Miércoles, 7 de diciembre de 2016

| 2000/01/17 00:00

PRESERVANDO PARA EL FUTURO

Andrés Dávila y la 'Red de Reservas 'buscan que las generaciones del futuro puedan disfrutar la <BR>naturaleza.

PRESERVANDO PARA EL FUTURO


LA RED DE RESERVAS DE la Sociedad Civil no se llamaba así, se llamaba Red de Reservas Privadas. Pero
les tocó cambiar el nombre "porque sonaba muy gringo y la gente se sentía regañada", asegura Andrés Dávila,
"ya no tenemos letreros como 'prohibido cortar madera ' o 'prohibido cazar', sino 'ayúdenos a cuidar los
árboles, este es el futuro de sus hijos' y cosas así ".
La Red nació hace 10 años. Andrés Dávila tenía en aquel entonces una finca en Sumapaz de 20 hectáreas,
llena de encenillos y otras especies nativas del bosque andino de niebla, el de mayor biodiversidad y uno de
los más frágiles del mundo. Varios amigos suyos acostumbraban a visitar su finca para admirar la naturaleza, y
de allí surgió la idea de comprar más tierra entre varios y convertirla en una reserva. Consiguieron siete fincas
más en Antioquia, Valle, Cundinamarca y Nariño, que ya estaban haciendo algo parecido. Se juntaron en la
pequeña casita del Sumapaz para arreglar los papeles, y así nació la Red de Reservas. "Mi casa era muy
pequeña y nos tocó dormir hasta en el piso de la cocina. Todo era entusiasmo y alpoco tiempo unas 30
personas nos volvimos a reunir en el páramo de Anaime, en el Tolima. Decidimos montar una oficina en Cali y
nos inventamos las reglas de juego". Como producto de este trabajo hoy existen 100 reservas que reúnen más
de 20.000 hectáreas.
¿Pero qué es la Red de Reservas? Es muy simple. Es un grupo de personas que tienen fincas y deciden que la
totalidad o una parte de ellas permanezcan intactas, si aún se conservan en su estado natural. Si no, buscan
recuperar el bosque nativo cuando el uso humano lo ha destruido. "Es algo así como una restauración
ecológica, que se basa en el estudio de las especies que había en la zona y su interacción antes de que el
hombre metiera la mano", afirma Andrés Dávila. Quienes deciden entrar a formar parte de la organización tienen
que seguir unas reglas muy claras: comprometerse a no destruir el bosque nativo ni permitir que nadie lo
haga, si es necesario zonificar su finca para que el ganado o los cultivos no afecten la zona de reserva, y
pagar el equivalente de un salario mínimo al año como contribución al sostenimiento de la organización. Sin
embargo son flexibles. Sus miembros entienden que hay distintos tipos de usos válidos para una reserva.
Algunas personas sólo buscan tener un bosque para ir a contemplarlo, a otros les gusta montar a caballo por
unos senderos bien definidos y otros más, quieren convivir con la tierra, alimentarse de ella y vivir allí. Todo eso
es posible "Si usted decide meterse en este cuento, nosotros les mandamos dos caracterizadores, biólogos
especializados que determinan qué hay que hacer y cómo hacerlo. Así hemos podido salvar los pocos
ejemplares que quedan del chuhuacá. Ese era el árbol que cubría las montañas de lo que hoy son los cerros
orientales de Bogotá. De hecho, los pisos de las casas de La Candelaria están hecho con su madera que es
tanfina que han durado 400 años. Sin embargo, los españoles los acabaron y hoy es una especie en vía de
extinción. Milagrosamente aprendimos cómo reproducirlos y quizás podamos salvarlos".
Todo este esquema era muy inte resante pero tenía una falla estructural. A diferencia de los parques
naturales, que están en manos del gobierno, la permanencia en el tiempo de las reservas privadas depende de
la voluntad de sus dueños y muchas veces esa voluntad se va a la tumba con ellos. "Imagínese que yo me
muero y mi hijo se casa con una loca bien aviona que lo encarreta y lo convence de tumbar los árboles cuya
madera vale un poco de plata.Se pierden 50 años de mi vida. Por eso creamos los Herederos del Planeta.
Los Herederos del Planeta no son otra cosa que una organización de niños y jóvenes, hijos de los dueños de
reservas. Es totalmente independiente y administrada por ellos mismos y pretende generar conciencia sobre
la importancia del medio ambiente. Organizan expediciones, investigan sobre musgos, ecosistemas, hacen
caminos ecológicos y hasta puentes colgantes.
Pero las ambiciones de estos quijotes del medio ambiente no terminan ahí. Ya han hecho varias reuniones
con organizaciones similares en Guatemala, Costa Rica, Brasil y Panamá, para crear una Red de Reservas
latinoamericana. La idea es juntar 500.000 hectáreas en todo el continente y conseguir así voz y voto en los
foros internacionales. En palabras de Andrés Dávila: "Todo esto es muy utópico. Hay árboles que se demoran
50 años en crecer y para entonces yo ya voy a ser alimento de gusanos. Pero mis hijos sí van a verlo. Además
me queda la satisfacción de haber vivido algo que es muy hermoso: ver crecer un bosque".

"Lo que estamos haciendo es para el que gane la guerra. Si gana el Ejército, la guerrilla o los paras, es lo
mismo. El futuro hay que salvarlo, y aunque nos han secuestrado, boleteado, amenazado y asesinado gente,
a los bosques no los matan las balas. Mientras podamos frenar a los señores de la amapola, que destruyen la
mitad del bosque, y a los del glifosato, que destruyen la otra mitad, lograremos que nuestros hijos y nietos
puedan respirar".

Andres Dávila

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