Miércoles, 7 de diciembre de 2016

| 1998/11/30 00:00

PRIMER EXAMEN

Con una espectacular visita de Estadoa Washington, Andrés Pastrana concluye sus primeros 100 días de gobierno. ¿Cuál es el balance?

PRIMER EXAMEN

No es posible afirmar que la luna de miel del presidente Andrés Pastrana haya sido corta porque en realidad jamás la tuvo. Al cumplir los primeros 100 días de su administración el Presidente cuenta con más opositores que cualquiera de sus antecesores en tan corto tiempo. Si a ello se le suma el descenso notable de su popularidad en las encuestas de opinión sería fácil concluir que al gobierno le falta, del invierno, todo el frío. Pero eso sería demasiado simplista y supondría subestimar las capacidades de Pastrana. Al fin y al cabo éste ha demostrado en el pasado una enorme capacidad de perseverar en sus propósitos en medio de los más profundos descensos de popularidad. Y sería también tremendamente injusto, porque por una parte no ha existido un descenso dramático de la popularidad de Pastrana sino un regreso a la que tuvo durante su campaña, descontando el margen de seguidores que lo apoyaron porque no querían a Serpa como Presidente. Y por otra, porque lo cierto es que la administración anterior dejó al país en bancarrota y ser popular en medio de una quiebra requiere mucho más que un buen juicio de responsabilidades. Gobierno oposiciónsin mayoría parlamentaria La causa de una buena parte de los problemas del gobierno reside en que carece de la fortaleza política que tuvieron las amplias coaliciones que apoyaron a los gobiernos anteriores. En un país en el que toda la clase política y una buena parte de las élites están acostumbradas a estar en el poder, adoptar un esquema de gobierno-oposición, como lo ha hecho Pastrana, conlleva siempre grandes riesgos. Sus adversarios, más numerosos y mucho mejor organizados que la administración, han encontrado en una coalición tan débil terreno fértil para el ataque. Virgilio Barco intentó algo semejante y nunca tuvo paz política en el cuatrienio. Resulta irónico que su mayor detractor fuera el ex presidente Misael Pastrana Borrero, quien recibió como un insulto el ofrecimiento de apenas unos cuantos ministerios que le hiciera Barco al Partido Conservador y habló siempre del esquema como un despropósito en un país en crisis. Pero la diferencia entre el planteamiento de Barco y el de Pastrana es aún más profunda. Barco, un clásico liberal decimonónico que no ocultaba sus sentimientos anticlericales y antigodos, impuso ese esquema contando con amplias mayorías en el Congreso. Pastrana es el primer presidente en la historia reciente que lo hace con una frágil minoría parlamentaria.En alguna medida lo que está viviendo Pastrana es el efecto de intentar gobernar sólo con quienes le ayudaron a ganar las elecciones y con sus amigos. En Colombia es muy difícil gobernar aun si se cuenta con el apoyo de todos los partidos y con su representación en el gabinete. Gobernar con pocos resulta en teoría no sólo justificable sino recomendable para fortalecer la democracia. Pero en realidad termina siendo abiertamente temerario. Al fin y al cabo, como dice Gabriel García Márquez, Colombia es un país "destructor de gobiernos".Quizás eso explique en parte el que el gobierno del presidente Samper, en sus primeros 100 días, recibiera unas notas relativamente buenas y en cambio el del presidente Pastrana esté recibiendo la primera dosis de palo por parte de la opinión. Esto sin duda resulta injusto pero Samper, a quien se puede acusar de muchas cosas pero a quien no se le pueden negar sus dotes de habilidoso negociador, logró consolidar durante todo su mandato una fuerte coalición de gobierno que incluía no sólo al Partido Liberal, con algunas excepciones no parlamentarias, sino a buena parte del conservatismo, el sector sindical, los grupos económicos, Hernando Santos y "algunos embajadores depaíses amigos", como él mismo lo dijo hace poco en una entrevista en SEMANA. Pastrana, en cambio, no cuenta con una coalición semejante. El Partido Conservador, representado por Fabio Valencia Cossio, y la corriente liberal que lidera Alfonso Valdivieso, son una coalición de intereses electorales suficientemente fuerte para acceder al poder con la ayuda de un buen candidato y una respetable campaña publicitaria, pero sin duda insuficiente para gobernar. Pero no se puede juzgar al gobierno por su debilidad política o por no estar bien representado en el Congreso. Es probable que la administración tenga en parte la culpa de que eso sea así y que el suyo pueda ser también un problema de comunicaciones. Es probable, además, que en la medida en que Pastrana tenga por fuera de su gobierno a casi todo el liberalismo esta sensación de fragilidad no vaya a desaparecer. Pero lo cierto es que esta proliferación de desempleados de la política y de huérfanos del poder ha contribuido a generar un clima desapacible frente a Pastrana y su gobierno.
