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| 4/18/2004 12:00:00 AM

OLFATO, INTUICIÓN, ENTUSIASMO

El editor cumple una tarea muy ingrata: decide qué merece la pena publicarse. ¿Con cuáles mecanismos cuenta para desarrollar su oficio?

En uno de esos coloquios que se organizan en la Feria Internacional del Libro, no hace mucho tiempo nos sentaron a algunos editores frente a un auditorio que nos sorprendió por lo numeroso y nos dio la impresión, por la edad y el aspecto de los asistentes, de que estaba formado sobre todo por estudiantes. Cada uno de nosotros habló de los temas que lo preocupaban: las dificultades para la difusión, la crisis del canal de librerías, el incremento astronómico de los anticipos, etc. Pero cuando llegó el turno para las intervenciones del público resultó que ni éste estaba formado por estudiantes ni los temas tratados habían sido los adecuados. El auditorio parecía ahora formado por autores actuales o potenciales y, claro, en su mayoría inéditos, según se deducía de las muchas intervenciones que planteaban distintos aspectos de una sola preocupación: ¿por qué el editor decide publicar o rechazar un texto determinado? ¿Qué criterios presiden esa elección? ¿Quién le concede o con qué méritos se atribuye el derecho de hacer esos juicios?

El ámbito de las preguntas y comentarios se centraba en la publicación de obras literarias que parecen ser las que con mayor frecuencia suscitan diferencias entre editores y autores. El tono dolorido y apasionado de las intervenciones mostraba cómo era de crucial el tema para los autores. Y lo es también sin duda para los editores pero con signos inversos: mientras para el autor es su obra única en el momento y probablemente la mejor en años, para el editor es una entre muchas que no alcanza a mirar con detenimiento y que en la mayoría de los casos no merecen el esfuerzo de hacerlo; en tanto que los autores sospechan que son víctimas de un complot y que si se rechaza su obra se debe a que los editores no quieren que entre a competir con las de los escritores que ya publican o desean reservar los recursos para los amigos, el editor quisiera encontrar en cada manuscrito una obra maestra o un best seller.

Pero se sabe que los editores se equivocan. Dentro del gremio todos citan los rechazos famosos (Marcel Proust, Gabriel García Márquez, Frank McCourt, J. K. Rowling...) que prueban, si no la ceguera general del gremio, sí la de algunos de sus miembros, al menos temporal. ¿Cómo toman entonces sus decisiones? Conviene antes de intentar una respuesta llamar la atención sobre el hecho de que probablemente sean muchas más las decisiones equivocadas de publicar un libro que de rechazarlo, al menos desde el punto de vista económico. Es decir, que el libro produzca con sus ventas los recursos suficientes para cubrir sus costos. Con seguridad debe seguir siendo de aplicación general para títulos nuevos de ficción, el estudio francés de hace 20 años que mostraba que de cada 10 libros de estas características, ocho no lograban ventas que cubrieran su costos, uno llegaba a punto de equilibrio y sólo uno producía utilidades. Si no es que la situación ha empeorado debido a que se han encarecido tanto los anticipos de los libros de autores exitosos, que ahora estos son los que tienen mayores dificultades en alcanzar el punto de equilibrio.

Entre el Caribdis de publicar un libro que no cubra sus costos y el Escila de dejar pasar el que se volverá un clásico, ¿cómo se guiará nuestro indeciso editor? Me temo que no tiene otra guía que su gusto, es decir, elegirá publicar lo que le gustaría encontrar como lector. Es así de simple, pero no parece que pueda verse bien un editor recomendando a su público un libro que a él no le gusta. Ese gusto, formado por un interés que lo llevó a trabajar en este oficio, eso que llaman la vocación, sumado a la experiencia que va acumulando con cada obra que publica, le van formando eso tan indefinible que llaman el olfato, y que es lo que lo orientará a escoger los libros que publica y a tomar las decisiones que deben seguir a partir de allí y que tienen que ver con cuántos libros imprimir, cómo y con qué recursos hacer la difusión de la obra, etc.

Y ¿el autor? ¿Habrá de someterse a algo tan caprichoso como el gusto de un editor? ¿No tiene derecho a una crítica justificada que explique las razones literarias por las que se publica o rechaza su obra? Afortunadamente el mundo de las editoriales, como el de los lectores, conforma un monstruo de mil cabezas y lo que deja frío a uno puede apasionar a otro, y si el manuscrito vale la pena, tarde o temprano encontrará al editor que se entusiasme con él y le apueste.
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