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| 11/13/2000 12:00:00 AM

Orden en el ciberespacio

Mientras Internet avanza a pasos agigantados la legislación permanece rezagada. Un experto explica lo bueno, lo malo y lo feo de la regulación de la red.

Si algo caracteriza el mundo de Internet es su velocidad. Todo cambia, constantemente, a una velocidad de vértigo. En cambio, si algo caracteriza a los cuerpos legislativos de todo el mundo, y a las leyes en general, es su lentitud. Las discusiones legislativas normalmente duran años y cuando finalmente se promulgan las leyes muchas veces ya no son relevantes. O por lo menos este es el caso —sin duda— de Internet. Se mueve a la velocidad de la luz mientras que su regulación avanza a paso de tortuga. Incluso hay quienes se preguntan si debe avanzar.

La ley en el ciberespacio será sin duda un asunto muy complejo y polémico. Hay múltiples temas que rodean el uso de la red que podrían representar serios problemas legales para cualquier ciudadano común y corriente. Es posible, por ejemplo, que un adolescente incurra en violaciones de carácter criminal por el simple hecho de bajar música de Internet sin pagar los derechos de autor. Un estudiante universitario que desarrolle su propia página electrónica con enlaces que remitan a otras páginas sin el consentimiento de sus propietarios podría incurrir en violación a la propiedad privada, tal como sucede cuando alguien entra sin permiso a la casa de otra persona. A cualquier empresario le puede pasar lo que vivió en Alemania el gerente de una reconocida empresa prestadora del servicio de Internet. Terminó en la cárcel por permitir el ‘alojamiento’ (hosting), en sus servidores, de una página de un tercero que presentaba pornografía.

Los temas de controversia serán muchos. A continuación se exponen los principales debates.




Gato por liebre

Los nombres de dominio son la puerta virtual de cualquier empresa, ya sea un pequeño negocio local o un grupo multinacional. Pero, no obstante, el muy desarrollado control en el registro y protección de marcas, Internet y los nombres de dominio irrumpen en la vida empresarial de manera vertiginosa y desordenada. La consecuencia inmediata es que muchas empresas que habían amasado el prestigio de su marca por años no fueron tan rápidas como nuevos y agresivos empresarios de Internet que, de buena o mala fe, registraron nombres de dominio que correspondían a esas marcas.

Las diferentes tendencias regulatorias sugieren desde una legislación que equipare y proteja los nombres de dominio exactamente como marcas registradas hasta cero regulación y que se imponga la actual situación de ‘primero en llegar, primero en servir’. Entre tanto la solución práctica de las grandes marcas ha sido aceptar los altos precios que los ‘vivos‘ que registran el equivalente de sus nombres de dominio decidan cobrar. Es así como mientras Bill Clinton expone sus planes y logros de gobierno en www.whitehouse.gov, www.whitehouse.com es una página pornográfica que, gracias a la confusión de miles de visitantes, se ha convertido en una de las más populares del mundo.




Justos por pecadores

Si su número de tarjeta de crédito es interceptado y utilizado de manera fraudulenta en la red lo más posible es que usted tenga que responder mientras logra “rogar, probar y convencer” al banco de su inocencia, buena fe y diligencia en el uso de su tarjeta de crédito. Otra cosa sucede en países desarrollados, donde las entidades financieras están obligadas a reasegurar a sus tarjetahabientes y la carga de la prueba, así como el proceso mismo, no afectarán su cupo de crédito mientras no se compruebe su culpa.




¿Más impuestos?

El creciente intercambio de bienes y servicios a través de medios electrónicos ha despertado la curiosidad y el apetito de los gobiernos, que ven una importante fuente de recursos en esa economía. No obstante, su recaudo presentaría múltiples dificultades como, por ejemplo, el concepto mismo de ubicación geográfica. En el ciberespacio la posición física de los negocios parece casi irrelevante y además resulta imposible definir la trayectoria por la cual se desplaza la información. Estos aspectos generan un problema en el momento de determinar en dónde y qué tipo de impuesto debe recaudarse por la venta de bienes y servicios en la era virtual.

Cuando se trata de bienes físicos transados por medios electrónicos el dilema se presenta porque mientras en el espacio real la compraventa de estos bienes está gravada con impuestos, la costumbre generalizada de las compañías de Internet que realizan este tipo de comercio electrónico es el de no pagar impuestos argumentando que, por ser una transacción electrónica, la definición del respectivo gravamen no los incluye. El mayor punto de conflicto es que las compañías que existían antes de la aparición del comercio electrónico se encuentran en desigualdad frente a aquellas que limitan sus actividades al ciberespacio, siendo que en muchas oportunidades el producto vendido es exactamente el mismo.




