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| 12/9/1996 12:00:00 AM

PUNTADA SIN DEDAL

Cartagena esta lejos de ser el espejo de lña moda internacional. Así quedó demostrado en los desfiles de las candidatas.

La moda es como el camaleón. Cambia con tanta facilidad que el tiempo no alcanza ni siquiera para disfrutarla. Un día los diseñadores dicen que los colores ácidos son la revolución en el vestuario. Al otro prefieren los metálicos y unas semanas más tarde se inclinan por los oscuros. Y en ese vaivén de indecisiones los roperos femeninos se llenan y desocupan con la misma facilidad que las revistas especializadas lanzan las colecciones de temporada.Como entre gustos no hay disgustos y el reinado de belleza no podía ser la excepción, las pasarelas de los clubes privados cartageneros fueron testigos durante dos semanas de las creaciones de un puñado de diseñadores colombianos. Como en botica, hubo de todo. En los roperos de las candidatas se incluyeron los tonos ácidos, los pasteles y los tradicionales blanco y negro. Las candidatas lucieron faldas cortas, largas, angostas, amplias. En fin, toda una gama de colorido y de cortes que para los entendidos en la materia fueron más los diseñadores que se rajaron que los que pasaron la prueba. Una vez más quedó demostrado que el reinado no es el mejor termómetro para saber en qué anda la moda por el mundo. Como si esto fuera poco, las pasarelas están dominadas por modelos conocidas con el remoquete de 'habichuelas'. En plata blanca, son mujeres altas, amarillas como un cirio y 'planas' por delante y por detrás. Los encantos de la mujer voluptuosa quedaron guardados en el cuarto de San Alejo. En ese aspecto el reinado tampoco fue el mejor escenario para promocionar la tendencia 'habichuela', pues las participantes no llenaron este requisito y una gran mayoría estaba pasada de kilos y su estatura no superaba los 1,70 metros.En cuanto a los diseños que lucieron las candidatas en los diferentes desfiles quedó en claro que la representante de Antioquia, Claudia Elena Vásquez, ganó la partida de lejos. Su vestuario, uno de los menos costosos en esta edición del concurso de belleza, fue para los críticos sobrio y hermoso. Las candidatas de Huila, Maritza Eugenia Rubio, y Santafé de Bogotá, Debbie Castañeda, no se quedaron atrás y sus diseñadores aprovecharon tanto su estatura como sus hermosas piernas para darle rienda suelta a sus creaciones. Eso no ocurrió en el caso de la representante del Meta, Pilar Schmitt Fernández. En la gran mayoría de los desfiles lució vestidos demasiado largos y anticuados que en ningún momento le ayudaron a realzar su belleza. Otro tanto sucedió con las señoritas Bolívar, María Teresa Rojas; Casanare, Martha Ludy Atuesta, y Putumayo, Sandra Liliana Mejía, que, como dicen las señoras, fueron vestidas "por su peor enemigo".En Cartagena las pasarelas estuvieron lejos de ser un escenario para los últimos gritos de la moda, a tal punto que en algunos de los desfiles las candidatas parecían uniformadas como en cualquier colegio de monjas. La explicación de ello fue muy sencilla: un solo diseñador se comprometió con el vestuario de ocho candidatas y por más creación y originalidad terminó por repetirse. Para saber quién era quién hubo necesidad de consultar en detalle varias veces el nombre de su departamento para evitar equivocaciones.
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