Miércoles, 7 de diciembre de 2016

| 1992/07/06 00:00

Paternidad: La fiesta brava

Paternidad: La fiesta brava

HASTA MEDIADOS DE SIGLO la paternidad se parecía a la fiesta brava: las mamás se lanzaban a capotear a los hijos en la arena mientras los padres veían los toros desde la barrera. El espectáculo resultaba tan natural como lo era el deber de los padres de mantener el hogar. Hoy las cosas han cambiado bastante y así como las madres se lanzaron al ruedo en el trabajo, los padres hacen parte de la faena del hogar.
Machos, fuertes y con el peso de la autoridad sobre sus hombros, la función predominante de los padres de las cinco primeras décadas del siglo era conseguir el pan de cada día. La crianza era el deber de la madre mientras el padre llegaba después del trabajo a imponer su autoridad en casa.
La tendencia de la época reflejaba un modelo de papá trabajador con rasgos autoritarios que exigía lo mejor a sus hijos pero a través de la imposición. Por su parte, la madre era la mujer encargada del hogar y la mano dulce de la familia.
Esta estampa fue el modelo para muchos hogares que apenas nacían en los 60. Sin embargo, de una década tan revoltosa e inquieta como esa surgieron trascendentales cambios sociales que marcaron la sociedad contemporánea, y por supuesto, la familia.
La liberación femenina, los avances de las comunicaciones y de la información, la llegada del hombre a la Luna, los Beatles, los jeans, la marihuana y el pacifismo fueron las principales características de la época. Una década que impregnó de revolución a los 70 y 80 con mujeres que se desprendían del hogar, hombres que lavaban platos, niños en los jardines infantiles desde edades tempranas, abuelas con dotes de niñeras, supermadres ejecutivas.
Tres décadas en las que se deseaba conseguirlo todo en un instante: profesión, maternidad, familia, amor, éxito, dinero y poder. No obstante la situación no era una novela rosa. La verdad es que distaba mucho de serlo y así lo demostraron diversas investigaciones.
Tanto sicólogos sociales como sociólogos detectaron que las comunicaciones, la liberación femenina y la ausencia de la madre en el hogar había desencadenado un fenómeno alarmante: la desintegración del núcleo familiar. Fue así como se criaron tres generaciones de hombres de padres trabajadores, independientes pero con un vacío familiar.

