Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 1983/03/14 00:00

OSUNA "CUM LAUDE"

Desde los 10 años empezó a mostrar su genio para la caricatura.

OSUNA "CUM LAUDE"

La noche del 9 de febrero, en la ceremonia de entrega del Premio de Periodismo CPB, cuando Margarita Vidal leyó los nombres de los ganadores, una gran ovación se escuchó cuando fue mencionado el de Hector Osuna. La categoría de caricatura ha sido considerada tradicionalmente secundaria dentro del género periodístico, pero en este caso, los "vivas", los "bravos" y el entusiasmo con los cuales fue recibido el nombre de Osuna fueron comparables sólamente con los que se registraron cuando subieron al escenario Daniel Samper y su combo de la Unidad Investigativa de El Tiempo.
El hombre detrás de esta distinción es un ex seminarista paisa, de 45 años, quien le ha dado a la caricatura en Colombia un peso y una beligerancia que no se habían visto desde los días de Rendón. Con mayor o menor intensidad, todos los presidentes, desde la creación del Frente Nacional, han padecido la agudeza de su plumilla. Esta, muchas veces, con trazos rápidos pero firmes, logra reflejar sentimientos generalizados que no encuentran por otros canales una expresión tan concreta. Ni siquiera las víctimas de sus implacables ataques niegan su genio, ni el inmenso impacto que sus caricaturas tienen sobre la opinión pública. Su tira "Rasgos y rasguños" en El Espectador del domingo, pueden ser el más contundente editorial del país. No sería exagerado afirmar que la lectura de esa secuencia de caricaturas en la página tercera del diario de los Cano, se ha convertido para la clase dirigente colombiana, al lado de la levantada tarde y del desayuno "trancado", en un irremplazable hábito dominical.
Ser caricaturista requiere la doble condición del buen dibujo y el agudo sentido del humor. Osuna es, probablemente, el mejor en cada una de estas categorías. Timoteo (Hugo Barti) de El Siglo reune también estas características, pero su lenguaje es más sutil y esto lo vuelve elitista.

