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| 11/18/1985 12:00:00 AM

¿PUEDE EL EJERCITO DERROTAR AL M-19?

El sociólogo Eduardo Pizarro, nieto, hijo y sobrino de militares y hermano de dirigentes guerrilleros, analiza las posibilidades que tiene el Ejército de acabar con el M-19, así como la naturaleza, evolución e implicaciones de los cambios...


Después de tres años de búsqueda de una salida política, se han vuelto a discutir las posibilidades de una salida militar al conflicto interno que vive el país desde hace más de dos décadas. "Ni el Ejército puede derrotar a la guerrilla, ni la guerrilla puede derrotar al Ejército", ha insistido repetidas veces el secretario del Partido Comunista, Gilberto Vieira, para apoyar la tesis de la salida política negociada como única opción.
De hecho, dos de los principales protagonistas de este proceso, las Fuerzas Armadas y el M-19, se vienen enfrentando en forma sistemática desde hace ya varios meses, con sensibles bajas de lado y lado. ¿Pueden las primeras derrotar al segundo?

LA "TROIKA"
El sector que en los últimos meses se ha consolidado en los puestos de mando del Ejército está dirigido por los generales Miguel Vega Uribe, Manuel Guerrero Paz y Hernando Díaz Sanmiguel. Estos dos últimos, quienes se han sucedido a la cabeza de la Escuela Superior de Guerra, vienen elaborando un proyecto de ley antiterrorista, que contemplaría varios puntos. En primer término, el establecimiento de la pena de muerte para actos subversivos. Segundo, la ampliación del pie de fuerza y, ante todo, el "reenganche" de soldados que han terminado ya su servicio militar para organizar "unidades contraguerrilleras especiales" de soldados profesionales. Tercero, se buscaría mejorar la imagen de las Fuerzas Armadas ante la opinión pública y las conflictivas relaciones existentes hoy, según los analistas, entre los distintos estamentos militares: oficiales, suboficiales y la tropa.
La Fuerza Elite Militar, propuesta durante el primer año de este gobierno y cuyo adiestramiento ya se halla en curso, fue constituída mediante el Decreto N° 2157, firmado por el presidente Betancur y el general Vega Uribe. La unidad estará compuesta inicialmente por 1.000 hombres: 300 del Ejército, 300 de la Policía, 100 de la Marina y 100 de la Aviación, además de los oficiales y suboficiales, esperando abarcar en algunos años entre un 10% y un 30% del conjunto de las FF.AA.
En íntima concordancia con este proyecto de Ley Antiterrorista, el alto mando militar comenzó a estructurar un programa de aniquilamiento selectivo del movimiento armado.
La experiencia desarrollada a lo largo de más de dos décadas de guerra de contrainsurgencia, ha evidenciado con creces la imposibilidad física de destruir el movimiento armado, dada la extremada dispersión de los frentes guerrilleros. Un Ejército obligado a distribuir sus fuerzas en innumerables brigadas, batallones, puestos, en un territorio inmenso, imposibilitado de concentrar fuerzas en una sola zona tiene una reducida eficacia. Suponiendo, incluso, que la totalidad de los 130 mil hombres que componen actualmente las Fuerzas Armadas y de Policía, estuviesen todas en zonas de orden público, no podrían copar el conjunto de las áreas donde se mueven frentes de las FARC, M-19, EPL, ELN, Ricardo Franco y Quintín Lame.
Las FF.AA. tienen en Colombia una capacidad de control del orden público, más no una capacidad de aniquilamiento total de los grupos guerrilleros.
En El Salvador combate un número sensiblemente semejante de insurgentes y de soldados, siendo las condiciones más favorables para el Ejército salvadoreño que para el colombiano: un territorio tan pequeño como el del Valle del Cauca, enorme apoyo logístico externo, asesores militares norteamericanos en el terreno mismo de las operaciones bélicas, armamento sofisticado, etc. Con todo y eso, la situación continúa sin cambios sustanciales en el plano militar después de cinco años de guerra total.
Por ello, la estrategia evidente de las FF.AA. en el país, en esta etapa, es la de circunscribir el área de los enfrentamientos militares a un espacio reducido con objeto de multiplicar su eficacia bélica.
Solamente en una ocasión en los últimos años las Fuerzas Armadas pudieron concentrar la casi totalidad de sus fuerzas especiales de contrainsurgencia: en el Caquetá contra el M-19, gracias a la declaratoria unilateral de tregua decretada por las FARC, ante la proximidad de las elecciones de 1982. Esto no condujo al aniquilamiento de las columnas del M-19, pero sí a su debilitamiento.
Esta experiencia se quiere repetir, aprovechando la tregua con las FARC. Por ello, el ataque contra el campamento del M-19 en Yarumales y la prohibición del congreso de Los Robles se inscriben en un mismo objetivo: presionar la ruptura de la tregua con el M-19, para enfrentarlo mediante el conjunto del dispositivo militar del país.
El cálculo que realizan las Fuerzas Militares no se basa en el aniquilamiento total de las columnas del M-19, sino en una guerra de desgaste progresivo, mediante una lucha sin cuartel.
La eficacia de esta política se funda, para las Fuerzas Armadas, en tres hipótesis. Primero, en que los enormes errores de conducción política del M-19 le han generado un vacío de opinión pública que lentamente va ir reduciendo su capacidad de nuevos reclutamientos. Segundo, en que tras la experiencia exitosa del M-19 en Yarumales, este movimiento continúa desarrollando una táctica de guerra de posiciones, perdiendo sus ventajas propias fundadas en la movilidad y la sorpresa. Y, tercero, que las Fuerzas Armadas pueden disponer de su plena capacidad durante un período más o menos largo, sin tener que dispersar nuevamente sus fuerzas ante la emergencia de nuevos polos conflictivos.
Con respecto al segundo punto, un analista consultado se pregunta si la combinación de movilidad y defensa de posiciones, no se corresponde con las nuevas tácticas desarrolladas en El Salvador por el Frente Farabundo Martí, precisamente para controlar zonas restringidas. Dado lo reducido del territorio salvadoreño, la inexistencia de una retaguardia segura debido a que las fronteras con Honduras y Guatemala son hostiles para la guerrilla, éstas se han visto obligadas a cambiar las normas tradicionales de la guerra de guerrillas: una suerte de guerra intermedia -ni de movilidad total, ni de posiciones irreductibles-, que les permiten un relativo control de ciertas áreas del territorio salvadoreño.
En todo caso, las hipótesis se fundan, en palabras de un directivo del Instituto de Estudios Liberales, en el hecho de que "para las Fuerzas Armadas, las FARC siempre han representado el mayor riesgo en el plano militar, mientras que el M-19 representa el mayor riesgo en el plano político. Entonces, derrotado el M-19 frente a la opinión pública se impone la rápida salida militar, cuyos costos no deberían ser excesivamente altos".
Es evidente que la profunda inconsistencia de la línea política del M-19, su comportamiento errático, lo hacen muy vulnerable en esta etapa: el rompimiento de la tregua, si bien podía ser comprensible ante el hostigamiento militar, no era ni militarmente viable, ni políticamente justificable. En el plano militar, el M-19 arriesga soportar el peso total del dispositivo militar, sin tregua ni descanso; en el plano político, su margen amplio de opinión pública se ha reducido drásticamente, afectando su juego en este plano. Hoy en día, el interlocutor del gobierno son las FARC, cuando los dos gestos más espectaculares del gobierno Betancur (las reuniones con el M-19 en Madrid y México), hacían del M-19 el pilar estratégico del proceso de apertura política.
"La actitud frente a las FARC es totalmente diferente", añade el directivo del IEL. "Mientras que con respecto al M-19 se trata de una política de aniquilamiento total, con respecto a las FARC se busca realizar en esta etapa un hostigamiento sistemático para evitar su expansión política". Sólo en el caso eventual que hubiese éxitos en la política actual frente al M-19, se pasaría al estadio de la confrontación total con las FARC.

