Jueves, 19 de enero de 2017

| 1986/06/16 00:00

RAYO DE VIDA Y MUERTE

El laser, cuyas primeras demostraciones fueron en inocentes ferias, cumple 25 años como fuente inagotable de beneficios o calamidades para la humanidad

RAYO DE VIDA Y MUERTE

Devuelve la vista a los ciegos y desintegra misiles nucleares; cura pacientes con cáncer y atraviesa planchas de acero; logra tanto la fertilidad como la esterilidad humana; puede explorar galaxias distantes o analizar la estructura de una célula; crea imágenes tridimensionales y música perfecta, se puede convertir en el más delicado bisturí o en un arma demoledora; es capaz de avisar la proximidad de un terremoto o causar grandes catástrofes. Puede también almacenar la información de diez mil libros en un disco pequeño, transportar 40 mil conversaciones simultáneas, destruir satélites de comunicación y hasta abrirle el agujero a un biberón.
Esa es sólo la lista corta de las propiedades de esta fuente inagotable de vida o de muerte, de esa energía milagrosa y misteriosa que comenzó a mencionarse hace 25 años con un nombre que causaba pavor: rayos laser.
Aunque según algunos teóricos, los laser son tan antiguos como la humanidad porque reflejan la lucha del hombre por el dominio de la luz que, según el libro Génesis, fue la primera obra de la Creación, sólo en 1917 el sabio Albert Einstein pronosticó de manera coherente la posibilidad de que, bajo condiciones especiales, la luz absorbida por átomos y moléculas podría ser emitida en una radiación adicional estimulada.
Después del vaticinio de Einstein, la década de los sesenta se abrió con un experimento exitoso, hecho por el profesor norteamericano Theodore Maiman, que logró activar el laser con la ayuda de cristales de rubí. Pero esa tarea de investigación era sólo la mitad de un camino que, en 1961, completó el físico también norteamericano, Javan, quien inventó los laser de gas, los más coherentes y prácticos y con los cuales se abrió una revolución tecnológica, científica e industrial que ha traspasado las barreras de la imaginación y cuyo impacto es comparable al del transistor y al de la televisión.
Para definir en los términos más simples posibles esta energía revolucionaria, podría decirse que es "luz ordenada", cuya diferencia con la luz corriente es igual a la que existe entre el ruido y la música. La palabra laser está conformada por las primeras letras de la expresión inglesa Light Amplification by Stimulated Emission of Radiation, que quiere decir "amplificación de la luz por medio de la emisión estimulada de radiaciones".
Hace un cuarto de siglo, cuando se inventó ese ordenamiento de la luz para convertirla en laser, el dato de que sus rayos eran un millón de veces más intensos que los del Sol, originó un cúmulo de expectativas y de temores que, sin embargo, se fueron desvaneciendo con las primeras muestras tangibles del descubrimiento: sus primeras "apariciones" se hicieron en ferias y su uso era para maniobras casi circenses como prender hojas de afeitar o quemar motas de algodón.
Pero esas eran sólo las muestras espectaculares de un invento que le tenía reservada a la humanidad más de una sorpresa. De esas primeras presentaciones en sociedad, los científicos pasaron al perfeccionamiento y empezaron a surgir los más variados tipos de laser (sólidos, líquidos y gaseosos), todos aprovechando el principio de la luz ordenada, la posibilidad de dirigirlos al antojo y a una misma velocidad, en una fascinación que se volvía magia por la pureza de los colores de los rayos.
Transcurridos entonces todos los años desde cuando Einstein vaticinó su aparición, sorteados con éxito todos los experimentos (incluso uno de ellos, en 1953, en la Universidad de Columbia, en Estados Unidos, dio origen a los rayos maser, una especie de primo hermano del laser) y pasada también la novedad de su exhibición en ferias y en fiestas, la ciencia empezó a producir los primeros beneficios de este invento para la humanidad.
Uno de los hallazgos iniciales hechos por la ciencia, se le atribuye al oftalmólogo norteamericano Christian Zwag, quien en 1962, experimentando con conejos, se dio cuenta que el laser era eficaz en los tratamientos de desprendimientos de retina. Poco después comprobó que también su uso era útil para los humanos y desde entonces miles de ciegos han podido recuperar la vista, gracias a una operación que consiste en traspasar el ojo afectado sin necesidad de abrirlo y quemar unas cuantas células detrás de la retina. La maravilla no sólo obró en traspasar el ojo sin abrirlo, sino en cicatrizar casi al instante, como por arte de magia, en cuestión de segundos.
El empleo del laser en materia oftalmológica ha avanzado a partir de ese descubrimiento y hoy en día esta técnica se emplea en la mayoría de los países del mundo, incluido Colombia.
La precisión y la rapidez del laser, han hecho que su empleo se extienda a todo tipo de cirugía, a través de un instrumento que parecería de ciencia ficción: el bisturí-laser. El uso de esta herramienta permite finas incisiones, elimina el riesgo de infecciones por que nada distinto al rayo toca las heridas, disminuye el tiempo de la intervención quirúrgica, alivia los dolores de la cicatrización y, además, se convierte en una ayuda invaluable para el médico por la simple razón de que no hay sangre y de esa manera se puede manipular sobre el paciente con mayor propiedad. De estos avances en la medicina con el empleo del laser no está ausente Colombia donde, incluso, se está perfeccionando un bisturí-laser (ver recuadro).
En la lucha contra el cáncer es en donde mayores esperanzas se tienen del empleo del laser en el mundo. Uno de los mayores avances en este campo se está experimentando en el Grand Hospital of Culumbus, donde a los pacientes se les inyecta hematoporfirina, se les somete después a rayos laser por espacio de diez a cuarenta minutos y las células cancerosas quedan destruidas sin dañar las adyacentes.
En medio de todas las inmensas ventajas del laser para la vida, también en estos 25 primeros años de su existencia, ha sido usado para la muerte. Ese es el lado oscuro del laser. Las potencias han diseñado con este rayo complejos sistemas de defensa y de ataque con armas sofisticadas, a las que se ha llegado tras experimentaciones y gasto de millonarios presupuestos. Según el escritor norte americano Allen Bonaiko, especialista en el tema, en 1983 los Estados Unidos gastaron 450 millones de dólares en ensayos de armamento a través de laser y, se supone, la Unión Soviética pudo gastar cerca del triple de esa cifra.
Para la vida, con todos aquellos empleos al servicio de la medicina y de la tecnología. Y para la muerte, con todas las posibilidades de fabricación de armamento o de mecanismos de defensa, el laser, ese rayo que en un comienzo sólo sirvió para demostraciones en ferias de pueblo, llega a los 25 años demostrando que sus múltiples usos superan, incluso, la imaginación de quienes lo crearon.--