La diferencia Pastrana
La verdad es que la llegada de Pastrana al poder sí trajo al país vientos de cambio. El Presidente tiene una gran capacidad de decisión y un sentido del poder. Se le puede acusar de equivocarse pero no de ser indeciso. Quienes asistieron a los eventos que organizó la Casa Blanca la semana pasada para el Presidente de Colombia y quienes pudieron verlos por la televisión fueron testigos de una buena parte de ese cambio. Es evidente que los estadounidenses que-rían subrayar el contraste con la administración Samper, pero hay que darle a Dios lo que es de Dios. El gobierno y el embajador Luis Alberto Moreno aprovecharon bien la coyuntura política y la visita privada que realizó Pastrana a Bill Clinton durante la transición para lograr una invitación, de tal forma que ésta fuera una visita de Estado y no de trabajo y con tal de que se llevara a cabo en un período muy corto. Fue un éxito rotundo. A Chile, por ejemplo, le tomó tres años y centenares de miles de dólares en lobby para que el presidente Eduardo Frei fuera invitado a una visita de Estado.Pero el contraste con la administración Samper no es apenas la recuperación de la respetabilidad de Colombia en el exterior. El contraste es general. El gobierno de Samper se dedicó a defenderse desde el primer momento y de una cima muy alta de popularidad inició un descenso que aún no termina. Pastrana no tiene que defenderse de nada salvo de empezar a poner en orden la casa, lo cual siempre es duro. Este gobierno, además, no ha sido particularmente popular y el regreso a sus números de campaña no preocupan mayormente al Presidente o a su equipo. De hecho, la confianza que tiene en sí mismo y en sus capacidades hace de Pastrana un presidente con un gran don de mando. Todos los que han trabajado con él estos tres meses coinciden en que si hay una cosa clara es que Andrés Pastrana es quien lleva las riendas.El que la opinión tenga bajas expectativas, además, a tan corto tiempo luego de iniciado el gobierno, no es tan malo para el Presidente. Por una parte enseña algo de humildad al equipo de gobierno recién inaugurado y por otra asegura que todo lo que logre el Presidente esté por encima de lo que la gente espera de él.Pastrana ha refrescado también el panorama político, al traer gente nueva al gabinete y al recuperar el manejo serio y ortodoxo de los asuntos públicos. Con todas las dificultades que conlleva, el esquema gobierno-oposición le ha permitido dejar por fuera a los politiqueros de siempre de su gabinete y el que integró es bastante bueno y deja atrás los gabinetes samperistas, en los que por lo general había cuatro o cinco grises representantes de los parlamentarios que apoyaban a Samper en el Congreso.
