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| 7/17/1989 12:00:00 AM

"QUE NO CUNDA EL PANICO"

JORGE CARDENAS, gerente de Fedecafé:

SEMANA:Doctor Cárdenas, ¿se acabó el pacto definitivamente?
JORGE CARDENAS: El pacto está vigente hasta el próximo 30 de septiembre de este año, y lo más seguro es que antes del 30 de septiembre se adopte, por parte de los organismos de dirección del Acuerdo Internacional del Café, una decisión. Y esa decisión puede ser que el pacto se extienda por un período de uno, dos, tres años, sin instrumentos, sin cláusulas económicas, simplemente como una organización que sirva de marco o de foro al seguimiento de la industria mundial cafetera, pero que no se apliquen las cláusulas económicas del acuerdo, que consisten en la restricción de la oferta mediante cuotas, en unas franjas de precios y en un control de los flujos del café.
La otra posibilidad es que nos pongamos de acuerdo, venga la extensión con cláusulas y se inicie casi de inmediato un proceso de negociación de un nuevo acuerdo que estaría vigente a partir de octubre de 1990. O sea, una extensión por un año del actual acuerdo, un plazo para iniciar negociaciones para un nuevo acuerdo y un nuevo acuerdo a partir del 90. Pero, pase lo que pase, estoy seguro de que el mundo del café no se va a quedar sin algún marco de manejo, que tal vez no va a tener la suficiente fuerza para orientar o por lo menos dirigir el comercio del café, pero que va a permitir el continuo diálogo y la fluidez de información cafetera. Para nosotros, mantener el marco es igualmente interesante e importante porque alrededor de ese marco se mantendrá un diálogo permanente entre productores y consumidores que de por sí ya es constructivo y es bueno.
Si el acuerdo va a tener o no instrumentos es todavía muy prematuro decirlo. Cualquiera que mire hoy las circunstancias, lo rigurosas e inflexibles que son las posiciones que se están tomando, tiene que concluir que no habrá cláusulas económicas. Es más, yo creo que hay muchisimos países productores que están jugando a la libertad de mercado, que están jugando a que no haya cláusulas económicas. Y que juegan a ello porque tienen enormes dificultades económicas, administrativas y políticas para cumplir hoy con los compromisos del café.
¿Por que? Porque se les salió la producción de su control, o porque ya no disponen de los instrumentos y recursos necesarios para canalizar y ordenar el mercado del café. Entonces encuentran una buena excusa en el fracaso del pacto para no tener que hacer ningun tipo de tarea ni ningun tipo de labor interna en relación con el ordenamiento de la industria.

S.: ¿No hay en lo que está sucediendo un poco del espíritu internacional de liberalización de la economía y del mercado mundial?
J.C.: Sí. Hay problemas a nivel de los productores y de su voluntad política de tener acuerdo cafetero. Y también los hay a nivel de los grandes consumidores del mundo. Estos últimos están muy influenciados hoy por la tesis de que ya los acuerdos de productos básicos pasaron de moda. Y la verdad es que de los muchos, de los 12 ó 14 acuerdos que existían hace 20 años, sólo quedan uno o dos que operan: el del caucho y el del café. Y la gente en los grandes centros de decisión política de los países industrializados piensa que puede haber hoy otros instrumentos para apoyar las economías o para transferir recursos, distintos a los acuerdos de productos básicos. En la misma medida en que en los países importadores la industria de procesamiento del café se ha ido concentrando, la influencia de esa industria frente a los medios políticos se ha hecho cada vez mayor. Esa industria, aunque se beneficia de la estabilidad de los precios, quiere hoy más libertad, y sobre todo quiere una libertad plena para escoger los tipos de café que más le interesan.

S.: Pero, más o menos teniendo en cuenta eso, ¿la Federación se había venido preparando? ¿Había un plan de contingencia para la eventualidad de que sucediera lo que está pasando?
J.C.:Colombia sabía que algo por dentro no andaba suficientemente bien y, por eso, en todos los informes a las delegaciones a Londres, a las conferencias cafeteras, al gobierno, a las autoridades cafeteras, al Presidente, se señalaba esa preocupación y se decía que había que tratar de hacer más esfuerzos en todos los frentes para evitar que el pacto perdiera interés, actualidad y respaldo político de los grandes sectores productores y consumidores. Y lo que Colombia hizo en este último tiempo fue tratar de despejar la vía para esta renegociación, intentando quitarles argumentos y razones a los grandes consumidores del mundo en contra del pacto cafetero.

S.: Asumiendo que estos últimos esfuerzos de tratar de salvar el pacto resulten infructuosos, ¿cuál es el escenario que se va a presentar?
J.C.: Bueno, si hay libertad de mercado, si cada país queda, por así decirlo, liberado de cualquier restricción, es evidente que con el correr de los días o de los meses se va a registrar una abundante disponibilidad de café. Todas las proyecciones de las cosechas que se vienen desde ahora hasta octubre, llegan a niveles muy superiores de los de la demanda. Uno se puede estar equivocando, pero la cifra debe ser de 10 a 15 millones de sacos en excedentes. A esto se le suma otro gran factor: el de los inventarios ya acumulados, que son muy cuantiosos. Entre Brasil y Colombia, estos inventarios pueden estar entre los 35 y los 45 millones de sacos, más lo que puede existir en algunos otros países que tienen inventarios. Finalmente, hay otro factor negativo: una de las grandes ventajas del acuerdo es que regula la oferta de manera gradual, a lo largo de todo el año. Ahora, al estar disponibles las cosechas, todos los países, y sobre todo los más pequeños, los más débiles, los de menor estructura interna, se sentirán tentados a tratar de vender pronto. Ahí nos vamos a congestionar, y todos nos vamos a meter en una gran competencia con café fresco, con cosechas buenas y con abundante disponibilidad. Y como si esto fuera poco, hay que pensar que el café que estaba yendo, bien o mal, barato o no, a los países no miembros, quedará ahora disponible en el mismo mercado, ya no estará destinado a un limitado grupo de países no miembros. Claro que la oferta va a concentrarse más en lo que podríamos llamar los mercados tradicionales. Entonces la estructura de precios no se va a debilitar tan pronto. Este no es el momento crítico. Todavía hay la expectativa de si hay un acuerdo o no, si se llegará o no a una alternativa. Ese es un elemento que determina algún control, alguna barrera para evitar un derrumbe en los precios. Cuando suene, por así decirlo, la campana que abre la carrera, entonces sí la situación de precios puede ser distinta.

