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| 7/12/2010 12:00:00 AM

Precursores y documentos

La conciencia de patria y la idea de la emancipación requirieron el concurso de visionarios que idearon el marco de la independencia.

 
Antonio Nariño y la traducción de los Derechos del Hombre
Al comenzar 1793, el capitán español Cayetano Ramírez Arellano, sobrino del virrey José de Ezpeleta, visitó a Antonio Nariño, joven de 29 años, en su casa de la Plaza de San Francisco -hoy de Santander-. Conocedor del interés de éste por los libros en francés, y aprovechando la ausencia del virrey, le facilitó en préstamo a éste, alcalde regidor de Santa Fe de Bogotá, el tercer tomo de la Histoire de la Révolution et de l'etablissement d'une Constitution en France, libro que en sus páginas 39 a 45 contiene el texto completo de los 17 artículos de la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, aprobada por la Asamblea Nacional de Francia el 4 de agosto de 1789. Tenía razón el militar de aconsejar a Nariño que lo leyera y lo mantuviera en secreto, pues la Santa Inquisición perseguía su lectura.

Meses más tarde Nariño tradujo estos 17 artículos y el 15 de diciembre de 1793 imprimió en su Imprenta Patriótica, con el concurso del impresor Diego Espinosa, hasta 80 ejemplares. Sin embargo no los puso en circulación de manera inmediata. Solamente el 23 de agosto de 1794 el soldado español José Arellano elevó ante las autoridades de Santa Fe la denuncia de los rumores de una sedición. Otro español, Francisco Carrasco, había denunciado a Nariño por traducir y hacer circular los Derechos del Hombre, pues había visto un ejemplar en manos de un estudiante. Con esta denuncia comienza la persecución contra Antonio Nariño, responsable de la primera versión en español que apareció en Hispanoamérica de los Derechos del Hombre.

Esta no fue la única acción que emprendió Nariño para difundir los ideales de la modernidad. En el gabinete de Nariño se generó la primera forma de sociabilidad política en la Nueva Granada, con un efecto restringido a los asistentes a su tertulia. Ese espacio derivó en una "sociedad de pensamiento", donde la elite cultural de Santa Fe discutía las noticias del mundo, temas literarios, la Ilustración o la ciencia. Tuvo la particularidad de constituirse muy pronto en una verdadera sociedad al adoptar estatutos, contar con miembros definidos, tener reuniones periódicas y poseer una simbología propia.

Además, esta tertulia derivó hacia lo político muy rápidamente y con ello pasó de ser una actividad de carácter privado a una actividad pública, en especial cuando Nariño publicó los Derechos del Hombre en 1794. A este Círculo pertenecieron varios de los más importantes actores de los acontecimientos revolucionarios. La primera traducción de los Derechos del Hombre que circuló libremente también corrió por cuenta de Nariño, en 1811. Para entonces era presidente del estado de Cundinamarca.

La Carta de Jamaica
El 16 de febrero de 1815, bajo el mando de Pablo Morillo, zarpó del puerto de Cádiz, España, la expedición militar más grande que España había enviado a América en los tres siglos de dominación colonial. Ante ella, Bolívar decidió viajar a Jamaica el 10 de mayo y emprendió una profunda reflexión de las acciones que hasta ese momento había realizado y planteó las ideas de lo que se debía hacer.

En su residencia en Kingston recibió una carta de su amigo Henry Cullen, fechada el 29 de agosto, y escrita en Falmouth, puerto ubicado en la costa norte de esa isla.

Bolívar aprovechó esta carta para dirigirse al público de habla inglesa y construir una visión total de América a través de una misiva que lleva el titulo Contestación de un americano meridional a un caballero de esta isla, conocida luego como La Carta de Jamaica, escrita el 6 de septiembre de 1815.

La carta comienza por señalar que España ha cortado sus lazos con América: "lo que antes las enlazaba, ya las divide; más grande es el odio que nos ha inspirado la península, que el mar que nos separa de ella; menos difícil es unir los dos continentes, que reconciliar los espíritus de ambos países".