Laser a la colombiana
A pesar de lo costoso y no obstante la distancia con lo más avanzado en materia tecnológica, el país puede mostrar hoy varios y valiosos intentos de aproximación al uso total del rayo laser.
En el campo médico, la mayor ambición actual está concentrada en los laboratorios de la Universidad de Antioquia, en Medellín, donde un grupo de especialistas está trabajando en la creación de un bisturí-laser. El equipo de expertos, orientado por el físico Edien Alvarez, estima que hacia el próximo agosto concluirá la experimentación y podrá tener listo el instrumento, con el que se lograrán grandes pasos en todas las ramas de la medicina. Además de ese esfuerzo científico, también se contempla uno de carácter económico: se intenta que el laser tenga un valor unitario de dos millones de pesos, mientras que uno importado cuesta cerca de diez millones.
En oftalmología, de acuerdo con la directora de la sociedad colombiana de esa ciencia, Elba Ortiz, los laser han comenzado a utilizarse en casos de glaucoma, desprendimiento de retina y otras operaciones de alta precisión y rápida cicatrización. Para los expertos, infortunadamente, la práctica de intervenciones con uso del laser no puede extenderse más, debido al costo de los equipos, calculado cada uno en 20 millones de pesos.
Una dificultad económica similar afrontan los neurocirujanos de Colombia que, sin embargo, han hecho experimentos exitosos de operaciones cerebrales. El Instituto Neurológico, por ejemplo, fue pionero en 1983 en realizar el primer Curso Latinoamericano de Cirugía con Laser y posee dos bisturí-luz, que podrían dejar de funcionar por dificultades económicas.
En el Centro Colombiano de Fertilidad y Esterilidad, a cargo del médico Ernesto Lucena Quevedo, se ha venido trabajando con laser desde hace varios años. En operaciones para reconstruir las trompas de Falopio ligadas en las mujeres y devolverles la fertilidad, se han completado 400 casos y el 73 por ciento de ellos ha tenido éxito. Para estas intervenciones se han usado equipos similares a los empleados en la Universidad de Tennessee, Estados Unidos. Estas operaciones tienen un costo de 250 mil pesos por paciente, comentó el médico Lucena.
Otra rama de la medicina donde en Colombia se emplea el laser es en la ortopedia. Recientemente, a raíz de una dificultad en una de sus rodillas, el campeón de ciclismo Luis Herrera fue sometido a un tratamiento donde el rayo laser fue usado. En materia de cáncer, el director del Instituto Nacional de Cancerología, Julio Enrique Ospina, dijo a SEMANA que en el próximo julio se incorporará a la lucha contra ese mal en Colombia un laser destinado al tratamiento de los casos que se presentan en el cuello uterino, que es el más frecuente que se presenta en el país, con el 26 por ciento de todos los casos.
Así que, aunque con dificultades de presupuesto, pero gracias a la tenacidad de muchos científicos, Colombia no está tan lejana a la era laser.--

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