Miércoles, 7 de diciembre de 2016

| 1990/04/23 00:00

¿Quién mató a Jaramillo Ossa? Nota de archivo

Si no fue Escobar, entónces quién?

¿Quién mató a Jaramillo Ossa? Nota de archivo

Lo sucedido el jueves de la semana pasada pareció la repetición de una historia conocida, en la cual lo único diferente fueron los nombres de los protagonistas. Un hombre--en este caso el candidato presidencial de la Unión Patriótica, Bernardo Jaramillo-ingreso, poco antes de las 8 de la mañana, al terminal de pasajeros del Puente Aereo de Bogotá, donde lo esperaba una pareja de sicarios con ametralladoras. Uno de ellos--identificado horas despues como Andrés Arturo Gutierrez, de apenas 17 años--le disparó en medio del hall del edificio, causandole heridas en el cuello, el torax y el abdomen. La esposa de Jaramillo se lanzó sobre el cuerpo sangrante de su marido mientras terminaba un tiroteo de varios minutos, tras el cual Gutierrez resulto herido y su compañero escapó. Luego un rápido recorrido hasta la clinica de la Policia, en la Avenida El dorado, y dos horas despues el fatídico anuncio: Jaramillo había muerto .

Pero para el gobierno la cuestion esta vez era aun más compleja que de costumbre: 48 horas antes del crimen, el ministro de Gobierno, Carlos Lemos, se habia trenzado con Jaramillo en una agria polémica, iniciada por el primero al declarar que existia una clara vinculación entre la UP y las FARC. Jaramillo y el presidente de la UP, Diego Montaña Cuellar--quien ocho días antes había condenado energicamente un ataque de las FARC a un convoy militar--rechazaron la imputacion y promovieron ante la Procuraduría General de la Nación una investigación contra el ministro, en la ultima gestion politica de Jaramillo antes de morir (ver recuadro).

Sin embargo, más allá del debate sobre la responsabilidad política que le podía caber al titular de la cartera de Gobierno la opinión nacional, que había vivido una especie de relativas vacaciones en medio de la guerra, desde la muerte a principios de diciembre de Gonzálo Rodríguez Gacha, El Mexicano, se encontraba de repente ante la inminencia de una nueva oleada violenta.
Aparte del sentimiento nacional en el que se mezclaban la indignación y la frustracion, el pais terminaba la semana en medio de una gran confusion en cuanto a la autoria del asesinato. Al principio, todo parecia muy claro. En un maletín que el sicario llevaba, las autoridades habían encontrado el jueves en la mañana una cédula falsa a nombre de Jaime Alberto Restrepo Posada, una revista en la que aparece una foto de Jaramillo, un manual de regulación aerea de la Academia Antioqueña de Aviación y un libro del periodista Fabio Rincon sobre la vida de El Mexicano, señalado en una página donde aparece una foto del general Miguel Maza, director del DAS. La vinculación del sicario con Antioquia y la foto del general Maza eran indicios que apuntaban a ubicar en Medellín la autoría intelectual del crímen.

Esta idea se vio reforzada en horas de la tarde por una llamada telefónica a una emisora de la capital antioqueña, en la que una voz anónima se atribuia el asesinato a nombre del cartel de Medellín. "El atentado fue ejecutado por el comando Gonzalo Rodríguez Gacha que tenemos en Bogotá", dijo la voz, que agrego otros detalles: que el cartel de Medellín había reorganizado su aparato militar; que la próxima víctima sería el candidato liberal Cesar Gaviria, contra quien habría fallado un atentado el martes de la semana pasada; que el cartel había decidido reiniciar la guerra debido a que durante cinco meses ofreció negociar con el gobierno y la unica respuesta que obtuvo fue que sus dirigentes se entregaran a la justicia".

