Miércoles, 7 de diciembre de 2016

| 2005/04/24 00:00

Rápido ruedan los carros

Mayores ventas en el país, mayores exportaciones a Venezuela, costos reducidos... 2004 fue el año perfecto para las ensambladoras nacionales. Pero la competencia, que ya se hizo sentir, promete ser dura muy pronto.

Rápido ruedan los carros

"¡Moñona!", podrían gritar los empresarios del sector automotor colombiano. En 2004

coincidieron tres circunstancias que hacía rato no se daban al mismo tiempo: el mercado local creció, las exportaciones a Venezuela se reactivaron y el dólar, al que están atados los costos, se desplomó. Esta mezcla ubicó a las principales empresas de la industria -GM Colmotores, Sofasa y la Compañía Colombiana Automotriz (CCA)- en lista de las que más crecieron el año pasado.

Entre las tres facturaron 3,7 billones de pesos, casi 40 por ciento más que en 2003, un aumento que estuvo acompañado de una fuerte recuperación en los márgenes de utilidad. Sin embargo la comparación de los resultados financieros entre un año y otro es engañosa. Las ensambladoras venían de sufrir un fuerte bajonazo en las ventas a Venezuela durante 2003, por lo que una parte de la mejoría fue de rebote. Con todo, no cabe duda de que en 2004 estas empresas marcharon sobre ruedas, en un camino abonado por el crecimiento económico de la región andina.

En el mercado interno se vendieron 115.000 vehículos, 22 por ciento más que el año anterior, un volumen que no se veía desde antes de la recesión de finales de los 90. Detrás de este resultado hay un dato revelador: mientras las ventas de carros ensamblados en Colombia cayeron 2 ciento, las de los importados aumentaron 157 por ciento. Hoy, de cada dos automóviles que salen de algún concesionario, uno es fabricado en el exterior.

El dólar tuvo la culpa. Cayó 14 por ciento el año pasado y permitió a los importadores de vehículos, incluyendo a las ensambladoras, mantener o incluso reducir los precios. "La revaluación definitivamente dinamizó el mercado", concluye José Fernando Isaza, presidente de la CCA.

El bajonazo en la tasa de cambio coincidió con las ganas de los colombianos de renovar sus carros, muchos de ellos adquiridos durante el pico de ventas que tuvo el sector automotor hace 7 u 8 años. Quienes quisieron cambiar su vehículo viejo encontraron condiciones ideales para hacerlo. Consiguieron crédito sin problemas y a tasas de interés más bajas que hace unos años. Todo, en medio de una competencia sin cuartel entre las distintas marcas de automóviles, empeñadas en aprovechar el buen momento del mercado.

GM Colmotores, el líder del sector, aumentó su participación en las ventas totales de vehículos. Tiene el 37 por ciento de la torta, "gracias al lanzamiento de nuevos productos -seis el año pasado- y a distintos programas de acercamiento a los clientes", dice José Román, vicepresidente de mercadeo de la empresa. Pone el caso de una campaña publicitaria que pretendía atraer a posibles compradores a través de una página en Internet para que conocieran las especificaciones de una camioneta. Recibieron 18.000 visitas, de las cuales 800 se concretaron en pruebas del vehículo, que salió al mercado con un precio superior a los 100 millones de pesos.

Sofasa, aunque mantuvo el segundo puesto en el sector, redujo su porcentaje en las ventas de 23 a 21 por ciento. Siguió fortaleciendo marcas como el Renault Laguna y Megane Fase II, dirigidas a las clases media y alta, además de los exitosos Twingo y Clio, sus carros populares. La CCA, por su parte, continuó centrando sus esfuerzos comerciales en los automóviles de gama alta -de más de 55 millones de pesos- con la oferta de tres nuevos modelos.

Pero la ganadora indiscutible en la batalla por hacerse a un mayor pedazo del ponqué automotor fue la multinacional coreana Hyundai. En los últimos cuatro años triplicó las ventas de sus automóviles en Colombia y pasó de tener 6 por ciento del mercado en 2000 a 12 por ciento en 2004. Hoy es la tercera marca que más unidades vende en el país, desplazando a los tradicionales Mazda de la CCA. Su estrategia ha estado dirigida al segmento de taxis, donde hoy participa con cerca del 50 por ciento de las ventas.

La competencia se ha hecho más dura por la arremetida de marcas importadas, que hasta hace pocos años no existían o apenas figuraban en las cifras de mercado en la categoría de 'otras'. Es el caso de Volkswagen, que el año pasado alcanzó 3 por ciento de participación, con 2.450 unidades vendidas.

Si en Colombia el mercado automotor estuvo movido, en Venezuela hubo una verdadera explosión. Después de varios años de crisis, muchos venezolanos volvieron a estrenar carro. Las ventas de vehículos nuevos en el vecino país se duplicaron, al pasar de 56.000 unidades en 2003 a 117.000 el año pasado, según estadísticas de la Cámara Automotriz de Venezuela.

Este repunte pudo ser aprovechado por las ensambladoras colombianas gracias a que, hacia finales de 2003, se normalizó el pago de divisas desde Venezuela, restringido por el control de cambios que impuso el gobierno de Hugo Chávez en febrero de ese año. Así, sus exportaciones hacia el vecino país pasaron de 99 millones de dólares en 2003 a 326 millones en 2004.

LOS RETOS

Dos interrogantes surgen ante los resultados del sector automotor colombiano el año pasado. En primer lugar, si los carros importados seguirán ganando terreno frente al ensamble nacional o si lo ocurrido en 2004 es solamente un efecto pasajero de la caída en la tasa de cambio.

Todo apunta a que el impulso de las importaciones se mantendrá no sólo en 2005, sino de aquí en adelante. Tarde o temprano el arancel que ha protegido a los vehículos ensamblados en el país desaparecerá por obra y gracia de alguno de los acuerdos de libre comercio que ha firmado o está negociando el gobierno colombiano. De hecho, la apertura ya comenzó. Desde octubre de 2004, en virtud del G-3, el tratado entre México, Colombia y Venezuela, puede ingresar al mercado nacional un cupo de automóviles mexicanos pagando menores aranceles, y a partir de 2010 el acceso será totalmente libre. El acuerdo entre la Comunidad Andina y los países del Mercosur (Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay) prevé el desmonte gradual de los aranceles para la industria automotriz en un plazo de 15 años. Y falta ver lo que se acuerde al respecto en el Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos. (Ver recuadro).

La otra pregunta es si las exportaciones de automóviles a Venezuela continuarán jalonando la industria colombiana en 2005. Desde el punto de vista económico no hay razones para pensar lo contrario. La economía venezolana seguirá disfrutando de los altos precios del petróleo, del generoso aumento en el gasto público y del apetito de los consumidores por vehículos nuevos. Pero, en lo político, Venezuela es un socio impredecible. Eso quedó claro con las amenazas de restringir el comercio bilateral que lanzó el gobierno de Chávez durante la crisis diplomática de hace cinco meses. Contra ese riesgo, no hay seguro que valga.

En el mercado interno, las perspectivas del sector automotor para este año son positivas. Los directivos de las ensambladoras les apuestan a unas ventas totales cercanas a las 120.000 unidades, es decir, a un crecimiento de 5 por ciento. La competencia de los importados aumentará, quizá sin la ayuda del precio del dólar, que en todo caso, según los pronósticos, apenas subiría entre 5 y 6 por ciento. Y si el mercado venezolano sigue expandiéndose, como está previsto, el sector automotor repetiría la moñona en 2005.

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