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| 10/28/2006 12:00:00 AM

¡Que viva España!

Este país se ha convertido en uno de los lugares predilectos para la inmigración colombiana. Actualmente es el segundo destino de los nacionales que deciden buscar un futuro mejor.

Patricia trabajaba como secretaria en una empresa de Pereira antes de decidir emigrar a España en 1999. Para ese entonces, apenas se estaba despertando la fiebre de inmigrar a este país, pero ya corría el rumor de que había trabajo para los extranjeros y que se ganaba bien. Nadie hablaba de dificultades, todo era positivo.

La situación económica en Colombia, y más en el Eje Cafetero y el norte del Valle, era difícil. El café estaba en crisis y el terremoto había dejado la zona en serios aprietos. Decidió entonces echar mano de sus pocos ahorros y los de su familia y emprender el viaje. En ese momento a los colombianos no se les pedía visa para entrar al país, así que llegó como turista y al término de los tres meses de permiso, se quedó, como ha hecho la gran mayoría de

288. 900 colombianos que residen actualmente en España, según cifras que manejan los consulados de Colombia en ese país. Número que puede llegar a duplicarse debido a que muchos compatriotas no se inscriben en los consulados, ya sea por desconocimiento o porque tienen miedo de ser denunciados debido a su condición de ilegales. Se cree que por un colombiano legal hay uno ilegal. Según cifras del Dane, el 23,3 por ciento de los emigrantes colombianos está en España, segundo país de destino después de Estados Unidos.

Al llegar a España, Patricia se hospedó en el apartamento que un amigo de su hermana tenía alquilado junto con otros cuatro colombianos, y allí vivió durante su primer año. Lo más difícil fue el primer invierno: no tenían plata para pagar la calefacción. Así que para poder aguantar las noches heladas, tenía que dormir con la chaqueta que había comprado en una tienda de ayuda a los emigrantes.

Parecía un retrato de noche y de día. Al resto de sus compañeros les pasaba lo mismo. El trabajo no fue tan duro de conseguir, pero hizo cosas que nunca había soñado. Limpió casas y locales, fue mesera en un par de cafeterías y trabajó de conserje en un edificio. Terminaba los días rendida y, para completar, no tenía plata para salir, pues lo que recibía tenía que repartirlo entre el arriendo y el envío de dinero a Colombia para ayudar a sostener a su familia. Aun así, podía mandar más plata de lo que estaba ganando en Colombia.

Durante los últimos cinco años, cada colombiano ha mandado anualmente en promedio un total de 3.863 euros, según cálculos del Ministerio del Exterior. El dinero enviado por el colectivo colombiano significó el 21 por ciento de las remesas que salieron desde España el año anterior, lo que la constituye en la segunda comunidad que más envía dinero después de la ecuatoriana. Esta cifra es más considerable aun si se tiene en cuenta que España ocupa actualmente el quinto puesto de envío de remesas en el mundo.

Después de unos meses en Madrid, Patricia se planteó la opción de viajar a otro lugar de España que fuera más económico y que le permitiera ahorrar más dinero. Decidió, sin embargo, quedarse porque allí estaban las personas que conocía. No quería sentirse aun más sola de lo que estaba. No pasó lo mismo con muchos otros colombianos que llegaron por su misma época. Con el tiempo, estos se fueron dando cuenta de que era más fácil lograr una estabilidad laboral y económica en pueblos de provincia donde la competencia laboral con otros inmigrantes era menor y el costo de vida era más accesible. Escogieron, especialmente, aquellas zonas que tienen una industria turística desarrollada, como la Comunidad Valenciana, Cataluña, Baleares, Canarias y Andalucía.

La decisión de Patricia de quedarse en Madrid también estuvo influida por la idea de regresar a Colombia después de un tiempo. Sus planes no eran a largo plazo. Pretendía vivir en España por alrededor de dos años, ahorrar lo que más pudiera y luego devolverse. Pero con el proceso de regularización que hubo en 2001 logró conseguir su permiso de trabajo, y al final hizo lo contrario a lo que tenía planeado: se llevó a sus padres y hermanos a vivir con ella. Hoy viven juntos en un piso que Patricia está pagando en un barrio a las afueras de Madrid con el salario que gana como secretaria. Sus hermanos también han encontrado trabajos estables. Y es que la mayoría de los colombianos ha llegado pensando que se devolvería después de un tiempo. Sin embargo, después de vivir unos años y legalizar su situación, dos de tres emigrantes quieren quedarse, según datos del informe Los colombianos en España: un fenómeno reciente, en incremento y con tendencia a la permanencia, realizado por Lucía Nieto Huertas, del Instituto Ortega y Gasset de Madrid.

Una de las características de la inmigración colombiana a España es que las mujeres se han ido en mayor número que los hombres. Al igual que Patricia, trabajan por un período, ahorran dinero y luego empiezan a reunificar poco a poco a su familia. Los hombres cabeza de familia, por el contrario, suelen regresar al lugar de origen con más facilidad. Y cuando son solteros, una de las modalidades que tienen para conseguir los papeles más fácilmente son los matrimonios ficticios. Otra de las características del colombiano que emigra a España es que está bien calificado para el trabajo y por tal motivo es valorado en el mundo laboral. "No son los colombianos tontos y más pobres los que emigran", escribe en su informe Lucía Nieto Huertas. Es así como muchos empiezan por los sectores más bajos de la escala laboral, como la construcción y el servicio doméstico, hasta que poco a poco van encontrando empleos de mayor responsabilidad. Por esto este es un colectivo que tiene una fuerte movilidad laboral, algo que es difícil de encontrar en un país que se caracteriza por lo contrario.

Una de las cosas que más extrañaba Patricia a su llegada a España era la comida. Para hacer las arepas a las que tanto estaba acostumbrada sólo encontraba una harina venezolana que no lograba tener el mismo sabor de la arepa antioqueña. Pero poco a poco, las cosas fueron cambiando. En Madrid se fueron abriendo cada vez más restaurantes de comida colombiana y las tiendas donde venden víveres importados de Colombia se han multiplicado en los últimos años. Incluso hay lugares donde venden helados de palito de coco y maracuyá. Y es que son tantos los colombianos que se han afianzado en España, que en Barcelona, por ejemplo, ya hay una panadería donde se vende con éxito pan al estilo colombiano: pan aliñado blandito, buñuelos y pandebonos..

Es así como en poco tiempo, en España, la primera generación de estos inmigrantes colombianos ya han logrado abrirse un camino. Hoy día son una comunidad que poco a poco se ha ido ganando un espacio en la vida laboral de un país que al principio les pareció hostil -el tono de los españoles les resultaba agresivo- , pero al que se fueron acostumbrando con el tiempo. Patricia ya lo tiene decidido. Se quedará en España porque siente que allí queda su casa. Si sus padres deciden regresar, ella está dispuesta a ayudarlos y mandarles el dinero para que vivan cómodamente. España ya es su casa y allí tiene todas las oportunidades para salir adelante. A Pereira regresará sólo a pasar navidades.
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