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| 9/16/2002 12:00:00 AM

¿Qué estudiar?

Para escoger profesión se necesitan tres cosas: pasión, preguntar mucho sobre la calidad y encontrar el balance entre lo que se quiere y lo que se puede pagar.

Eliana Nieto, alumna del Liceo Segovia, de Bogotá, ya presentó el examen del Icfes, le queda poco tiempo para inscribirse en la universidad y no sabe qué estudiar. Le encanta la química pero en los últimos meses participó en un proyecto de periodismo que le fascinó. Muchos de sus compañeros ya saben lo que quieren y ella siente que es la única desubicada.

Como Eliana, muchos no saben qué estudiar. Es normal no saber lo que se quiere a esa edad, dice Fabiola de León, sicóloga y experta en orientación profesional. "El error es saltar sobre la desorientación y la angustia escogiendo cualquier cosa para salir del paso". Otros, que ya saben qué estudiar, corren el riesgo de escoger mal la universidad. León asegura que es un caso frecuente: "No se adaptan a los compañeros, al sistema de aprendizaje o a las directivas".

La meta de cualquier bachiller es llegar a sentirse absolutamente feliz con la carrera que escoja, no cambiarse por nadie. ¿Pero cómo lograrlo? "Por experiencia digo que una persona debe escoger algo que lo haga vibrar, una profesión que despierte su pasión", afirma el padre Luis Javier Uribe, rector de la Universidad San Buenaventura en Cali.

Hay tres guías que pueden ayudar mucho. Primero, abrir la mente y mirar la enorme oferta disponible. Cuando ya se tiene una idea, medir calidad académica versus precio. Tercero, fijarse en la fortaleza de esa carrera en la universidad escogida. No es una receta infalible pero le ayudará al graduando a buscar con método.

La oferta

En Colombia existen 2.214 programas de pregrado de nivel universitario, es decir, que otorgan títulos profesionales. De éstos, 1.476 están en Bogotá, Medellín, Cali, Barranquilla y Bucaramanga. El Icfes ha clasificado nueve áreas de estudio: salud, arquitectura e ingenierías, ciencias básicas, bellas artes, humanidades, ciencias de la educación, ciencias sociales, economía y administración y la agropecuaria. En ese mundo hay una infinidad de posibilidades. Se puede estudiar ingeniería biomédica para aprender la fascinante ingeniería del cuerpo humano; la dictan, por ejemplo, conjuntamente el Instituto de Ciencias de la Salud (CES) y la Escuela de Ingeniería de Antioquia en Medellín, ambas prestigiosas entidades especializadas en sus áreas. Se puede seguir educación especial en entidades tan grandes y reputadas como la Universidad Pedagógica, en Bogotá. Se puede escoger biología en la Universidad de los Andes, en Bogotá, donde está el centro de investigación Cimpat, uno de los más avanzados en el estudio de la enfermedad de Chagas; o la Universidad del Norte, en Barranquilla, donde se adelanta, junto con su facultad de medicina, investigación en el dengue hemorrágico. O más bien música o ingeniería matemática en Eafit, en Medellín, donde el decano de la facultad de humanidades es un físico músico; hasta restauración de obras de arte y arquitectura en la Universidad Externado; diseño de vestuarios para producciones teatrales o cine en la Pontificia Bolivariana de Medellín o diseño industrial o gráfico en la Jorge Tadeo Lozano, con acceso a sofisticados programas de computador.

Es importante escoger según lo que más se desea hacer. Martín López, por ejemplo, este año encontró su verdadera pasión: la cocina. Para convertirse en profesional de esta carrera ingresó a la Corporación Colegiatura Colombiana de Medellín. "Es la disciplina creativa más completa porque involucra todos los sentidos", dice López, feliz porque acaba de aprender a hacer caldos y tiene una clase de antropología con una gourmet.

Pero tan crucial es escoger una carrera que atraiga como una que tenga calidad. ¿Y cómo se mide la calidad? Evaluar las diferentes opciones es una labor difícil ya que los criterios están hasta ahora en proceso de construcción. Sin embargo, de la información disponible y confiable (no toda la que se reporta está verificada), se pueden seleccionar algunos aspectos que sirven como indicadores de calidad.

El primero es revisar si la carrera en cuestión está acreditada. El gobierno, a través de la creación del Consejo Nacional de Acreditación (CNA), impulsó un sistema por el cual las carreras de las universidades pueden presentarse voluntariamente para ser evaluadas y, si así lo ameritan, son acreditadas como 'de excelencia'. Este proceso consta de tres etapas. La primera es la autoevaluación de la propia institución bajo unos parámetros que le indica el CNA. La segunda es la evaluación externa o de pares, por la que el programa se somete al juicio de expertos o de instituciones reconocidas para determinar su calidad y eficiencia. Por último, la evaluación final que realiza el CNA a partir de los resultados de las dos evaluaciones. En los listados de las principales carreras publicados en este especial se han incluido los programas que están en las cinco ciudades y aquellos acreditados en todo el país. La carrera que tenga la acreditación tiene una especie de sello de máxima calidad.

