Lunes, 23 de enero de 2017

| 1993/12/20 00:00

Pasiones presidenciales

Una reciente biografia muestra a Kennedy como un playboy alborotado por el sexo desde su temprana juventud.

Pasiones presidenciales

ALGUNOS ANALISTAS CONsideran que la mayor realización de John F. Kennedy no fueron sus programas de gobierno sino su leyenda .
Y como parte muy importante de esa leyenda hay un capítulo de la vida de Kennedy que, al pasar 30 años, es tan citado como sus dudosas decisiones sobre Vietnam. Es su vida sexual de adolescente, de joven y de presidente.
No hay un solo mandatario de Estados Unidos cuya vida sexual haya sido más auscultada que la de Kennedy.
La razón del interés no es un ensañamiento morboso contra un mandatario a quien los historiadores han comenzado a reconocerle otros legados (el religioso, por ejemplo). No. La ex plicación de tanta literatura es que la agitada e incontrolable fuerza libidinosa de Kennedy dejó en el camino muchas pruebas o prendas regadas, muchos enredos de faldas que para un hombre público y público eran imposibles de ocultar.
Cuando Kennedy asumió el poder, uno de sus edecanes comentó: "Esta administración va a ser por el sexo lo que la anterior por el golf" .
El vaticinio se cumplió. De acuerdo con Michael John Sullivan, quien escribió el libro "Las pasiones presidenciales" muchos observadores creen que Kennedy, quien convirtió la piscina privada del interior de la Casa Blanca en un nido de pasión, tenia relaciones sexuales "ilicitas" a diario.
Las más conocidas y borrascosa relaciones del Presidente fueron con las actrices Marilyn Monroe y Angie Dickinson. Pero por la Casa Blancadesfilaron muchas otras, tan hermosa como anónimas, que de pronto aparecen vendiendo sus memorias eróticas alguna casa editorial de Estados Unidos para aumentar la sexoteca de Kennedy.
Pero la pasión de Kennedy no comenzó en la Casa Blanca. Una extensa biografía publicada recientemente(Reckless youth) muestra a un joven playboy alborotado por el sexo que escribía cartas a sus más cercanos amigo desde el hospital en las que abiertamente confesaba cuantas veces se másturbaba pensando en las voluptuosa enfermeras.
Una de las enfermeras, escribió Kennedy, le había prometido que "morbosearían" un rato, pero, al enterarse de que era menor de edad, se arrepintió.
Kennedy, quien se recuperaba de una delicada enfermedad estomacal que lo agobió durante toda su vida, se quejaba de que su miembro parecía que hubiera pasado por un rodillo exprimidor de ropa.
"Hay que tirarse a las mujeres y conseguir más", escribió a su entrañable amigo Lem Billings en otra carta, cuando se había recuperado y empezado una agitada vida sexual que casi le cuesta la expulsión del colegio.
En otra de sus cartas sinceras, "Jack" como le decían sus amigos, describía sus escapadas a un burdel de prostitutas mexicanas. "Tire en una casa de putas mexicanas por solo 65 centavos. Me siento en forma y limpio".
El ejemplo de su padre no era el mejor. En una ocasión Jack regresó a su casa de la escuela y encontró su cama cubierta con revistas pornográficas todas abiertas.
Según el autor de "Pasiones presidenciales", hubo por lo menos dos mujeres que se negaron a acostarse con Kennedy cuando era presidente. Fueron las hermanas Olivia de Havilland y Joan Fontaine. El libro dice que cuando Fontaine dijo que no, le comentó a Kennedy que el padre de este también se lo había propuesto. "Lo unico que espero es que yo sea igual a el cuando llegue a su edad ", contestó Kennedy.
Una de las descripciones más sinceras de su carácter en el libro la da una de sus amigas: "Jack" nunca se había enamorado. Le gustaban las mujeres, las necesitaba, pero nunca deseó comprometerse en una relación. Lo único que le interesaba era el sexo. Alguna vez me dijo: "Me gusta la conquista, ese es el reto. Me gusta la competencia del hombre y la mujer. Es la persecución. No el final". Ese era realmente su principio. Era la razón por la cual no era una persona profunda en algunos aspectos, y la razón por la cual no era una persona intelectual pese a que se las daba de ambas cosas. Nunca pretendió presumir conmigo porque yo lo conocía muy bien, pero por eso no lo respetaba menos. De hecho yo lo amaba más porque no era perfecto. El tenza esos leves pecadillos,esas caídas".

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