El general Miguel Maza, director del DAS, y el ministro de Defensa, general Oscar Botero, habian confirmado esa misma mañana, poco despues de la muerte de Jaramillo, que se trataba del cartel de Medellin, y habian responsabilizado en forma directa a Pablo Escobar. Habian señalado que el día antes del asesinato, una conversación entre Escobar y uno de sus jefes de sicarios, apodado "El Zarco" había sido interceptada y que en ella (ver recuadro) se hablaba claramente de un atentado para el jueves. En la misma grabación se habla, segun la interpretacion que de ella hacen las autoridades, del pago de 300 mil pesos a alguien, cifra que corresponde con la que el sicario confeso haber recibido como adelanto del operativo. Para los dos generales el origen del sicario, las caracteristicas de su contratacion y entrenamiento, y la coincidencia de la cifra paga da, asi como el anuncio en la conversación de un golpe para el día siguiente, permiten "establecer con certeza" que el autor intelectual del asesinato es Pablo Escobar.

El jueves, los colombianos se fueron a dormir con la idea fija en sus cabezas de que la guerra terrorista de la organización de Pablo Escobar se había reactivado y de que lo que venía era una nueva ofensiva, presumible mente más sangrienta que la que se inicio en agosto con el asesinato de Luis Carlos Galan, puesto que a juzgar por el lenguaje utilizado en la llamada anónima a la emisora de Medellin, se trataba de una guerra de kamikases.

Pero lo que hubo el viernes fue una carta de Pablo Escobar, con su huella digital impresa--como acostumbra el jefe del cartel a identificar sus documentos desde hace algun tiempo- en la que desmentia categóricamentt ser el autor intelectual del crimen, presentaba una larga serie de argumentos para sustentar su posición. La carta iba dirigida al presidente de la UP, Diego Montaña, a quien se refería como "Distinguido señor". En la comunicación, Escobar comenzaba por declararse "adolorido" por el crimen y luego "asombrado de ver la facilidad y la rápidez con las que el gobierno encuentra un culpable para justificar ante el pueblo los asesinatos cometidos por sus sicarios oficiales".
Agregaba que a Jaramillo "lo quise, lo respeté y lo admiré siempre". Contaba que se había reunido con él varias veces "para mediar ante mi amigo Gonzálo Rodríguez Gacha, con el fin de que se respetara su vida".
Luego preguntaba que interés podría tener el en matar a quien, como Jaramillo, se opuso a la extradición y defendió el diálogo con el narcotráfico.
Para terminar, citaba una frase del candidato de la UP en una entrevista de septiembre pasado a la revista Cromos, que le venia como anillo al dedo: "Ahora todo se lo achacan al señor Pablo Escobar. El va a ser el chivo expiatorio de todas las bellaquerías que se han hecho en el país durante estos años. Aqui hay altas personalidades del Estado que estan comprometidas con los grupos paramilitares y tienen que responderle al pais por los crimenes que han cometido ".


En otras palabras, había tres posiciones diferentes en este asunto: la del supuesto grupo de Fidel Castaño que reivindicaba el crimen, la de Escobar que lo negaba y la de las Fuerzas Armadas que se lo atribuian a Escobar.

En medio de semejante confusion, corrieron toda suerte de especulaciones sobre la autoria intelectual del crimen. Como sucede siempre en estos casos se hablo mucho de un asesinato "por carambola". Es decir, que alguien lo hizo para que le echaran la culpa a otro.

Pero por otra parte, hay que aceptar que en esta oportunidad hay un elemento que pareceria apuntar hacia la posibilidad de que una trama de ese estilo haya sido diseñada. Y es el hecho de que, segun la version de las autoridades, el sicario que mato a Jaramillo habría recibido de su contacto con Escobar en el aeropuerto, un maletin cuyo contenido es definitivamente incriminatorio contra el cartel de Medellin. Que en el mismo maletin en el que iba la ametralladora para el sicario, un hombre del cartel incluyera elementos como un libro sobre la vida de El Mexicano, en el que además estaba señalada la pagina en que aparece la foto del general Maza, enemigo numero uno del cartel, era demasiado para no despertar sospechas, pues equivalia practicamente a firmar con nombre propio la autoria del asesinato a nombre de la organización de Escobar. Y no es que a veces en Colombia no se firmen estos crimenes con nombre propio. Lo que sucede es que si Escobar hubiera querido firmarlo el jueves, no tenía sentido que a primera hora del viernes saliera a desmentir su autoria de manera tan enfática.