Los verdaderos problemas
Pero lo cierto es que resulta tan importante para el éxito de un gobierno el respaldo del Parlamento como el de la gente. Y la verdad es que en la vida común y corriente de los ciudadanos va de mal en peor. Y lo que está pesando más en sus juicios sobre el Presidente no es tanto que el coro de los opositores sea más numeroso y por ende más ruidoso que el de sus seguidores, sino la percepción de que la crisis que vive el país no va a mejorar ni en el corto ni en el mediano plazo. En síntesis: el bolsillo. En ese sentido el Presidente sí está pagando los platos rotos de la administración Samper y de un escenario internacional muy malo y lo único que se le podría achacar ante esas dos realidades de a puño es que no haya sido capaz de transmitir optimismo o visión de futuro a los colombianos. No es fácil gobernar un país desencantado. Las sociedades son capaces de aguantar enormes dificultades y largos tiempos de crisis y están dispuestas aun a sacrificarse tanto más por un líder que respetan. Pero fuera de convocar a la gente a perseverar en la búsqueda de propósitos colectivos y transformar la realidad buscando el bienestar de las mayorías, los gobernantes tienen que devolverle a los ciudadanos la esperanza. Y eso no lo ha hecho aún Andrés Pastrana. Pero aun si el Presidente contara con una coalición muy fuerte y recuperara la totalidad de su capacidad de comunicación, es probable que la insatisfacción ciudadana continuara con igual intensidad. Con cifras de desempleo cercanas al 16 por ciento, un déficit fiscal del gobierno central cercano al 5 por ciento del PIB, el agotamiento de las fuentes financieras internacionales y la reforma fiscal arrastrándose, artículo por artículo, entre la bancada liberal en el Congreso, la situación no es muy halagadora. El gobierno tiene cada vez menos dientes, y eso hace que la única pregunta válida no sea si un Presidente cualquiera podría terminar su período sino qué país quedará cuando haya pasado la tormenta.

¿Salto al ring?
No se trata de la Corte Suprema contra el Congreso sino del enfrentamiento entre el gobierno y el Grupo Santo Domingo. El tema es casi clandestino. De él se habla sólo en los salones de la capital. Pero para casi nadie es un secreto que las relaciones entre el Grupo Santo Domingo y el gobierno son muy malas, aunque nadie tiene claro qué tanto de esa pelea es entre el gobierno y el grupo y qué tanto en realidad es entre el gobierno actual y el anterior. Por ejemplo, una de las primeras decisiones tomadas por el nuevo gobierno fue declarar vencidos los períodos de Mónica de Greiff y Jorge Valencia Jaramillo en la Comisión Nacional de Televisión. Aunque a simple vista esta decisión podría considerarse como un acto en contra de la administración anterior, lo cierto es que al ser tan criticado por Caracol Radio, hay quienes piensan que el grupo lo tomó muy a pecho. La verdad es que no hay una sola persona en Colombia que piense que esa pelea es buena, pero todo parece indicar que la inercia del distanciamiento apunta hacia un muy posible choque de trenes. Y la pregunta que se hacen todos es ¿qué tan grande puede ser? ¿será localizado en un solo sector como el de radio o tendrá repercusiones en otros? Nadie sabe la respuesta a estos interrogantes y el desenlace de todo este episodio está por verse. Por lo pronto al Grupo Santo Domingo y al gobierno les puede pasar lo que durante tantos años le ha ocurrido a los gobiernos de Estados Unidos y Cuba. Que las relaciones bilaterales han sido manejadas por los radicales. Y cuando hablan los sensatos, terminan macartizados como traidores. Hoy en el ring apenas están Caracol Radio y recientemente El Espectador por una parte, y Juan Carlos Pastrana por la otra. Sólo falta que suceda lo mismo que en la lucha libre cuando los amigos de los luchadores se suben al cuadrilátero sin ser invitados. Por lo general de su ira no se escapan ni los árbitros..
Promete y vencerás
En tan solo 100 días que lleva su mandato sería apresurado determinar si el Presidente cumplió o no con todo lo prometido puesto que aún tiene mucho tiempo por delante. Sin embargo SEMANA hace un recuento de las promesas que hasta hoy han sido cumplidas, las que están a medias y finalmente las que se han echado en saco roto.
La PROOMESA Visitar países industrializados con interés en el proceso de paz.
LA REALIDAD Así lo demuestra su última visita a Estados Unidos
LA PROMESA Mano dura a los paramilitares.
LA REALIDAD El gobierno ha sido distante con los paramilitares, pero no ha visto una persecución en firme.