DESDE LOS SEIS AÑOS
Héctor Osuna heredó el talento artistico de sus padres. Su madre, paisa de pura cepa, graduada en bellas artes y profesora, estimuló su vocación. Su padre, bogotano y dibujante experto, le dio el tono del humor típicamente cachaco. Desde los seis años, tirado en el suelo, dibujaba caras y hacía retratos de políticos destacados de la época. Nunca pintó paisajes ni bodegones. Del retrato que requiere un cierto poder de análisis, pasó a la caricatura que exige una habilidad de síntesis. Y se quedó ahí: con las fisonomías. El mismo afirma que es un amateur y que sus fallas en perspectiva y ambientación se deben a su falta de academia. Sin embargo, un simple vistazo a sus dibujos de infancia revela que esto realmente no fue muy grave. De ojos pequeños y mirada incisiva, es reflexivo y meditador. Al igual que Klim, no puede ser más grande la distancia entre el sentido del humor que proyecta en sus dibujos y su personalidad tímida y retraída.
A los 11 años sus dibujos ya muestran el talento y la madurez de un gran dibujante. Esto y una precoz inclinación política lo llevaron a producir una interesante galería de retratos de los presidentes de la República. Pero, más sorprendente aún es "Social", una revista diseñada, ilustrada y escrita en su totalidad por él, en hojas rayadas de cuaderno, copiando la revista SEMANA de ese entonces, inclusive en las portadas de su legendario caricaturista Jorge Franklin. Cualquiera que observe detenidamente estos documentos (ver facsímiles), no podrá dejar de expresar su asombro al enterarse de que fueron hechos por un niño de apenas 12 años.
El seminario, donde pasó cinco años de su vida, dejó sin duda alguna, su huella profunda. Esto se refleja no sólo en sus conocimientos, sino también en su estilo de vida ordenada, austera y casi monacal. Su formación es humanística. Conoce el latin y el griego y ha leído los clásicos. Aunque ideológicamente se define a si mismo como "de extracción conservadora, pero no de alineamiento carnetizado", su trabajo dificilmente podía ser más liberal. Su caballito de batalla ha sido durante los últimos años la lucha por los derechos humanos. De ahi su antimilitarismo impenitente que raya, según algunos, en la obsesión. Coincide su periodo de exaltación como el mejor caricaturista del país, Con una semana en la cual su caústica plumilla ha producido las más fuertes criticas de que ha sido objeto hasta ahora el gobierno de Belisario Betancur. En estos días de popularidad y alabanza generalizada al gobierno, cuando el blanco de cualquier crítica se concentra en el ministro de turno, exonerando al presidente, a Osuna no le ha temblado el pulso para abrir fuego contra éste. A diferencia de la oposición lanzada desde aisladas trincheras de damnificados politicos, la crítica de Osuna tiene la legitimidad que otorga la ausencia de compromisos. Su simpatía por la candidatura de Betancur e inclusive el hecho de haber recibido recientemente una amable carta de puño y letra del presidente, expresándole su admiración, no fueron óbice para que días después, durante la controversia entre la Procuraduría y las Fuerzas Armadas, insinuara en sus dibujos que la verdadera responsabilidad recaía en la cabeza del presidente. Interrogado por SEMANA sobre su posición afirma: "No hay en mis caricaturas el prurito de hacer crítica, no es una necesidad de vida o la necesidad de tener vida pública. Todo obedece a una convicción propia. Con ellas sólo me comprometo a mí mismo".
Para Osuna la caricatura lo representa a él y no es el resultado de la política editorial del periodico. Ha sido siempre su trabajo principal y, a veces, su única fuente de ingresos. Por
él abandonó la posibilidad de litigar, de ejercer el derecho, campo en el cual fue brillante alumno de la Universidad del Rosario. Aunque ya en el seminario se especializaba en caricaturas de sus compañeros y profesores, fue en El Siglo, en el año 59, donde hizo sus primeros pinitos públicos. Luego pasó a El Espectador donde ha permanecido cerca de 20 años. Hoy su identificación con el diario de los Cano es similar a la de Daniel Samper con el diario de los Santos. "El poder que pueda tener para influir en la opinión, afirma Osuna, tal vez se deriva del hecho de que pertenezco a un órgano de opinión". Sin embargo, piensa que la caricatura, aunque tiene un valor de opinión, no produce el mismo efecto que puede provocar el comentario de un periodista. "Puedo ser contundente con mis caricaturas, pero el hecho de que haya humor, de que la caricatura esté a medio camino entre la intrascendencia y la beligerancia crítica, determinan que la caricatura no se tome muy en serio".
Esto bien puede ser un exceso de modestia. Encumbrados personajes, encabezados por los presidentes de la República en los últimos 25 años, tal vez no podrían afirmar lo mismo.

-HABLA OSUNA
SEMANA.: ¿Cuál cree que ha sido su mayor aporte en el campo de la caricatura?
HECTOR OSUNA.: Creo que reivindiqué la independencia para la caricatura. Antes no era independiente. Era la decoración para el editorial.
S.: ¿Alguna vez ha recibido presiones para que no publique alguna caricatura?
H .O.: Parece mentira, pero no. He tenido libertad absoluta y me considero uno de los pocos colombianos que ha tenido libertad de prensa.
S.: ¿Cuáles han sido los momentos de mayor contradicción entre la política editorial del periódico y la suya?
H.O.: Durante el gobierno de Carlos Lleras, cuando se hacía el debate a Fadul y Peñalosa, el periódico defendía al gobierno y yo publiqué una caricatura en contra que, entre paréntesis, pasó a los anales del Congreso. También, cuando se lanzó la caricatura de Barco, El Espectador era barquista, pero a mí me publicaron una caricatura en contra.
S.: ¿Según usted, cuál es la función de la caricatura?
H.O.: Cumple funciones claras y específicas: desde airear la página editorial, hasta impulsar la crítica. Presta el servicio de la gracia, del humor, de la distensión.
S.: ¿Hay momentos especiales que favorecen al caricaturista?
H.O.: Sí, hay momentos claves que si se saben coger o lo cogen a uno despierto, son afortunados. Para hacer caricatura no hay mejor aporte que un mal gobierno.
S.: ¿A qué tipo de público pretende llegar?
H.O.: No me interesa tener un público masivo. Me interesa un público político multiplicador de opinión.

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