ENTONCES QUIEN ?
Pero si se le creía a Escobar, quien podía entonces ser señalado como autor intelectual del crimen? Como suele suceder en estos casos, las teorias de coctel inundaron el ambiente: que fueron las FARC porque la proxima semana Jaramillo iba a dar a conocer una declaracion condenando la lucha armada; que por la misma razón habría sido el ELN; que fueron los gringos porque Colombia se estaba durmiendo en la lucha contra el cartel; que fue el Ejército, hastiado de los ataques de las FARC, o para hacer abortar un posible dialogo con los narcotraficantes etc. Sin embargo, aceptar cualquiera de estas tesis equivalia a comenzar a jugar a la bola de cristal, pues fuera de basarse en interpretaciones a varias bandas, nada más apuntaba hacia ellas.

Pero volviendo a las declaraciones enfrentadas de Maza, Escobar y el supuesto representante de Castaño, quien está diciendo la verdad?

Como cosa curiosa, a quien más credibilidad se le esta otorgando es a Pablo Escobar. El propio diario El Tiempo le reconoce a su argumentacion "razones lógicas". Lo que olvidan, sin embargo, quienes creen que Escobar no fue, es que quien reivindico el atentado en una llamada anónima a una estacion de radio no dijo que habia sido Escobar (ver transcripcion). Lo que dijo es que la organizacion de Rodriguez Gacha había sido heredada por Castaño, quien ahora era el responsable.

Por su parte, Pablo Escobar no dijo en su carta que no haya sido Castaño. Afirmó simplemente que el no tenia nada que ver con los grupos paramilitares, que no era de derecha y que el comunicado "a nombre del cartel de Medellin" era falso. Esto podria ser interpretado como que el grupo de paramilitares de Castaño, que reivindico el crimen, no puede asumir la voceria del cartel. El texto de la transcripcion de la llamada anonima deja la impresión de que nadie estaba allí suplantando a nadie. La unica duda al respecto es que habla de entrega de laboratorios y armas y de la liberación del hijo del secretario general de la Presidencia, German Montoya, cuando esos procesos han sido responsabilidad exclusiva de Escobar.
Pero esto se puede explicar teniendo en cuenta que los señores Fidel Castaño, Henry Perez y compañía también están asociados con el narcotrafico, el exito o fracaso del denominado "proceso de rendición" también los afecta.

El asunto es que el grupo paramilitar de Castaño está en guerra declarada desde hace tiempos con todo lo que huela a izquierda en Urabá y otras regiones del país. El pasado de este hombre, que segun las autoridades inicio su sangrienta actividad con la masacre de Remedios en 1984, explica su anticomunismo visceral: su padre fue secuestrado a principios de la década pasada por las FARC, la familia pago el rescate y le devolvieron el cadaver. Desde entonces, Castaño juró venganza. Cuando El Mexicano comenzo a estructurar la organización paramilitar a nivel nacional, convirtio a Castaño en uno de sus hombres claves para extender sus tentáculos del Magdalena Medio hacia otras regiones, principalmente Cordoba y el Urabá antioqueño. De ahí que resulte lógico que el haya heredado lo que quede de la organizacion de Rodríguez Gacha, y que haya concentrado sus esfuerzos, no tanto en defender los intereses del narcotrafico --actividad de la que al parecer se desvinculó--, como en adelantar su cruzada anticomunista, en especial en la zona de Uraba y Cordoba, donde en los últimos meses se han cometido más asesinatos politicos que en los años anteriores. En este orden de ideas, Bernardo Jaramillo representaba para esa organización un objetivo significativo, pues el aspirante presidencial de la UP se formo politicamente en esa region, asesorando a los sindicatos bananeros.