S.: Centrándose en el caso de Colombia, ¿se puede decir que en la cuestión de precios, hay un nivel mínimo por debajo del cual la cosa se puede volver realmente problemática? ¿Cual puede ser ese nivel?
J.C.: Yo miraría esto desde otro punto de vista. Pienso que lo que el país necesita es un mínimo de divisas anuales para atender toda la económia cafetera, un precio interno y los servicios básicos de la industria, y que ese mínimo esta determinado entre 1.300 y 1.400 millones de dólares. El país venía recibiendo un promedio de 1.500 millones de dólares, pero tiene una capacidad de manejo sin mayor traumatismo entre 1.300 y 1.400 millones. Si esos 1.300 los genera exportando un volúmen menor a mayor precio, está a salvo la económia cafetera. Si los genera exportando un volúmen mayor a menor precio, también lo está.

S.:¿Como va a verse afectada la economía cafetera interna, el precio interno, los servicios al cafetero, en las nuevas circunstancias?
J.C.: Todo indica que la economía cafetera interna se va a mover con mucha normalidad y tranquilidad en estos próximos meses. El cafetero no está frente a ningún riesgo inminente en relación con el precio interno o los servicios que la Federación le presta. Yo creo que lo primero es el soporte de las existencias, de los recursos líquidos de que dispone el Fondo Nacional Cafetero y de los márgenes con que venía trabajando la operación externa del café, que se pueden ir reduciendo para concentrar fundamentalmente los recursos en proteger la estabilidad del ingreso interno y de aquellos servicios que son vitales y básicos en este período de transición.

S.: Y en cuanto a la comercialización externa ¿qué quieren decir los anuncios sobre la agresiva política de comercialización, que Colombia va a vender volumen por encima de todo.
J.C.: No necesariamente. Yo creo que hay un poco de confusión al respecto. Colombia no está haciendo nada diferente de tratar de armonizar sus normas internas de mercado de café con la nueva realidad externa, para que el café pueda fluir. Uno no puede mantener unos impuestos altos, unas exigencias de reintegro de divisas altas, unas retenciones internas, cuando uno quiere liberar café para el mercado externo y competir diariamente con otros productores. Entonces, lo que estamos haciendo es acomodando toda la reglamentación interna a la nueva realidad externa para que los actores de este negocio cafetero puedan participar con plena fluidez. Pero no es que estemos desesperados por exportar más volumen a toda costa. No. El café va a fluir porque, entre otras cosas, la demanda yo la veo bien. Yo veo que el café colombiano es prestigioso, que la gente siente confianza en comprar el café colombiano, que sabe que detrás de ese café hay una organización ayudándolo a fluir bien, que hay controles en la calidad, que hay controles en el manejo de los embarques, que hay una tradición de cumplimiento en todos los compromisos y que, pase lo que pase en los precios externos, el café de Colombia llegará. Colombia no ha dejado de cumplir un sólo contrato, y no se puede decir lo mismo de otros países, y ese activo le da una gran confianza al comercio del café colombiano.

S.: La demanda mundial ha bajado y no brinda mayor optimismo para estos próximos años...

J.C.: Pero la demanda por café suave si ha aumentado. Ha habido unas transferencias de unas calidades por otras, precisamente porque los precios a que se estaba comercializando un café bueno como el colombiano, debido a las fluctuaciones del dólar en los mercados europeos, japoneses etc., estimulaban el uso del café fino porque a la larga estaban comprando cafés finos a precios muy bajos en relación con los precios pagados en el pasado. Por estas circunstancias, el cambio del dólar nos ayudo mucho en estos últimos años a introducir más las calidades buenas en Europa, que además es un mercado mucho más refinado, con tendencia permanente a productos de mucha más calidad. Yo creo que por ahora el mercado no ofrece una expansión inmediata importante y que habrá unos mercados estancados como el de los Estados Unidos, que no crece mayor cosa de año en año, o unos mercados que van a conservar una relativa dinámica pero que no será nada extraordinario. Pero hay unos mercados un poco más atractivos como los asiáticos, que sí van a crecer con un ritmo superior al del resto de los mercados, pero que no tienen el tamaño para modificar la demanda mundial. Vienen además unos desarrollos sumamente interesantes en los mercados del área socialista. Yo creo que con todo este cambio en la economía socialista, con la apertura de las economías, con el mejoramiento de los ingresos internos, con la liberación de esos comercios, el café va a ser uno de los productos que va a llegar allí en más volumen.

S.: En fin, doctor Cárdenas, resumiendo, habría que decir que el panorama no es tan sombrío como algunos creen...

J.C.: Sí, hay que decir que nos estamos preparando para afrontar lo que venga y que es muy temprano para que cunda el pánico.--
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