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| 12/3/2005 12:00:00 AM

Otra forma de ver el mundo

Son varias las mujeres que hicieron grandes transformaciones en el arte colombiano, todas registraron las rarezas y las virtudes de la sociedad.

¿Mujeres en el arte colombiano? Un listado de importancia siempre es injusto y subjetivo. Casi todos los nombres quedan excluidos y más aún cuando la importancia, en este caso, está basada únicamente en mi memoria. Voy a rescatar imágenes y obras que recuerdo de mujeres relacionadas con el arte y que ampliaron mi manera de ver el mundo. Hay que empezar por Marta Traba. Creo que su importancia en el arte colombiano tiene que ver con alguien que llega con la información oportuna al lugar correcto. Es decir, su conocimiento muy amplio de las transformaciones del arte moderno combinado con una sociedad cerrada estéticamente, produjo una especie de "iluminación". Hoy rescato ante todo sus escritos, porque son la relación exacta de dos acciones combinadas: ver y escribir. Yo creo que en los últimos tiempos la crítica de arte afronta un problema muy complejo -y digo crítica porque soy de las que creo que sí existe crítica de arte en Colombia, se escribe sobre arte en la universidad y en revistas especializadas, escriben sobre todo los artistas-, pero estas reseñas en su mayoría son ilegibles, incluso las mías. Es necesario nombrar enseguida a Beatriz González. A pesar del cansancio de la pintura por la falta de claridad para escoger temas pertinentes y de la inercia en el tratamiento de los materiales, sus pinturas insisten en sorprendernos; tanto, que se pueden definir como un icono. Y sí que lo logra, porque explora todavía el dibujo y el color, ya que ella sabe que son las posibilidades que tiene lo visual para crear símbolos, y además escoge los temas que permiten construir una imagen siempre vigilante de la conciencia colectiva. En ese mismo interés por definir el arte más allá de lo decorativo e intrascendente, las acciones de María Teresa Hincapié son como un manifiesto de lo que hemos olvidado: la capacidad de ritualizar la vida cotidiana y de habitar un mundo pequeño, íntimo, con una actitud crítica y también reconciliadora. Es innegable que Doris Salcedo transformó la manera de hacer escultura en Colombia. Usa otro tipo de materiales, escogidos por motivos existenciales. Además transformó las acciones para darles forma y entonces, envolver, amarrar, coser, recubrir, son los protagonistas de unos objetos muy cercanos al afecto. Es una lástima que las nuevas generaciones no hayan podido experimentar de cerca Las histéricas o Baila mecánica de Feliza Bursztyn. Una exposición restrospectiva de su obra deberíamos pedir, por favor. El orden del desorden de sus chatarras, y su capacidad para contaminar los materiales que encontraba por ahí con lo que sucedía en la ciudad y en el país, le hace mucha falta al arte colombiano. Imposible olvidar a Gabriela Samper. Fue la precursora del documental en Colombia y una de las primeras artistas interesadas en dejar un "mapa" de los colombianos olvidados. Hay que incluir a Celia de Birbragher, porque dirige hace más 30 años una revista de arte, ArtNexus, que se ha convertido en un puente de comunicación muy importante en Latinoamérica. Y también a Carolina Ponce de León y sus escritos en el periódico El Tiempo a mediados de los años 80, que inauguraron una manera más reflexiva y menos caprichosa de hacer crítica de arte. Abrió muchos caminos en su trabajo en las entidades culturales, y una nueva generación de artistas jóvenes en el momento consolidó su trabajo. En el arte colombiano hay toda una generación que trabaja intensamente y han transformado mi manera de ver la escultura, la pintura el video, el dibujo, la fotografía, siempre con ese "giro" reflexivo que parece necesitar el arte de hoy y que consiste en que no es suficiente pintar o tomar fotografías, sino que también hay que preguntarse acerca de la función del arte en este "raro" mundo en que vivimos. Hay que nombrar entonces a Johanna Calle, Delcy Morelos, María Elvira Escallón, Clemencia Echeverri, Rosario López, María Fernanda Cardoso, e incluso una generación de artistas muy jóvenes como Barbarita Cardoso, Milena Bonilla y María Isabel Rueda. *Profesora. Instituto de Investigaciones Estéticas (Universidad Nacional)

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