Los argumentos de Bolívar apuntan a mostrar la desigualdad y la discriminación que había padecido la población colonial, mediante la privación de las oportunidades económicas y la exclusión de los cargos públicos. Esto reducía a las colonias a ser fuente de mano de obra y mercado para las manufacturas peninsulares.

La Carta de Jamaica, en su objetivo inicial, publicitar un llamamiento a los americanos para animar las ideas independentistas, no funcionó como tal. Solamente se publicó en inglés en 1818 y su primera versión en español se imprimió en 1833. Sin embargo, Bolívar divulgó su contenido en numerosas proclamas, discursos, y misivas los argumentos esgrimidos en la Carta de Jamaica, razón por la cual se pudo difundir ampliamente las ideas que Bolívar expuso a su amigo Cullen.

Además de señalar los derechos que acompañaban a los americanos para rebelarse y a resistir la opresión, manifiesta ideas que luego se convertían en el eje de su política internacional: "Es una idea grandiosa pretender formar de todo el Nuevo Mundo una sola nación con un solo vínculo que ligue sus partes entre sí y con el todo". Aunque esta idea optimista es seguida de una frase realista: "mas no es posible, porque climas remotos, situaciones diversas, intereses opuestos, caracteres semejantes, dividen a la América". Años más tarde olvidó esta segunda idea, al tratar de llevar a cabo el Congreso Anfictiónico en Panamá.

La rebelión de los comuneros
A igual que las demás colonias de España en América, los habitantes de la Nueva Granada se vieron afectados por las reformas que el régimen borbónico impuso para concentrar de nuevo el poder en la metrópoli y ampliar el sistema tributario para solventar los gastos producidos por las guerras imperiales.

Los criollos empezaron a ser removidos de importantes cargos burocráticos por funcionarios provenientes de España. El régimen fiscal general fue ajustado para lograr un riguroso recaudo de los impuestos sobre la producción y consumo de tabaco y aguardiente. También se elevó el cobro del impuesto de la alcabala, que grababa el ingreso y la salida de bienes comerciables, entre otros.

Los reclamos populares empezaron a crecer 16 de marzo de 1781, cuando se conocieron en El Socorro (Sandander) las nuevas disposiciones del impuesto sobre las ventas. En un gesto de rebeldía, Manuela Beltrán y otros rompieron la tabla del nuevo edicto sobre el modo y precios como debían ser pagados los impuestos. Bajo el lema 'Viva el rey, pero no queremos pagar la Armada de Barlovento', comenzó a crecer un movimiento de descontento, que un mes después logró reunir a 20.000 personas, criollos, mestizos, indios, negros libertos, de más de 60 pueblos. Los dirigentes de la sublevación como Ambrosio Pisco como representante de los indios; José Antonio Galán, de los mestizos, y Francisco Berbeo, Salvador Plata y los demás capitanes del Movimiento como exponentes de los intereses criollos, constituyeron una junta que se denominó 'Común' y le dio origen al nombre de 'Comuneros'. Todos marcharon hacia Bogotá para presionar el desmonte de las nuevas medidas ante el virrey.

Finalmente en Zipaquirá, a una jornada de Santa Fe, se concentró el movimiento, donde comenzaron las negociaciones con los delegados del arzobispo Caballero y Góngora, quien estaba a cargo del gobierno. Finalmente, se firmaron las 'Capitulaciones' de Zipaquirá, compuesta de 35 artículos que recogieron todos los temas. Además se reivindicaban las aspiraciones de los indios para que les devolvieran las minas de sal y los resguardos expropiados, les rebajaran los tributos y se desechara la obligación de pagar por los servicios religiosos. En cuanto a los criollos se devolverían algunos de los cargos que habían pasado a los metropolitanos, y a los negros libres se les eximiría del tributo.

La firma de las 'Capitulaciones' dividió al movimiento. Mientras Juan Francisco Berbeo decidió aceptarlas como salida, Antonio Galán las consideró un engaño. Y no pasó mucho tiempo para que sus temores fueran confirmados. Una vez se dispersó la multitud los acuerdos fueron derogados y Galán fue apresado por las autoridades. Los insurgentes fueron fusilados y descuartizados y sus miembros exhibidos en varias plazas. La Revolución de los Comuneros fue un antecedente de la Independencia, pero sentó un precedente funesto: la desconfianza ante la salida negociada de los conflictos.