LA PROMESA Desmilitarización para el encuentro con las Farc y la reactivación del pre acuerdo de Viana con el ELN.
LA REALIDAD Sí ha cumplido
LA PROMESA Liderar personalmente las negociaciones de paz.
LA REALIDAD Desde un principio ha estado personalmente y a la cabeza en todo lo referente al proceso de paz.
LA PROMESA Nombramientos bajo méritos de un concurso auditado por una firma consultora ajena al gobierno.
LA REALIDAD Los nombramientos se hicieron a dedo.
LA PROMESA Crear un millón de empleos durante los cuatro años.
LA REALIDAD La tasa de desempleo se ha incrementado al 16% en los últimos meses, sin embargo tres meses son poco tiempo.
LA PROMESA Plazos de 30 años para préstamos de vivienda y financiación hasta el 90%. La realidad Hasta ahora la Superintendencia Bancaria no ha incluido estos puntos dentro de sus propuestas de reforma al Upac.
LA PROMESA No privatizar el Sena.
LA REALIDAD El Sena no ha sido privatizado.
LA PROOMESA Reducir impuestos a las empresas que generen nuevos empleos.La realidad No se ve por ninguna parte en el proyecto de ajuste fiscal.
LA PROMESA Crear un bloque de búsqueda contra la corrupción. La realidad Aunque legalmente ya está creado, hasta la fecha no se ha conformado.
LA PROMESA Gran cruzada nacional contra el maltrato y el abuso de los niños con la primera dama.
LA REALIDAD La campaña del Buen Trato ha sido un éxito en los medios.
LA PROMESA Que ninguno de sus funcionarios enfrentará la justicia respaldado en un cargo público. La realidad Por suerte para Pastrana, hasta el momento ninguno de sus funcionarios ha tenido que enfrentar la justicia.
LA PROMESA Reducción gradual del IVA del 16% al 12%.
La realidad Aunque se están discutiendo recortes al IVA, la promesa no se va a cumplir.
LA PROMESA Plan nacional de emergencia social que elimine las diferencias entre ricos y pobres. La realidad Aunque le quedan cuatro años no se ve nada en este sentido.

No es posible afirmar que la luna de miel del presidente Andrés Pastrana haya sido corta porque en realidad jamás la tuvo. Al cumplir los primeros 100 días de su administración el Presidente cuenta con más opositores que cualquiera de sus antecesores en tan corto tiempo. Si a ello se le suma el descenso notable de su popularidad en las encuestas de opinión sería fácil concluir que al gobierno le falta, del invierno, todo el frío. Pero eso sería demasiado simplista y supondría subestimar las capacidades de Pastrana. Al fin y al cabo éste ha demostrado en el pasado una enorme capacidad de perseverar en sus propósitos en medio de los más profundos descensos de popularidad. Y sería también tremendamente injusto, porque por una parte no ha existido un descenso dramático de la popularidad de Pastrana sino un regreso a la que tuvo durante su campaña, descontando el margen de seguidores que lo apoyaron porque no querían a Serpa como Presidente. Y por otra, porque lo cierto es que la administración anterior dejó al país en bancarrota y ser popular en medio de una quiebra requiere mucho más que un buen juicio de responsabilidades. Gobierno oposiciónsin mayoría parlamentaria La causa de una buena parte de los problemas del gobierno reside en que carece de la fortaleza política que tuvieron las amplias coaliciones que apoyaron a los gobiernos anteriores. En un país en el que toda la clase política y una buena parte de las élites están acostumbradas a estar en el poder, adoptar un esquema de gobierno-oposición, como lo ha hecho Pastrana, conlleva siempre grandes riesgos. Sus adversarios, más numerosos y mucho mejor organizados que la administración, han encontrado en una coalición tan débil terreno fértil para el ataque. Virgilio Barco intentó algo semejante y nunca tuvo paz política en el cuatrienio. Resulta irónico que su mayor detractor fuera el ex presidente