Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 2005/12/03 00:00

A un paso del poder

Se dice que la influencia de las Primeras Damas es tal, que son el poder detrás del poder. Pero también se dice que ellas son solo protocolo. ¿Cuál es la verdad?

A un paso del poder

Primera Dama. El título, formal, importado y pomposo en exceso, ya da una medida sobre las dificultades que implica la definición de las funciones de las esposas de los presidentes. ¿El poder detrás del trono? No pasa el examen de las exigencias democráticas contemporáneas. ¿Decoración y figura protocolaria? Demasiado machista en la era de la saludable revolución femenina. ¿Un justo medio? Por intentar un equilibrio no resuelve la confusión. La compañera de cuarto del jefe del Estado tiene todas las ventajas que envidian los funcionarios del gobierno. No tiene que ganarse la confianza ni competir por acceso al presidente. De hecho, lo tiene en sus horas más tranquilas. Y como un político nunca deja de serlo, lo que pasa en los momentos de privacidad de la 'primera pareja' con frecuencia tiene connotaciones públicas. De toda clase. Eva Perón, en Argentina, se acercó a sectores de descamisados sin los cuales su marido no habría podido gobernar. La convirtieron en ídolo y se la jugaron por ella para evitar el éxito de un golpe de Estado que intentaba derrocar al presidente Juan Domingo Perón, el 17 de octubre de 1945. Un discurso de Evita lo sacó de la cárcel. No todos los casos muestran compromiso de la compañera con la causa política del jefe del Gobierno. Susana Higuchi -ex de Alberto Fujimori, en el Perú- y Zulema Yoma -antigua esposa de Carlos Menem en Argentina- se pelearon, divorciaron y asumieron la crítica pública y abierta de ambos apenados presidentes. Todavía la Higuchi anda entre juzgados y tribunales de Lima presentando testimonios contra Fujimori sobre los escándalos creados por el ominoso Vladimiro Montesinos. Todo indica que el icono de moda es Hillary Clinton. Es decir, la mujer inteligente y formada que brilla con luz propia. Leales a sus maridos -hay que ver por las que pasó, y perdono, la hoy flamante senadora por Nueva York- les respetan sus campos de acción pero se proyectan con sus propias carreras políticas en el largo plazo. La Clinton puntea en las encuestas de los demócratas, en Estados Unidos, para el 2008. Cristina Fernández -la esposa Néstor Kirchner, el actual mandatario argentino- es senadora y va para largo. Martha Sahún, la ex jefe de prensa de Vicente Fox que se casó con él cuando ya era presidente, acaba de anunciar que no será candidata en las elecciones del año entrante, pero se le vieron las ganas y todo indica que solo pospuso sus ambiciones para no afectar la imagen del presidente. En Colombia, fiel al espíritu santanderista, el tema ha tenido connotaciones legales: en 1994 la Corte Constitucional declaró que la primera dama...¡no existe! Se había producido un gran debate sobre las funciones y el presupuesto que maneja la señora del presidente. ¿A quién reporta? Se preguntaban unos. ¿Qué derechos tiene alguien que no fue elegida por voto popular? Cuestionaban unos veedores que se crearon en la época para vigilar y proteger el 'tesoro público'. El despacho se acabó, y los programas que manejaba entonces tuvieron que ser asumidos por otras entidades. Algunas, incluso, por la presidencia de la República: el mandamás del país, al parecer, también manda en la 'primera familia'. Las colombianas La historia de las esposas de presidentes en Colombia es larga: la actual, Lina Moreno de Uribe, es la número 108. La mayoría, en un país en el cual el poder ha sido cosa de hombres, fueron discretas y su visibilidad pública se limitó al elegante protocolo. Pero hubo algunas que sonaron y fueron famosas. La vida de Soledad Román, goda y católica, estuvo llena de leyendas y de rechazos porque fue la única, después de Manuelita Sáenz, que llegó al lecho presidencial sin matrimonio bendecido por la Iglesia. Era casada por lo civil con Rafael Núñez: todo un desafío para la rancia aristocracia santafereña. La 'niña Ceci' se comprometió