Surgen entonces algunos interrogantes adicionales. Cual es la verdadera relacion entre Escobar y Castaño? Podía el segundo actuar sin autorización del primero? Segun las autoridades, esto es casi imposible.
Para ellas, el cartel de Medellin tiene dos brazos armados: el urbano, que es el sicariato de la capital antioqueña, y el rural, que son los paramilitares. Castaño pertenece a los segundos. De dónde resulta entonces contratando sicarios en Medellin para llevar a Bogotá a matar a Jaramillo sin consultarle a Escobar y poniendo en peligro cualquier esperanza de negociacion del proceso de rendición que Escobar ha ofrecido si lo juzgan en Colombia? Por otro lado, el cartel de Medellin es solo uno y, hasta donde se sabe, Escobar lo manda de verdad. Castaño es un lugarteniente de Escobar y es sabido que a el nadie le monta tolda aparte. Estos argumentos, que el gobierno presenta para no darle credibilidad a las afirmaciones de la carta de Escobar, son válidos.
Pero tambien hay que considerar que, a pesar de que Escobar dice no tener nada que ver con los grupos paramilitares, es un hecho que Castaño, que si tiene que ver, trabaja para el cartel y ha liquidado gran numero de dirigentes y militares de la izquierda en Urabá. Puede que esta guerra no tenga nada que ver con Escobar, quien dice no ser de derecha, pero lo que si es seguro es que El Mexicano, y despues de el Castaño, le declararon la guerra al comunismo mientras trabajan con Escobar. Rodríguez Gacha mato al primer candidato presidencial de la UP, Jaime Pardo Leal, por iniciativa mas propia que de Escobar. No es por ello imposible que su sucesor haya hecho lo mismo con el sucesor de Pardo Leal. En todo caso, el hecho es que alguien a nombre de Castaño reivindico el asesinato. Pablo Escobar salio a decir que no había sido él, pero Castaño, que podía haber hecho lo mismo, no lo hizo.

En cuanto a la posición de los generales Botero y Maza, que el jueves señalaron sin dilaciones a Escobar como el autor intelectual del asesinato de Jaramillo, en la transcripcion de la conversación interceptada la vispera hay suficientes elementos que permiten hacer esta interpretacion. Escobar habla de algo que sonaba lo suficientemente peligroso como para que despertaran al general Maza a la una de la mañana, 7 horas antes de los disparos a Jaramillo, para alertarlo. Sin embargo, en cuestión de atentados, nadie es muy explicito en comunicaciones que puedan ser interceptadas.
En donde si es evidente que hubo un error de interpretacion fue en lo relacionado con los 300 mil pesos pagados al sicario. Como se puede apreciar en la transcripción, Escobar habla diez minutos de "300 pesitos" pero leyendo en contexto es obvio que no puede tratarse de 300 mil pesos.
Mas bien podrian ser 300 millones de pesos o 300 kilos de cocaina. Las dos interpretaciones son posibles. Lo que no es posible es que a un hombre a quien se le atribuye una fortuna de 3.000 millones de dolares, esté tan preocupado por 600 dolares, que es a lo que equivalen los 300 mil. Lo que todo lo anterior indica es que es posible que nadie este mintiendo y que simplemente se trate de interpretaciones y matices alrededor de unos hechos.

LAS IMPLICACIONES
Si lo anterior se confirma, el pais se estaria enfrentando de nuevo a algo que muchos creyeron habia muerto con El Mexicano: una ofensiva anticomunista en la cual la militancia y la dirigencia de la UP son consideradas por los atacantes como un objetivo militar asimilado a las FARC. Esto no solo tiene implicaciones para los intentos de aclimatar la paz en el país, sino para el futuro del ministro de Gobierno, Carlos Lemos, pues su situacion, que despues de los problemas del jueves en la mañana habia mejorado con la llamada anonima atribuida al cartel--ya que al fin y al cabo ningun otro ministro del actual gabinete se ha enfrentado mas duramente a los narcotraficantes--, volvía a ser difícil al apuntar las cosas hacia una actividad paramilitar que se basa en no distinguir a la UP de las FARC.
Y para las Fuerzas Armadas, ya que en multiples ocasiones se ha denunciado que Fidel Castaño se pasea como Pedro por su casa en Cordoba y Uraba.

