos hacia el futuro. De manera que dijo: "¡Predicciones, no, de ninguna manera, solo hablaremos las consecuencias para el futuro de lo que ya sabemos y de lo que ya sucedió!".

Este enfoque es interesante pues en efecto al mirar el desafío empresarial de 2020 es bueno comentar lo que ya pasó. Es decir, meditar sobre las consecuencias de cambios apreciables que se están manifestando hoy y que afectarán el futuro.

Todos estaríamos de acuerdo en que al estar en 2020 y mirar hacia atrás tendríamos que comentar los efectos positivos y negativos para las empresas y para la economía de eventos de incuestionable trascendencia, como el ingreso del país al TLC, la evolución del entorno regional latinoamericano, la estabilidad del marco político e institucional, la evolución de las finanzas públicas nacionales, el desarrollo del espíritu empresarial y el progreso gerencial del país, y la solución del conflicto interno.

En efecto, el ingreso de Colombia al TLC es positivo. En este mercado que ya en 2004 atiende más del 45 por ciento de las exportaciones se abre un nuevo escenario de relación más profunda con nuestro principal socio comercial, lo que sin duda marcará las próximas dos décadas de la economía colombiana. En algunos círculos se piensa que el TLC puede arrasar la economía colombiana, pero Hernán Vallejo, profesor de la Universidad de los Andes, dice que esto es absurdo. Para inundar el país de importaciones habría que pagar por ellas, lo que significa que "no se puede importar más de lo que se exporta".

El caso de México es aleccionador para vislumbrar el futuro colombiano. Las exportaciones mexicanas pasaron en los primeros cinco años del acuerdo del Nafta de 750 a 1.400 dólares per cápita por año en 1999. Si el país pasa de 290 a 600 dólares en exportaciones per cápita se tendría un crecimiento de no menos de 12.000 millones de dólares anuales de nuevas exportaciones colombianas. Este volumen de recursos, junto con las saludables importaciones, activaría un entorno económico apreciable, de mucho mayor dinamismo empresarial.

Un acuerdo de integración comercial puede profundizar la situación competitiva del país en algunos sectores y puede amenazar la de otros. Un estudio de Fedesarrollo para el Ministerio de Comercio, Industria y Turismo encontró que hay 16 sectores bastante competitivos, entre los que sobresalen la refinación de azúcar; cemento, piedra y yeso; joyería y artículos relacionados; cacao, chocolate y dulces; confecciones excepto calzado; productos derivados del petróleo y carbón; telares; productos alimenticios no especificados; curtidurías y acabados de cuero; pescado, crustáceos y otros similares; bienes textiles, cerámica, y, por último, calzado.

La evolución

Rudy Dornbush, célebre profesor del MIT y quien conoció como pocos las economías de la región, solía decir por allá en los 80 que Colombia era una casa muy buena, pero que el problema era el barrio, que era bastante malo.

Por eso es necesario preguntarse sobre la posible evolución de la región en los años por venir. Aquí caben todo tipo de elucubraciones, pero me quedaría con la idea de que el entorno de profunda inestabilidad regional va a ir cediendo. Actores tan estratégicos como México han disminuido su volatilidad por su exitosa inserción internacional. Brasil, aunque siempre sorpresivo, ha dado pasos a partir de Cardozo de una transición política y económica admirable, aunque mantiene una deuda muy alta. Chile seguirá siendo un ejemplo regional y quedan casos menos predecibles y hasta angustiantes como los de Venezuela y Argentina. La prosperidad de la región latinoamericana repercute profundamente en el desarrollo del país. Los mercados financieros y de inversión latinoamericanos se guían mucho por lo que acontece en Brasil y México.

Igualmente, para bien o para mal y por lo menos hasta 2006 existe la Venezuela chavista que afecta a uno de nuestros mercados más importantes de exportación, con profundas consecuencias para Colombia. Este comercio bilateral (exportaciones más importaciones), que sumó más de 2.500 millones de dólares en 2001, se ha descolgado. Y está oscilando. En el futuro el comercio con Venezuela seguramente progresará para bien del país, pues ante la menor estabilidad venezolana su industria se afectará y esto le facilitará a la industria colombiana competir en ese país. El precio del petróleo garantizará cierta capacidad de compra. Con todo, la situación será muy compleja para los negocios binacionales que estarán sometidos al vaivén y la incertidumbre.

En 2020 el país debe haber cicatrizado el conflicto interno, lo que devolverá mayores espacios para la convivencia, permitirá recuperar sicológicamente el 25 por ciento del territorio e incorporarlo productivamente. Todo esto debe renovar la confianza y el clima de inversión y permitirá pasar a la reconstrucción del tejido social. Ya algunos estudios indicaban que el conflicto consumía más de 5 por ciento del PIB cada año, recursos que podrán reinvertirse en otros sectores sociales y productivos. El reto de la sociedad civil es que este proceso se dé con el menor costo posible y cuanto antes. Esto, dicho así, es tanto una buena noticia como también un acto de fe y confianza en el devenir institucional del país.

Espíritu empresarial

Hacia el futuro se espera un empresario con más liderazgo y más preparado. Fue Schumpeter quien colocó al empresario en el puesto central de la actividad económica. Ni Marx ni Smith lo hicieron. El primero, porque la acumulación capitalista y lucha de clases impedían encontrarle alguna virtud. Smith, igualmente observador agudo, no distinguió mayormente los beneficios de empresario de los beneficios del capital.

Curiosamente fue Schumpeter (1883-1950) quien dijo que el empresario rompía esquemas y superaba los puntos de equilibrio con la innovación, nuevos productos, nuevos mercados, nuevas métodos y formas de producción y organización, nuevos paradigmas empresariales. Hoy hay más atención al surgimiento empresarial, hay muchísima más atención a la enseñanza del empresariado y de la historia empresarial en nuestras universidades; la calidad de la enseñanza en este campo ha mejorado mucho.

Hay cientos de planes e ideas de negocio escribiéndose y pensándose en cada momento. Los concursos como Ventures son un reflejo de que se gesta un nuevo empresario. Hay una maravillosa tendencia a volver más relevante y consistente el tema de la responsabilidad social. Igualmente, los jóvenes se ven más agresivos en la dimensión internacional, y el Internet reduce la brecha informativa y tecnológica. Es entonces posible que de todo este esfuerzo quede una mejor clase empresarial, más creativa, más disciplinada y más responsable con su país. Si esto es así, el país avanzará más agresivamente y habrá mucho terreno para crecer y para pagar la deuda social que tenemos.

En resumen, en buena forma estos grandes ejes marcarán para bien o para mal el acontecer del empresariado colombiano de 2020. Este año se anticipa empresarialmente mucho más brillante, a juzgar al menos por los factores escogidos. Desde luego que ya veremos si este panorama se cumple, pero no hay duda de que hacia adelante se harán más visibles cambios importantes que ya se dieron.



* Director de la Fundación Corona

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