Misael Pastrana Borrero, quien recibió como un insulto el ofrecimiento de apenas unos cuantos ministerios que le hiciera Barco al Partido Conservador y habló siempre del esquema como un despropósito en un país en crisis. Pero la diferencia entre el planteamiento de Barco y el de Pastrana es aún más profunda. Barco, un clásico liberal decimonónico que no ocultaba sus sentimientos anticlericales y antigodos, impuso ese esquema contando con amplias mayorías en el Congreso. Pastrana es el primer presidente en la historia reciente que lo hace con una frágil minoría parlamentaria.En alguna medida lo que está viviendo Pastrana es el efecto de intentar gobernar sólo con quienes le ayudaron a ganar las elecciones y con sus amigos. En Colombia es muy difícil gobernar aun si se cuenta con el apoyo de todos los partidos y con su representación en el gabinete. Gobernar con pocos resulta en teoría no sólo justificable sino recomendable para fortalecer la democracia. Pero en realidad termina siendo abiertamente temerario. Al fin y al cabo, como dice Gabriel García Márquez, Colombia es un país "destructor de gobiernos".Quizás eso explique en parte el que el gobierno del presidente Samper, en sus primeros 100 días, recibiera unas notas relativamente buenas y en cambio el del presidente Pastrana esté recibiendo la primera dosis de palo por parte de la opinión. Esto sin duda resulta injusto pero Samper, a quien se puede acusar de muchas cosas pero a quien no se le pueden negar sus dotes de habilidoso negociador, logró consolidar durante todo su mandato una fuerte coalición de gobierno que incluía no sólo al Partido Liberal, con algunas excepciones no parlamentarias, sino a buena parte del conservatismo, el sector sindical, los grupos económicos, Hernando Santos y "algunos embajadores depaíses amigos", como él mismo lo dijo hace poco en una entrevista en SEMANA. Pastrana, en cambio, no cuenta con una coalición semejante. El Partido Conservador, representado por Fabio Valencia Cossio, y la corriente liberal que lidera Alfonso Valdivieso, son una coalición de intereses electorales suficientemente fuerte para acceder al poder con la ayuda de un buen candidato y una respetable campaña publicitaria, pero sin duda insuficiente para gobernar. Pero no se puede juzgar al gobierno por su debilidad política o por no estar bien representado en el Congreso. Es probable que la administración tenga en parte la culpa de que eso sea así y que el suyo pueda ser también un problema de comunicaciones. Es probable, además, que en la medida en que Pastrana tenga por fuera de su gobierno a casi todo el liberalismo esta sensación de fragilidad no vaya a desaparecer. Pero lo cierto es que esta proliferación de desempleados de la política y de huérfanos del poder ha contribuido a generar un clima desapacible frente a Pastrana y su gobierno.
La diferencia Pastrana
La verdad es que la llegada de Pastrana al poder sí trajo al país vientos de cambio. El Presidente tiene una gran capacidad de decisión y un sentido del poder. Se le puede acusar de equivocarse pero no de ser indeciso. Quienes asistieron a los eventos que organizó la Casa Blanca la semana pasada para el Presidente de Colombia y quienes pudieron verlos por la televisión fueron testigos de una buena parte de ese cambio. Es evidente que los estadounidenses que-rían subrayar el contraste con la administración Samper, pero hay que darle a Dios lo que es de Dios. El gobierno y el embajador Luis Alberto Moreno aprovecharon bien la coyuntura política y la visita privada que realizó Pastrana a Bill Clinton durante la transición para lograr una invitación, de tal forma que ésta fuera una visita de Estado y no de trabajo y con tal de que se llevara a cabo en un período muy corto. Fue un éxito rotundo. A Chile, por ejemplo, le