El viernes en la noche, el alto gobierno enfrentaba un problema adicional, derivado del terreno que la anterior tesis sobre los autores intelectuales del asesinato ganaba no solo entre la opinión pública, sino entre los dirigentes tanto de la UP, como de la oposición social conservadora.
Tras una larga reunión de Montaña con el candidato Rodrigo Lloreda ambos acordaron, en unión del M-19 y otros grupos menores, pedirle al gobierno un aplazamiento de las elecciones presidenciales del 27 de mayo. Más alla del alcance juridico y politico de esta solicitud, lo cierto es que para el Presidente Barco la semana se abre con una extensa agenda de complicaciones, que incluyen la toma de una decision sobre la permanencia en su gabinete, del ministro Lemos y una respuesta a las quejas y amenazas de la oposición.

Pero todo esto no parecen mas que problemas coyunturales de solución relativamente facil, al lado del reto que lo sucedido le plantea al país, al gobierno que esta por terminar y al que debe iniciarse el 7 de agosto. La conclusion de que la organización paramilitar no desaparecio con la muerte de El Mexicano y de que, mermada o no, esta tiene una nueva cabeza en la persona de Fidel Castaño, quien además se habría convertido en una rueda suelta del cartel de Medellin implica que el país, que se habia acostumbrado a hablar de dos enemigos, la guerrilla y el narcotrafico y su brazo armado paramilitar, tiene que empezar a hablar de tres, siendo el tercero, el grupo de Castaño, tanto o más peligroso que los anteriores. Y si librar una guerra en dos frentes era ya bastante dificil, hacerlo en tres parece casi imposible.-

¿SICARIOS KAMIKASES?
El interrogante está abierto: ¿qué tan suicida es el sicario? Mucho se ha especulado sobre el tema. Algunos estudiosos de esta problemática afirman que son jóvenes dispuestos a matar sin importarles sus propias vidas.
Otros dicen que el sicario es un sujeto cobarde, que con gran facilidad pierde el control, especialmente cuando se siente herido. Pide clemencia para que no lo dejen morir. Sin embargo
por el momento lo único cierto es que hay elementos muy contradictorios en esta teoría.

Los ejemplos sobran. Andrés Arturo Gutiérrez Maya, el sicario que disparó contra Bernardo Jaramillo Ossa, tenía la esperanza que una vez cumpliera su misión, el resto del plan se llevaría a cabo para que él pudiera escapar. Pero esa esperanza de vida que guardaba Andrés Gutiérrez era una tenue luz en medio de un huracán. No se necesita saber de cálculos ni de estrategias delicuenciales para saber, por más juventud que se tenga, que una persona que se enfrenta a 16 guardaespaldas, armados hasta los dientes, afronta todas las posibilidades de que lo maten.

Por tanto, es indudable que el sicario promedio es una persona que cuenta con la posibilidad de morir cuando se compromete a una acción suicida como la del pasado jueves en el terminal aéreo de Bogotá. Y hay elementos que apuntan a que los sicarios tienen si no la vocación de suicidas que generalmente es producto de la depresión o del fanatismo, por lo menos un concepto sublimizado de la muerte. Y no la de sus víctimas sino de la propia. Morir no solamente es normal. Si no es deseable. Siempre y cuando se muera en su ley. Es decir, así como un torero acepta la dignidad de morir en las astas de un toro, un sicario acepta la dignidad de morir en un operativo. Eso ocurrió en el terminal aéreo de Bogotá, cuando fue asesinado José Antequera y herido de gravedad Ernesto Samper Pizano.
Las imágenes grabadas por las camaras del circuito cerrado de televisión del aeropuerto, que nunca han sido proyectadas al público en el momento de los disparos, muestran una escena espeluznante cuando el sicario, una vez ha descargado su metralla sobre los cuerpos de sus victimas, en lugar de correr para ponerse a salvo, comienza a bailar, como si estuviera celebrando un gol, junto a los cuerpos de los dos heridos. Y en medio de esta celebración, los guardaespaldas de Antequera y Samper le dan de baja.