Camilo Torres y el Memorial de Agravios
La invasión napoleónica a España desató un gran desconcierto en la Nueva Granada, al igual que en el resto de Hispanoamérica. Los criollos empezaron a esgrimir el argumento de la autonomía frente a una España dominada por Napoleón.

Las sospechas mutuas entre criollos y españoles comenzaron a volverse conflictivas. Y estas tensiones derivaron en Quito la conformación el 10 de agosto de 1809 de una Junta Suprema de Gobierno. Sin embargo, rápidamente fue reprimida por un ejército organizado desde Lima y Santa Fe.

En medio de esta crisis, el Cabildo de Santa Fe le encomendó al abogado Camilo Torres la redacción de un documento, Representación del Cabildo de Bogotá a la Junta Suprema Central de España, más tarde conocido con el nombre de Memorial de Agravios, y que está fechado el 20 de noviembre de ese año.

En este documento Torres plantea que América y España, las denomina como Las Españas, eran parte de un reino con iguales derechos, y debido a ello una parte no podía imponerse sobre la otra. Los funcionarios de cada territorio deberían ser elegidos por sus habitantes y la representación a las Cortes debería ser proporcional. Este Memorial denunciaba la profunda discriminación contra los criollos en la participación de estos en los cargos del Estado. Si bien sus argumentos eran monarquistas y expresaban lealtad por Fernando VII, lo eran siempre y cuando se reconocieran a los cabildos como Juntas Provinciales de Gobierno.

El argumento de este documento estaba en el reconocimiento de los criollos como iguales a los peninsulares, argumento que ya venía siendo esgrimido desde décadas atrás cuando las reformas borbónicas empezaron a diferenciar entre los nacidos en la península y los americanos, política imperial que era vista por estos como un rompimiento del pacto colonial de parte de la corona.

Este documento nunca llegó a su destinatario final, la Junta organizada en España, pues el virrey se opuso a su circulación. Sin embargo, a pesar de no haber sido conocido en su momento por quienes eran sus destinatarios, constituye un documento que recoge las profundas diferencias que al comenzar el siglo XIX separaban a peninsulares y americanos.

El genio de Caldas
Francisco José de Caldas es uno de los jóvenes intelectuales que crecieron y se formaron al amparo de la ilustración y de la Expedición Botánica. Nacido en Popayán, cursó sus estudios en el Colegio Seminario de esa ciudad y en Bogotá en el Colegio Mayor del Rosario. Sorprendió con sus trabajos científicos al sabio José Celestino Mutis, quien en 1802 lo integró a la Expedición. En ese mismo año Mutis comenzaría, en el solar de su casa, la construcción del Observatorio Astronómico de Santafé que finalizaría el 20 de agosto de 1803, cuyo primer director sería el sabio Caldas en 1805.

Tanto Caldas como el observatorio representaron el espíritu de una época: sirvieron a la causa de la independencia y hasta compartieron destinos fatales. El observatorio fue saqueado por las tropas de Bolívar en 1814 y quedó en el completo olvido hasta 1823, y el sabio Caldas fue ejecutado por los realistas en 1816.

Comisión Corográfica
En enero de 1850 partió la primera expedición de la Comisión Corográfica. Durante su recorrido, que duró hasta septiembre del mismo año, Agustín Codazzi, jefe del equipo; Manuel Ancízar, y sus compañeros expedicionarios recorrieron los territorios poco conocidos de Vélez, Socorro, Tundama y Tunja.

Lo que en principio podía parecer un simple viaje de exploradores, en realidad era uno de los proyectos políticos, administrativos, científicos y económicos emprendidos por los gobiernos liberales de la época.

El principal objetivo de la Comisión era conocer de mejor manera el territorio nacional y así volver más eficiente su administración y su gobierno. Por otro lado, pretendía conseguir nuevos productos para su explotación comercial. Aunque este objetivo se logró parcialmente, la Comisión Corográfica se convirtió en uno de los hitos científicos del país, muy comparable con el de la Expedición Botánica.
 
*Historiador, Universidad Nacional.

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