Estos proyectos explican las palabras del general Vega Uribe hace algunos días en Cali, declarando al país "en estado de guerra. El pueblo colombiano a veces parece que viviera en las nubes y no se da cuenta cuál es la realidad que está pasando. ¿A qué obedece que se hayan registrado 34 muertos? No propiamente a carnavales". Palabras que reflejan la creciente polarización que se vive en el país.
Sin embargo, nada induce a pensar que el M-19 se halle al borde de la destrucción: la aparente ratonera en la cual se ha concentrado (la intersección del Valle, Cauca y Tolima) tiene, no obstante, múltiples puntos que permiten su repliegue ante una ofensiva militar envolvente, como lo comprueba la evasión de las columnas que han sido objeto de cercos de aniquilamiento. De otra parte, el empleo de nuevas tácticas militares por parte de las guerrillas, experimentadas con éxito en El Salvador, que amenazan cambiar las modalidades de la guerra insurgente en el país. Y, finalmente, la creación reciente de una "coordinadora nacional guerrillera" que puede conducir a la constitución a mediano plazo, de un estado mayor conjunto de los grupos insurgentes que actúan en el país. En suma, todo tiende a mostrar que la respuesta puramente represiva sólo puede agravar las condiciones de la confrontación.
Por ello, todavía subsisten sectores en el país que creen que no podrá haber una salida militar, y que Colombia no está en capacidad de soportar los costos de una guerra civil. "El falso dilema de la subversión o el militarismo", como dijo recientemente el procurador general de la nación Carlos Jiménez Gómez. Desde distintas vertientes de la opinión pública (la Unión Patriótica, Luis Carlos Galán Sarmiento, Alvaro Leyva Durán) se viene insistiendo en la necesidad de reanudar el diálogo con el M-19.
Este grupo debe comprender, afirman diversos analistas consultados , "que la sobrevivencia militar no se identifica con sobrevivencia política". La pérdida de un radio de acción política por parte del M-19, amenaza con llevarlo al foquismo guerrillero, a una guerra estéril, sin ningún beneficio. En todo caso, el cuarto de hora de la reconciliación nacional se acorta dramáticamente...
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