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| 5/22/1995 12:00:00 AM

PAPEL ESTELAR

Propal volvió a reportar utilidades, pero los ríos de leche y miel aún están muy lejanos.

EL CAPITULO TERMInó. Atrás parecen haber quedado los malos ratos, los números rojos y la posibilidad de que su sobrevivencia estuviera en entredicho. Para Propal 1994 fue un año menos malo que los anteriores y, el actual, parece ser el de la revancha.
Luego de haber reportado pérdidas durante tres años consecutivos, en su último balance hay una utilidad de mil millones de pesos. A pesar de no compensar los 50.000 millones de pesos de los pasados saldos en rojo, sí sirve de alivio. En 1994 se conjugaron varios factores para que éste fuera el período de la resurrección del papel en el mercado mundial y, en Colombia, por los efectos de la apertura económica.
Tal vez la razón más simple, pero a la vez la más importante, es que la demanda igualó a la oferta. El precio había permanecido bajo por la abundancia del producto. La irrupción de la antigua Unión Soviética en la baraja de productores y la instalación de plantas de gran capacidad en otros sitios del mundo, ocasionó que los precios cayeran a niveles que no compensaban los costos. La tonelada de pulpa llegó a cotizarse a valores de 1916.
Pero si en el panorama internacional llovía, en Colombia tampoco escampaba en materia de oferta. La segunda planta de Propal entró en funcionamiento justo cuando se inició la apertura económica, y el papel estaba por el piso. A los industriales nacionales no les quedó otra opción que vender como si se tratara de papel extranjero. Y como en la mayor parte de los sectores de la producción, el contrabando también metió sus goles. Algunos importadores declararon su mercancía como material cultural o científico, que está libre de impuestos, para utilizarla con otros fines.
El alza en los precios ha significado indudablemente una ayuda, aunque en Colombia éstos han subido menos que en otros lugares del mundo. Sin embargo, en Europa y Estados Unidos se están impulsando medidas legislativas para evitar la explotación de áreas boscosas, utilizadas en la fabricación de pulpa, y para reducir el vertimiento de toxinas en las fuentes de agua. Los industriales califican la medida de exagerada y lesiva, pero de tener éxito, se podrían elevar los costos del papel a niveles incluso superiores a los actuales, pues las plantas productoras tendrían que hacer inversiones del orden de 11.5 billones de dólares.
Y lo peor es que el fantasma ecológico no sólo ronda en los países industrializados. Otros grandes fabricantes como Brasil también podrían ser vetados por el sello verde.
En Colombia la sombra no es ambientalista, pues empresas como Propal trabajan con bagazo de caña, insumo que es visto con buenos ojos en los mercados internacionales. Aquí el coco son las altas tasas de interés, pues se encarecieron los costos de los préstamos. Y es que el crédito fue la tabla de salvación durante el período de vacas flacas. Propal se vio obligada a hacer grandes inversiones para salvarse de la quiebra, pero una vez pasada la tormenta y con un balance positivo, espera poder renegociar sus empréstitos. Sin embargo, ahora resulta demasiado costoso. Su endeudamiento es cercano al 52 por ciento, pero a causa de los costos financieros, es probable que vaya a ajustar de nuevo los precios. Claro que es poco probable que el aumento total en el año supere el 55 por ciento.
La mayor ventaja para los fabricantes de papel es que con tantas turbulencias en el ambiente, es difícil que nuevas firmas se metan en el negocio. Tendencia que les beneficia, porque los precios seguirán subiendo por el ascensor.
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