tanto con los gustos y pasiones de su esposo, el ex presidente Alfonso López Michelsen -primer gobernador del Cesar y alma del festival Vallenato- que su nombre se incrustó en varios canciones de los más conocidos intérpretes de ese género. Doña Bertha Hernández de Ospina Pérez criaba orquídeas, poseía una personalidad arrolladora y desde que su marido, Mariano, dejó la política (fue presidente entre 1946 y 1950) fue una exitosa columnista del diario La República, desde la cual repartía tábanos (era el nombre de la columna) a diestra y siniestra. Con la modernización del concepto de la presidencia, es decir de la infraestructura que apoya la gestión del jefe del gobierno, también ha cambiado el de las primeras damas. La ley establece que presiden la junta del Instituto de Bienestar Familiar y pueden ser nombradas en cargos públicos, como cualquier otro ciudadano, cosa que ningún presidente ha sido tan macho de intentar. El escenario es débil, desde el punto de vista institucional, y contrasta con las obligaciones y expectativas de los gobernados. En la comunidad latinoamericana, por ejemplo, desde hace un tiempo se establecieron reuniones cumbres de las esposas de los gobernantes. Tienen poca publicidad, menos presupuesto, y una agenda previsible: asuntos culturales, programas de asistencia humanitaria, proyectos de cooperación. Desde los años noventa, las esposas de los mandatarios colombianos se han dividido entre las discretas y las protagonistas. En la primera categoría aparecen Carolina Isackson de Barco -madre de la actual Canciller, que le heredó todas sus virtudes- y Nohra Puyana de Pastrana. Aparecían poco, nadie les vio intereses políticos personales, no les molestaba el protocolo, sobresalían por su elegancia y disfrutaban acompañar a sus maridos en las giras internacionales. Jacquin de Samper fue la lealtad encarnada. En los difíciles tiempos del 'salto social', fue la fuente de apoyo más definitiva para Ernesto Samper. Sin esa fortaleza incomprensible, otras habrían sido las historias de su marido.y del ex embajador Frechette. Tan decisivo fue su papel, que en los momentos más críticos del proceso 8000, la intentaron involucrar en las investigaciones sobre la financiación de la campaña. Sin resultados, por supuesto, diferentes a consolidar su terca y admirable solidaridad con Ernesto. Ana Milena Muñoz fue la ejecutiva por excelencia. Propició su propio revolcón en la función tradicional que ejercían las primeras damas. Colfuturo, Batuta y el Banco Social son algunas de las programas que estimuló desde su controvertido despacho. También trajo a UNICEF a Colombia y coordinó la Comisión del V Centenario. Tanta intensidad y el ritmo paisa, en este caso pereirano, fueron la que pusieron nervioso al Veedor del Tesoro, el verdugo de esta sana institución. La actual primera dama, Lina Moreno, está en el grupo de las discretas, pero además encabeza el de las sencillas. Ha dado muy pocas entrevistas, casi no se le ve al lado de 'Uribe', como lo llama, y hasta se excusa de los intensos viajes internacionales a los que los colegas de Uribe siempre van acompañados. El poder no la seduce. Incluso le molestan algunos de sus aspectos: los formalismos, la pompa, la artificialidad. Y con una sorprendente espontaneidad ha ganado hinchas en terrenos donde el marido no tiene mucha llegada (¡que son muy pocos!). ¿Cosas de paisas? Tal vez, porque este exitoso perfil despierta inevitablemente los recuerdos de Rosa Helena de Betancur. La historia, en fin, es larga. Ciento ocho peldaños que ya deberían servir para llevar a la presidencia a una mujer, pero no en calidad de consorte sino de titular. Para un país que anhela el cambio, nada lo aseguraría con mayor certeza. Entre otras cosas, ahí sí habría buenos argumentos para acabar con el despacho de la primera dama. Destacado La ley establece que presiden la junta del Instituto de Bienestar Familiar y pueden ser nombradas en cargos públicos, como cualquier otro ciudadano, cosa que ningún presidente ha sido tan macho de intentar

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