Ahora bien, como el proceso es reciente y lento, hay muchísimos programas de excelente calidad que aún están en proceso de acreditación -alrededor de 340-. Así que es aconsejable preguntar si la carrera que se está pensando escoger está en este proceso o no. La Universidad Nacional se rige por otros parámetros y no se presenta al mismo sistema de acreditación, sino a uno diferente con el cual está evaluando sus carreras.

Otra manera de mirar la calidad de una carrera es ver si en esa área de estudio existen maestrías o doctorados ofrecidos por la misma universidad. Si los tiene, quiere decir que la entidad tiene un conocimiento de más alto nivel que el de pregrado (ver tabla de universidades con maestrías y doctorados en Semana.com).

Una garantía de calidad es el hecho de que exista investigación seria, avalada por Colciencias, en ese plantel. Colciencias certifica los centros o grupos de investigación en los diversos escalafones. Una entidad que investiga involucra a sus estudiantes y estimula su capacidad analítica, de pensamiento y de búsqueda de información, todas cualidades apreciadas por las empresas a la hora de contratar a un profesional. En esto se ha progresado. Si en 1990 había 235 grupos de investigación en 2000 había 737. De todos modos son pocas las universidades que investigan. Sobresalen las públicas grandes, como la de Antioquia, y algunas privadas. Es bueno preguntar si el área de estudio en la institución seleccionada tiene un centro o un grupo de investigación.

Si además la investigación y la práctica se ejerce en conexión con las necesidades sociales del país, la formación que ofrece es todavía mejor.

Un último indicador clave es saber cómo les va a los graduados de esa universidad. "Dime dónde están tus egresados y te diré quién eres", dice Carlos Felipe Londoño, de la Escuela de Ingeniería de Antioquia. No es fácil tener esta información, salvo cuando es pública y notoria. Por ejemplo, de la Universidad del Rosario de Bogotá se han graduado 29 de los 47 presidentes que ha tenido el país; de la Universidad Externado de Colombia, en Bogotá, salen la mayoría de los que llegan a ocupar altos cargos en la rama judicial y del Colegio de Estudios Superiores en Administración (Cesa), también en la capital, salen muchos de los futuros gerentes de las empresas. No obstante son pocas las universidades que le hacen un seguimiento sistemático a sus profesionales. Tampoco tienen claridad sobre qué especialidades son las que demanda su mercado. Es bueno hacer esas preguntas en la carrera de elección.

Claro está que mayor calidad significa -salvo en las públicas- matrículas más caras. Lo importante es lograr un equilibrio entre lo que se puede pagar y lo mejor que se puede escoger. Por eso no hay que perder de vista otras entidades, que están ofreciendo la mejor calidad posible a menores costos; o especialidades que no son tan costosas y que si bien no llevarán al estudiante a la élite del país sí le permitirán realizarse como ser pensante y obtener una buena rentabilidad social y económica.

"Nuestra entidad pone todo el énfasis en la calidad", dice el padre Camilo Bernal, rector de la Corporación Universitaria Minuto de Dios (Uniminuto), donde la matrícula cuesta en promedio 900.000 pesos el semestre.

Algunas instituciones, cuyos estudiantes provienen de estratos medios y populares, tienen unas fortalezas especiales. Por ejemplo, la de Medellín tiene un estudio de televisión digno de un canal privado y, junto con otras universidades de Antioquia, produce programas para el canal U. Además financia las iniciativas productivas de los estudiantes, dándoles un capital semilla para que arranquen.

Francisco Cajiao, experto en educación, asegura que las universidades no necesariamente son buenas en todas las carreras que ofrecen. "Hay unas que son fuertes en derecho pero débiles en ingeniería o en ciencias de la salud". Muchas instituciones cuentan con un prestigio asociado a la tradición. Por ejemplo, el Externado de Colombia tiene una facultad de finanzas, gobierno y relaciones internacionales muy reputada; La Salle se destaca en veterinaria y optometría; la Universidad Piloto en arquitectura; la Central o la Santo Tomás en contaduría; la Universidad Industrial de Santander es fácilmente la mejor en petróleos; la Konrad Lorenz o la Católica en sicología.

Cajiao dice que, en últimas, hay que tener dos criterios básicos para escoger carrera: que desarrolle su talento y elija el mejor sitio que le sea posible. Es preferible endeudarse para ingresar a una buena institución que desperdiciar cinco años, dinero y tiempo en una educación de mala calidad.
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