tomó tres años y centenares de miles de dólares en lobby para que el presidente Eduardo Frei fuera invitado a una visita de Estado.Pero el contraste con la administración Samper no es apenas la recuperación de la respetabilidad de Colombia en el exterior. El contraste es general. El gobierno de Samper se dedicó a defenderse desde el primer momento y de una cima muy alta de popularidad inició un descenso que aún no termina. Pastrana no tiene que defenderse de nada salvo de empezar a poner en orden la casa, lo cual siempre es duro. Este gobierno, además, no ha sido particularmente popular y el regreso a sus números de campaña no preocupan mayormente al Presidente o a su equipo. De hecho, la confianza que tiene en sí mismo y en sus capacidades hace de Pastrana un presidente con un gran don de mando. Todos los que han trabajado con él estos tres meses coinciden en que si hay una cosa clara es que Andrés Pastrana es quien lleva las riendas.El que la opinión tenga bajas expectativas, además, a tan corto tiempo luego de iniciado el gobierno, no es tan malo para el Presidente. Por una parte enseña algo de humildad al equipo de gobierno recién inaugurado y por otra asegura que todo lo que logre el Presidente esté por encima de lo que la gente espera de él.Pastrana ha refrescado también el panorama político, al traer gente nueva al gabinete y al recuperar el manejo serio y ortodoxo de los asuntos públicos. Con todas las dificultades que conlleva, el esquema gobierno-oposición le ha permitido dejar por fuera a los politiqueros de siempre de su gabinete y el que integró es bastante bueno y deja atrás los gabinetes samperistas, en los que por lo general había cuatro o cinco grises representantes de los parlamentarios que apoyaban a Samper en el Congreso.
Los verdaderos problemas
Pero lo cierto es que resulta tan importante para el éxito de un gobierno el respaldo del Parlamento como el de la gente. Y la verdad es que en la vida común y corriente de los ciudadanos va de mal en peor. Y lo que está pesando más en sus juicios sobre el Presidente no es tanto que el coro de los opositores sea más numeroso y por ende más ruidoso que el de sus seguidores, sino la percepción de que la crisis que vive el país no va a mejorar ni en el corto ni en el mediano plazo. En síntesis: el bolsillo. En ese sentido el Presidente sí está pagando los platos rotos de la administración Samper y de un escenario internacional muy malo y lo único que se le podría achacar ante esas dos realidades de a puño es que no haya sido capaz de transmitir optimismo o visión de futuro a los colombianos. No es fácil gobernar un país desencantado. Las sociedades son capaces de aguantar enormes dificultades y largos tiempos de crisis y están dispuestas aun a sacrificarse tanto más por un líder que respetan. Pero fuera de convocar a la gente a perseverar en la búsqueda de propósitos colectivos y transformar la realidad buscando el bienestar de las mayorías, los gobernantes tienen que devolverle a los ciudadanos la esperanza. Y eso no lo ha hecho aún Andrés Pastrana. Pero aun si el Presidente contara con una coalición muy fuerte y recuperara la totalidad de su capacidad de comunicación, es probable que la insatisfacción ciudadana continuara con igual intensidad. Con cifras de desempleo cercanas al 16 por ciento, un déficit fiscal del gobierno central cercano al 5 por ciento del PIB, el agotamiento de las fuentes financieras internacionales y la reforma fiscal arrastrándose, artículo por artículo, entre la bancada liberal en el Congreso, la situación no es muy halagadora. El gobierno tiene cada vez menos dientes, y eso hace que la única pregunta válida no sea si un Presidente cualquiera podría terminar su período sino qué país quedará cuando haya pasado la tormenta.

¿Salto al ring?