Pero la gravedad iva más allá. Los hijos fueron las victimas directas de estas revoluciones. Y prueba de ello es que fué precisamente durante está época en la que se presentó con mayor frecuencia la necesidad de terapistas, fonoaudiólogas y profesoras que enseñaban a los niños cosas tan sencillas como hablar, saltar o pintar.
Según las especialistas Clara Virginia de Espinosa y Elsa De Narváez de Crane, "la necesidad de recurrir a profesionales para completar el desarrollo del niño, en muchas ocasiones no es más que un reflejo de la ausencia de los padres en la crianza. El niño necesita una fonoaudióloga porque mientras los padres trabajan él no encuentra un modelo que le enseñe a hablar. El modelo perfecto para aprender son los padres".
Pero el impacto de la liberación femenina no sólo trajo estos efectos desintegradores en la familia. Si bien produjo cambios importantes en el hogar, también lo hizo con los roles de los miembros que lo conforman. Mientras el papel de la madre cambió sustancialmente al ser profesional de éxito, el padre no se quedó atrás. Los movimientos profeministas liberaron al hombre de esa máscara autoritaria y cerrada en familia. Algunos expertos aseguran que el padre moderno se hizo más cercano a sus hijos y se concientizó del hogar a causa de la ausencia de la madre en el día a día de la familia.
La nueva tendencia
A finales de la década de los 80 y comienzos de los 90 la tendencia varió de manera radical. Tanto la abundante información sobre el tema como la experiencia con los hijos de generaciones anteriores dieron como resultado un nuevo comportamiento. Las mujeres profesionales que habían desafiado sus retos laborales y salido victoriosas de ellos, decidieron con autonomía regresar al hogar y dedicarse a la crianza. Para ellas, mujeres con capacidad intelectual, sin frustraciones laborales y realizadas exitosamente en su carrera, el rol más importante es el de ser madres. Lejos de querer la libertad a toda costa como las mujeres de los 60, la mayoría de madres de los 90 han decidido dedicarse a sus hijos. Numerosos estudios realizados por investigadores norteamericanos registraron que la tendencia de regreso al hogar en la mujer es cada vez más común.
Cerca del 75 por ciento de dos mil mujeres encuestadas en Estados Unidos respondieron que eran partidarias de un trabajo de medio tiempo para poder atender a sus hijos en las tardes. Pero no sólo ellas desean regresar al hogar. Los hombres han revisado sus conceptos de crianza y educación. Para ellos el hecho de que su esposa esté con los hijos tiene un inmenso valor. En la nueva concepción másculina también es importante un trabajo de medio tiempo.
No obstante, este sueño que es privilegio de muy pocas féminas en el mundo, resulta bastante difícil de alcanzar. La situación económica, la importancia del salario de la mujer en el hogar y la realización profesional del sexo femenino, desencadenan comportamientos nuevos en la familia.
Si en los años 50 el padre era el "jefe del hogar", en los 90 hay dos cabezas a cargo de tan importante empresa. Los especialistas aseguran que la diferencia en la capacidad de los sexos no sólo se ha evaporado en el campo profesional. El hogar tambien ha sido un campo de prueba para demostrar que los hombres son tan buenos "amas de casa" como las mujeres.
Pero, aunque mucho se habla del nuevo rol de la mujer, poco o nada se sabe sobre el cambio del comportamiento masculino. ¿Qué pasa con los papás en esta nueva transformación de la familia contemporánea? Mientras se ha estudiado mucho el regreso de la mujer al hogar, la verdad es que poco se ha logrado conocer sobre el nuevo papel que desempeña el padre en esta nueva tendencia.
Si bien la perspectiva y las ambiciones de las mujeres estan cambiando, las de los hombres varían aceleradamente. Lejos de esa figura paterna autoritaria, seria y poco accesible a los hijos, se encuentra la imagen de un padre moderno que busca cada vez más y con más afán acercarse a sus hijos.
Según Clara Virginia de Espinosa, "después de los 80 la pareja comenzó como equipo a darse apoyo y a compartir el ejercicio de la crianza". Esto marcó un salto muy importante en la fa milia contemporánea por que por primera vez a lo largo y ancho del siglo se detecta el comienzo hacia la valoración generalizada por parte de la sociedad, de la crianza de los hijos.
El rol de ama de casa que durante las décadas de los 60, 70 y 80 era denigrado entre las mujeres profesionales, ha comenzado a adquirir estatus y dignidad. Entre tanto, los padres comienzan a pelear hombro a hombro el derecho a disfrutar de la paternidad con lujo de detalles. Y no se trata de un rosario de palabras que puedan caer en el vacío. El despertar de la paternidad es tan sorprendente en los hombres jóvenes solteros que ellos luchan con más intensidad la posibilidad de adoptar un hijo para educarlo ellos mismos.
La crisis del recién nacido
Pero ser papá no es un jardín de rosas que llega de un día para otro sin alterar la vida en pareja. Las expertas aseguran que es tal el impacto del recién nacido en el matrimonio que aún en las parejas más estables se produce una crisis.
Sin embargo hoy por hoy la superación de esa situación difícil está en manos de la conciencia que tenga la pareja sobre el nuevo rol que representan. "En la actualidad la comunicación de la pareja, la participación del padre en la crianza, la comprensión de este proceso de paternidad, dan como resultado la adaptación sana de la vida de pareja a la crianza", aseguró Elsa de Crane.
A ello se suma el hecho de que hoy la pareja comenta la forma como quiere educar al niño. Este detalle que para muchos puede parecer insignificante es, según las expertas, muy importante porque fija metas comunes entre el padre y la madre. Es así como hoy se encuentran padres jóvenes que sumergidos en el mundo de la crianza han desarrollado la capacidad de negociación con sus hijos, la comunicación y la autoestima de los niños.
La participación de igual a igual del padre y de la madre en la educación de los hijos resulta, según los especialistas, una vacuna contra los problemas de drogadicción, rebeldía, alcoholismo y de adaptación durante la adolescencia.
Por eso, para las señoras Espinosa y Crane, "un padre hoy es una persona amorosa que sabe comunicarse con sus hijos, apoyarlos y además es capaz de compartir toda la importancia que exige el rol de la crianza.
Un testimonio
En medio de una teoría amplia y para muchos utópica sobre el nuevo rol de la paternidad, podría parecer que los padres de hoy no han asomado en Colombia la cara. SEMANA conversó con Juan Carlos Atuesta, abogado de 36 años de edad, padre adoptivo de una niña y biológico de un niño de dos años. Este es su testimonio.
"Fui un hombre que quedó "embarazado" cuando mi esposa y yo quedamos en espera del niño. Ya había tenido la experiencia de ser padre adoptivo de nuestra niña de siete años y estaba consciente de lo que esto implicaba. Con el niño quise ser partícipe de todo. Entonces mi esposa y yo hicimos el curso sicoprofiláctico, realicé los ejercicios de respiración con ella. Era el único hombre en ese plan. Hablaba con el bebé desde que estaba en el vientre y le contaba cosas. Estuve en el nacimiento de nuestro hijo, la primera noche dormí con ella, cambié pañales, doy teteros y reservo un tiempo específico de la semana para jugar con el niño.
Por eso creo que lo más difícil es hacerle entender a la gente en el trabajo este concepto de paternidad. Pocas personas entienden la razón por la cual yo me salgo a las 10 de la mañana una vez a la semana para jugar con el niño. Pero creo que es una actitud que vale la pena porque los dos nos comunicamos y tenemos un vínculo muy estrecho. Es un tiempo en el que los dos sembramos para el futuro.-

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