Miércoles, 7 de diciembre de 2016

| 2002/11/16 00:00

Qué puedo hacer por Colombia

Para sacar al país de la crisis es hora de dejar de creer en milagros. Una nueva generación de filántropos y empresas están haciendo realidad los cambios sociales que muchos todavía esperan que caigan del cielo.

Qué puedo hacer por Colombia

En el pais, minuto a minu-

to, hora a hora, hay importantes empresas, instituciones y personas que están ayudando a cientos de miles de colombianos de escasos recursos, marginados, con numerosos problemas o simple-

mente a personas normales a buscar un mejor futuro.

Sin importar el conflicto, la difícil situación ni que supuestamente el Estado sea el que tenga la obligación de dar soluciones, estos apóstoles, bajo diversas modalidades de ayuda -que van desde donar una parte de su tiempo, enseñar y ser voluntarios hasta dar una parte de sus ingresos, entre otros-, decidieron dejar a un lado la indiferencia y se comprometieron a aportar su grano de arena para construir un mejor país.

La gran mayoría no lo hace por compasión ni por buscar exenciones o beneficios tributarios. Lo hace convencida de que son los ciudadanos y las empresas, muchas veces en unión con el Estado, los que pueden cambiar la realidad. Estos son los nuevos filántropos, los nuevos empresarios sociales, que invierten una parte importante de sus recursos en mejorar la vida de sus trabajadores y sus comunidades.

La filantropía y la responsabilidad social han sido términos y conductas muy conocidas en Colombia desde hace muchas décadas. De hecho, existen claras muestras en la Colombia del siglo XIX como, por ejemplo, la creación de hospitales y entidades de sanidad destinadas a ayudar a los enfermos desamparados, pero el grueso de la población se marginó de esta actividad, dejándola en manos de las personas de buen corazón.

En el siglo pasado los esfuerzos importantes de la Fundación Social, que empezó hace 90 años, o de fundaciones como Carvajal, Corona, Mario Santo Domingo, o de instituciones sin ánimo de lucro han hecho que el tercer sector de Colombia -como se conoce a todas estas fundaciones, ONG y entidades sin ánimo de lucro- uno de los más importantes de la región, se haya desarrollado más en cantidad y en calidad que en otros países de América Latina con igual o mayor desarrollo económico.

No obstante este desarrollo relativo la filantropía y la responsabilidad social no han sido comportamientos generalizados entre los estratos más favorecidos, especialmente entre las generaciones más jóvenes. En verdad, hasta hace poco eran limitados los casos en los cuales profesionales y empresarios jóvenes (menores de 40 años) se involucraban en ayudar a los demás.

En años recientes se ha observado una revolución silenciosa. El nivel de conciencia social se ha incrementado sustancialmente y, poco a poco, también el de participación. Como lo advierte un importante ejecutivo que ayuda al tercer sector, esto se debe "quizá por la necesidad de defender el país en el cual estos colombianos piensan vivir, con sus hijos y, posteriormente, con sus nietos, y ante la angustia de ser espectadores pasivos de una guerra ilógica, muchos hoy están buscando formas de involucrarse socialmente y de aportar su grano de arena para que Colombia cambie y sea más justo".

Este renacer del trabajo en el tercer sector también ha estado motivado por el vacío institucional y el relativo abandono del Estado frente al tema de asistencia social, funciones que antes estaban relegadas a la Iglesia y a las almas caritativas.

Esta nueva generación de colombianos emprendedores proviene de todos los estratos y regiones del país y sólo los une el deseo de permanencia en una Colombia en la cual puedan trabajar, progresar y sentar bases sólidas a largo plazo.

Como lo advierte Rodrigo Villar, investigador de Harvard y uno de los mayores expertos en el tema en Colombia, el tercer sector será cada vez más importante. No sólo porque ya representa más del 2,5 por ciento del PIB y genera más de 700.000 empleos, sin contar los voluntarios, sino porque cada vez están canalizando más acciones y recursos del Estado y la empresa privada. Un ejemplo de lo que se puede hacer cuando estos sectores y la comunidad se juntan para trabajar por un objetivo común fue la reconstrucción del Eje Cafetero después del terremoto de 1999.

La situación de miseria, inequidad y conflicto que se vive requiere la participación de todos. Es el momento de dejar de esperar una respuesta del Estado sin hacer nada, casi como el coronel del libro de Gabriel García Márquez que se quedó esperando todas las semanas una carta en la que el Estado le confirmara su derecho a pensionarse, y dar algo para ayudar a construir el país. Es hora de que todos se pregunten lo que pueden hacer por Colombia, que entiendan que el tener derechos también implica deberes. Que la mejor forma de hacerlo es asumiendo sus obligaciones y que no es necesario esperar hasta ganarse los más de 25.000 millones del Baloto para comenzar a ayudar.

Este Especial de SEMANA es una muestra de las numerosas alternativas que los colombianos tienen para ayudar a los demás y al país a salir adelante, sin importar los recursos, el nivel educativo o el oficio. Es a la vez un testimonio viviente de una transformación callada que miles de compatriotas están haciendo en Colombia. Es un reflejo de un cambio silencioso pero muy poderoso que puede a la larga contribuir más a la paz del país.

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