¿Y la soberanía?

Conceptos como soberanía, jurisdicción y fronteras se ven afectados directamente con la naturaleza ubicua de Internet, y ninguna decisión de carácter regulatorio que afecte el ciberespacio podrá ser tomada efectivamente sin consultar los intereses de todos los países en su conjunto. Es importante reconocer la todavía incipiente participación que nuestro continente tiene en el contexto mundial de la sociedad de la información, por lo que tendremos que seguir muy de cerca las tendencias adoptadas por otras regiones, no sólo para evitar el riesgo de quedarnos atrás sino, peor aún, de convertirnos en rueda suelta de ésta que es una revolución global.




Evitando el conejo

La firma digital es la expresión ciberespacial de la rúbrica que desde tiempos inmemoriales los hombres han estampado en papel para expresar su voluntad de obligarse y que permite evitar el popular ‘conejo’. Este es uno de los pocos temas que ha generado coincidencias de todos los sectores sobre la necesidad de su reconocimiento jurídico para el impulso de la nueva economía. Colombia fue el primer país latinoamericano en aprobar una ley que reconoce la validez de las firmas digitales. De igual forma, la institución de los notarios tiene su homólogo virtual en las llamadas entidades certificadoras, cuyo papel es verificar, no solamente la identidad del emisor sino también la integridad de la información enviada.




Blancos, negros y grises

Están claras varias tendencias encontradas respecto al marco jurídico en que se desenvolverán los actores del comercio electrónico. La tesis libertaria, o de ausencia total de reglas para el ciberespacio, promovida por los nuevos empresarios, donde los mismos individuos y empresas se encargarán de delimitar sus propias prácticas. Posiciones intermedias, como la de aquellos que comparten la necesidad de algunos lineamientos básicos pero que rechazan a los gobiernos y congresos como responsables de esta labor. La de la mayoría de los abogados, que afirman que el marco jurídico actual necesita únicamente pequeñas modificaciones y que la interpretación que se le dé a las normas tradicionales, será la que tendrá que evolucionar. Por último, la tesis que sostienen los dueños de los monopolios establecidos y los burócratas tradicionales, quienes piensan que los Estados deben asumir el liderazgo del ciberespacio en materia normativa, y expedir leyes y reglamentos para cada uno de los asuntos que han cambiado con la aparición de Internet y el comercio electrónico.




¿Adolescentes criminales?

Los derechos de los autores de libros, discos y películas se ven amenazados como nunca antes con la aparición de Internet, que permite su masiva reproducción sin pagar nada por su uso. Desde la invención del betamax las cortes estadounidenses no encontraban un caso tan controvertido como el de Napster, una página de Internet que permite hoy a más de 20 millones de usuarios el intercambio de música en formato MP3 sin pagar un solo centavo a las casas disqueras. Estará en manos de los jueces determinar la viabilidad o no de un nuevo paradigma que revolucionaría la forma de comercializar música en el mundo. Mientras tanto, y desde la perspectiva del derecho tradicional, dependerá de la voluntad de las disqueras perseguir o no a millones de adolescentes que parecieran transgredir diariamente las hoy cuasiobsoletas normas sobre derechos de autor.




La libertad

El derecho y los instrumentos propios de las ciencias jurídica y política, como las leyes, decretos y regulaciones, no dejarán de existir en nuestras sociedades por la aparición de Internet. No obstante, las nuevas culturas legislativa y regulatoria que se imponen globalmente indican las ventajas de la menor intervención estatal posible en las relaciones de los individuos, y muy especialmente en lo que atañe al ámbito empresarial y de negocios. Una de las razones que hicieron posible la explosión del comercio electrónico es la ausencia de regulaciones engorrosas que impiden el ágil accionar por parte de los pequeños y medianos empresarios. Así, será crucial que los gobiernos tengan clara la importancia de la flexibilidad propia del ciberespacio y que no reaccionen con nuevas leyes ante cada nueva situación que no parezca ideal en el desarrollo de la nueva economía digital.






Web pages relacionadas

www.respuestaslaborales.com

www.legalmania.com

www.derechos.org

www.onnet.es/comercio.htm

www.cmt.es

www.publicaciones.derecho.org
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