Viernes, 20 de enero de 2017

| 2005/02/28 00:00

Pasos de gigante

Las cajas de compensación invierten más de un billón de pesos al año en responsabilidad social. Este sector beneficia con programas sociales a más de 10 millones de colombianos.

Millones de colombianos de todas las edades han logrado capacitarse gracias a las cajas de compensación.

Desde su creación hace 50 años, las cajas de compensación debieron adoptar un papel principal en el tema de la responsabilidad social empresarial. Inicialmente asumieron la misión de entregar a los trabajadores de menores ingresos bonos en dinero para aliviar su carga económica. Más adelante, con los recursos que captaban de las empresas aportantes decidieron revertir las ganancias en los empelados. Fue así como empezaron a desarrollar proyectos de vivienda de interés social que les permitieran tener un techo más fácilmente, los vincularon a los servicios de salud a través de las redes de IPS, promovieron la cultura y la recreación entre los empleados y sus familias, y de esta forma asumieron su compromiso con la comunidad.

Hoy se han convertido en el principal generador de empleo y de empresa como ningún otro sector de la economía. Actualmente, y gracias al buen manejo operativo que han demostrado, se les ha asignado la administración de los recursos para los programas sociales que antes estaban a cargo del Estado, como el Fondo de Promoción al Empleo y Protección al Desempleo (Fonede), el Fondo de Vivienda de Interés social (Fovis) y el Fondo de Atención Integral a la Niñez (Foniñez). Álvaro José Cobo Soto, presidente de Asocajas -que maneja los aportes de las 52 entidades vinculadas-, asegura que "la alianza creada entre empresarios y trabajadores llevó a las cajas a constituirse en modelo de gerencia administrativa en el campo de la inversión social".

En este momento, la Superintendencia Bancaria está evaluando la aprobación de un consorcio entre Cafam, Colsubsidio y Comfama para la compra de la Compañía de Financiamiento Comercial Finamérica, que prestaría servicios de crédito y ahorro a los trabajadores que no tienen acceso al sector financiero por su baja capacidad de pago, y que están interesados en desarrollar microempresas.

Pero la responsabilidad social de las cajas de compensación va más allá. En trabajo conjunto con las alcaldías, las gobernaciones y algunas entidades privadas, realizan programas de desarrollo sostenible en otros frentes. Cafam, por ejemplo, está comprometida con la preservación del medio ambiente. Lo hace mediante el reciclaje de toneladas de material en los supermercados, el manejo de protocolos de mantenimiento en sus instalaciones y equipos.

La cultura y el entretenimiento también son una necesidad, y eso lo tienen claro las cajas de compensación. Con esa premisa, cada una ha construido centros de recreación, como el de Cafam en Melgar. Colsubsidio cuenta con el Museo de Museos, la pinacoteca, el Teatro Roberto Arias Pérez y el parque recreativo Piscilago, visitado por más de 500.000 personas al año. Colsubsidio además tiene un convenio con la Alcaldía Mayor de Bogotá para administrar la Red de Bibliotecas Públicas, de la que hacen parte las bibliotecas Virgilio Barco, de El Tunal y El Tintal, además de seis bibliotecas locales y 11 descentralizadas o de barrio.

La educación y la capacitación son otros de los frentes de interés. Hoy en día administran varios colegios dados en concesión por las secretarías de Educación. Las cajas son las encargadas de poner en manos calificadas la educación de los estudiantes. Comfenalco, por ejemplo, ha realizado alianzas con la Universidad Agraria y el Sena para que capaciten a los estudiantes de los últimos grados en programas técnicos. La idea es que la capacitación les ayude a vincularse más fácilmente al mercado laboral y a crear sus propios negocios.

Ayudar a la comunidad y mejorar el logro de las metas corporativas son dos principios íntimamente ligados. Les corresponde a las cajas de compensación familiar potenciar su sector -que si bien es de origen privado tiene funciones públicas y sociales- y volver eficiente el uso de los recursos de tal forma que se logren beneficios tanto para él mismo como para la sociedad.

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