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| 5/2/1994 12:00:00 AM

REBELDE CON CAUSA

DESDE PEQUEÑA SINTIO UNA GRAN INQUIEtud por todo aquello que generaba el reconocimiento público. De hecho, los primeros síntomas de dotes para la actuación la llevaban a disfrazarse todo el tiempo, con el único propósito de llamar la atención de sus padres (Gerardo de Francisco y Mercedes Baquero). Fingir fiebre para no ir al colegio fue la forma como comenzó a florecer esa vena histriónica que ahora se le reconoce. Luego, su fascinación por el cine le hacía vivir intensamente los dramas de las películas y su natural sensibilidad a todo lo que ocurría a su alrededor, generaba en su interior algún "rollo", alguna otra historia. Y cuando empezó a vivir la propia se fue dando cuenta de que mientras ella movía una ficha, el destino movía dos.
En su etapa de colegio figuró como "buena estudiante, pero indisciplinada". Siempre estaba en contra de las reglas. Su vida familiar ha sido de relaciones cercanas e intensas, tanto con sus padres como con sus hermanos, Adriana y Martín. En la Universidad del Valle, donde estudió un semestre de Filosofía y Letras, su arranque de rebeldía se manifestó con mayor fuerza. Decidió irse a Nueva York seis meses en companía de la persona que ella pensó que quería. Tenía 18 años. Sus padres quedaron estupefactos con su decisión, pero siempre le dieron su apoyo. Aunque afirma que no sabe de dónde proviene su rebeldía, sufre . "A veces yo misma me veo afectada por ser como soy". Y es un sentimiento constante "que no se quiere ir a pesar de que la vida me trata bien".
Al regresar de Estados Unidos, en 1984, empezó la presión para que participare en el Concurso Nacional de Belleza. Aunque no lo tenía muy claro aceptó por experimentar lo que era su personalidad expuesta a los ojos y los comentarios de mucha gente. De alguna manera, fue un papel carente de sentido "el estar todo el tiempo sonriendo y demostrando cosas que iban en contra de mi propia manera de ser". Cree que no fue elegida porque no asumió el compromiso con suficiente madurez.
Terminada esta experiencia, viajó a Londres. Su propósito era quedarse un año estudiando. Pero unos meses después llegó la propuesta para hacer Gallito Ramírez. Clara María Ochoa -quien es ahora su manager -fue la primera persona que se fijó en Margarita como actriz. Al igual que con sus anteriores decisiones, no hubo consultas con nadie. Lo único que se atrevió a decir fue: "Esto es ya, ya". Al día siguiente regresó a Colombia.
Trabajar en una telenovela le pareció lo más natural del mundo. Tan solo hubo una condición: que no le tocara besar al protagonista (Carlos Vives), porque le aterraban los dramas de las novelas. El personaje de La niña Mencha no se lo imaginó porque no se sentía actriz. Su propósito fue ser Margarita Rosa de Francisco. Tal vez la gente se encariñó con la 'Mencha' porque Margarita no estaba actuando. Julio César Luna le ilustraba las escenas como enseñándole a un niño. "Fue un personaje que me gocé", dice. En esta etapa tuvo su primer conflicto emocional relacionado con el trabajo. A pesar de la pasión que sentía por lo que estaba haciendo, no sabía si era la actuación lo que quería. También había nacido su relación con Vives, que consideraba como "el romanticismo llevado a los extremos".
Entonces concluyó que todavía no era el momento de la actuación y que necesitaba mayor disciplina. Entró a la Universidad Javeriana a estudiar Comunicación Social. Antes, Mauricio Gómez le había ofrecido la presentación en el Noticiero 24 Horas. Era consciente de que la responsabilidad y el riesgo de estar en directo era mayor que actuar, pero lo asumió "a ver qué pasaba". Al cabo de un año descubrió que no tenía vocación de periodista, y se retiró.
Empezaron a surgir las propuestas: Los pecados de Inés de Hinojosa, Calamar, Brigada central, Puertagrande y, finalmente, Café. Margarita recuerda lo que han sido sus interpretaciones hasta llegar donde se encuentra:

JUANITA HINOJOSA: "Con este personaje intuí que quería la actuación, pero no tenía ninguna base técnica. Lo encontré atrevidísimo. Me sentí bastante inmadura para atrontar que tenía que desnudarme. Me arrepentía y peleaba. Cuando uno tiene un par de ovarios para atrontar una cosa, entonces le echa la culpa a la cámara".

CLARAMANTA: "Interpretando a Claramanta -que de paso me pareció mediocre- me di cuenta de que yo necesitaba con urgencia una preparación técnica. Cómo sería de malo ese personaje que ya nadie lo recuerda".

MARINA VALDEZ: "Sentí juegos artificales cuando salí elegida para trabajar este personajé. No lo podía creer. Me retaron a demostrar que sí podía con el papel y lo puse todo también por intuición. Cada escena para mí era un parto".

PALOMA GALDEZ: "Experimenté con propuestas mías concretas empecé a tomar conciencia como actriz que decide en escena. Sentí por dentro que no estaba tan perdida, el camino tiene como más forma".

GAVIOTA: "Me estoy reivindicando conmigo misma como actriz y como persona. Le he aportado todo lo que es mi patrimonio emocional tengo conciencia de que muchas veces Gaviota tiene una caracterización a través de la cual salgo yo, tal cual, como cuando sufro de verdad, cuando me hace feliz algo, cuando siento amor, sale lo de Margarita. Soy el sustento emocional de Gaviota. Me gustaría que tuviera un final feliz ".-
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