Ese realismo es patético también en la película "No-futuro", de Víctor Gaviria, que es un documental sobre sicarios reales. Aquí también hay una escena escalofriante: ante el féretro de un muchacho que murió, desfilan sus compañeros de gallada. Uno de ellos dice claramente "sos un verraco", y el que le sigue en fila, le dice "moriste en tu ley". Como dato curioso, siete de los sicarios que aparecen en la película han muerto. El último, quien el mes pasado había hablado con esta revista, fue asesinado la semana pasada.

Por eso en sus velorios no hay luto.
El negro desapareció para darle paso al rojo encendido. Sus compañeros se paran frente al difunto y lo congratulan porque cumplió su misión y "está donde debe estar".

Péro también se encuentra el sicario que le duele la muerte de un pájaro. Como ocurre con Andrés Gutiérrez. Su abuela no se explica cómo su nieto fue capaz de matar a una persona, cuando días antes lloró porque con su pistola de balines mató una tortolita.

DESAFORTUNADA COINCIDENCIA
Todo comenzó con una entrevista al ministro de Gobierno, Carlos Lemos Simmonds, publicada entre el 1 y el 17 de marzo en los periódicos afiliados a la agencia nacional de noticias Colprensa. En ella Lemos, refiriéndose al momento que vive Colombia, aseguró que "el país ya está cansado y una prueba de ese cansancio en que en estas elecciones votó contra la violencia y derrotó al brazo politico de las Farc que es la Unión Patriótica . Se van a enojar porque les estoy diciendo esto, pero ellos saben que es así".

La afirmación del ministro, aunque expresada en medio de una extensa entrevista en la que habló de lo divino y lo humano, difícilmente podía pasar desapercibida. Y menos cuando el martes siguiente, a la entrada a un Consejo de Ministros en Palacio, Lemos, lejos de matizar lo dicho en la entrevista, lo reafirmó frente a las cámaras de todos los noticieros de televisión.

Según él, una prueba contundente de los vinculos entre la Union Patriótica y las Farc era el hecho de que Braulio Herrera, elegido en 1986 representante a la Cámara por la UP, supuestamente después de haber dejado la lucha guerrillera en las Farc, hubiera abandonado el Congreso para regresar al monte. Pero, sobre todo, que la Unión Patriótica no hubiera condenado tajantemente la lucha armada, especialmente después de la escalada terrorista de los últimos meses.

Tal como lo preveía Lemos en su entrevista a Colprensa, la Unión Patriótica se enojó. Su presidente, Diego Montaña Cuéllar, envió de inmediato una carta de reclamo al ministro, en la cual lo acusaba de ejercer una actitud abiertamente hostil contra su movimiento político. "Usted debe saber--decía Montaña- que una declaración suya puede causar muchos muertos, porque evidentemente nuestros enemigos se sentirían amparados". Bernardo Jaramillo Ossa tampoco se quedó atrás en sus recriminaciones. En una entrevista para un noticiero de televisión--la última que concedió--, no sólo calificó de injuriosas e irresponsables las afirmaciones de Lemos, sino que además, en palabras que resultaron infortunadamente premonitorias, señaló con tono acusador al titular de la cartera de Gobierno diciendo que "por el hecho de que no le guste al ministro la forma como nosotros decimos las cosas, no le da derecho a condenarnos a muerte con sus declaraciones, tal como lo está haciendo".

La "desafortunada coincidencia" como algunos calificaron el hecho de que, horas después de la polémica, Jaramillo hubiera sido asesinado, puso a tambalear al ministro y al final de la semana todo parecía indicar que la última palabra sobre el asunto no se había dicho.

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