No se trata de la Corte Suprema contra el Congreso sino del enfrentamiento entre el gobierno y el Grupo Santo Domingo. El tema es casi clandestino. De él se habla sólo en los salones de la capital. Pero para casi nadie es un secreto que las relaciones entre el Grupo Santo Domingo y el gobierno son muy malas, aunque nadie tiene claro qué tanto de esa pelea es entre el gobierno y el grupo y qué tanto en realidad es entre el gobierno actual y el anterior. Por ejemplo, una de las primeras decisiones tomadas por el nuevo gobierno fue declarar vencidos los períodos de Mónica de Greiff y Jorge Valencia Jaramillo en la Comisión Nacional de Televisión. Aunque a simple vista esta decisión podría considerarse como un acto en contra de la administración anterior, lo cierto es que al ser tan criticado por Caracol Radio, hay quienes piensan que el grupo lo tomó muy a pecho. La verdad es que no hay una sola persona en Colombia que piense que esa pelea es buena, pero todo parece indicar que la inercia del distanciamiento apunta hacia un muy posible choque de trenes. Y la pregunta que se hacen todos es ¿qué tan grande puede ser? ¿será localizado en un solo sector como el de radio o tendrá repercusiones en otros? Nadie sabe la respuesta a estos interrogantes y el desenlace de todo este episodio está por verse. Por lo pronto al Grupo Santo Domingo y al gobierno les puede pasar lo que durante tantos años le ha ocurrido a los gobiernos de Estados Unidos y Cuba. Que las relaciones bilaterales han sido manejadas por los radicales. Y cuando hablan los sensatos, terminan macartizados como traidores. Hoy en el ring apenas están Caracol Radio y recientemente El Espectador por una parte, y Juan Carlos Pastrana por la otra. Sólo falta que suceda lo mismo que en la lucha libre cuando los amigos de los luchadores se suben al cuadrilátero sin ser invitados. Por lo general de su ira no se escapan ni los árbitros..
Promete y vencerás
En tan solo 100 días que lleva su mandato sería apresurado determinar si el Presidente cumplió o no con todo lo prometido puesto que aún tiene mucho tiempo por delante. Sin embargo SEMANA hace un recuento de las promesas que hasta hoy han sido cumplidas, las que están a medias y finalmente las que se han echado en saco roto.
La PROOMESA Visitar países industrializados con interés en el proceso de paz.
LA REALIDAD Así lo demuestra su última visita a Estados Unidos
LA PROMESA Mano dura a los paramilitares.
LA REALIDAD El gobierno ha sido distante con los paramilitares, pero no ha visto una persecución en firme.
LA PROMESA Desmilitarización para el encuentro con las Farc y la reactivación del pre acuerdo de Viana con el ELN.
LA REALIDAD Sí ha cumplido
LA PROMESA Liderar personalmente las negociaciones de paz.
LA REALIDAD Desde un principio ha estado personalmente y a la cabeza en todo lo referente al proceso de paz.
LA PROMESA Nombramientos bajo méritos de un concurso auditado por una firma consultora ajena al gobierno.
LA REALIDAD Los nombramientos se hicieron a dedo.
LA PROMESA Crear un millón de empleos durante los cuatro años.
LA REALIDAD La tasa de desempleo se ha incrementado al 16% en los últimos meses, sin embargo tres meses son poco tiempo.
LA PROMESA Plazos de 30 años para préstamos de vivienda y financiación hasta el 90%. La realidad Hasta ahora la Superintendencia Bancaria no ha incluido estos puntos dentro de sus propuestas de reforma al Upac.
LA PROMESA No privatizar el Sena.
LA REALIDAD El Sena no ha sido privatizado.
LA PROOMESA Reducir impuestos a las empresas que generen nuevos empleos.La realidad No se ve por ninguna parte en el proyecto de ajuste fiscal.
LA PROMESA Crear un bloque de búsqueda contra la corrupción. La realidad Aunque legalmente ya está creado, hasta la fecha no se ha conformado.
LA PROMESA Gran cruzada nacional contra el maltrato y el abuso de los niños con la primera dama.
LA REALIDAD La campaña del Buen Trato ha sido un éxito en los medios.
LA PROMESA Que ninguno de sus funcionarios enfrentará la justicia respaldado en un cargo público. La realidad Por suerte para Pastrana, hasta el momento ninguno de sus funcionarios ha tenido que enfrentar la justicia.
LA PROMESA Reducción gradual del IVA del 16% al 12%.La realidad Aunque se están discutiendo recortes al IVA, la promesa no se va a cumplir.
LA PROMESA Plan nacional de emergencia social que elimine las diferencias entre ricos y pobres. La realidad Aunque le quedan cuatro años no se ve nada en este sentido.

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