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| 3/6/1989 12:00:00 AM

REGRESO AL COLEGIO

MAS ALLA DE LA MEMORIA
Podría hablarse de la clase magistral como de una de las especies en vías de extinción. Los expertos en educación aseguran que se trata de un método inadecuado, sobre todo en los primeros años de escolaridad. Entre el cúmulo de razones que se dan para sustentar esta afirmación, quizás la más emitida es la que asegura que la verdadera formación radica en desarrollar la capacidad del alumno para analizar y reflexionar, para encontrar y descubrir por sí mismo, buena parte de los cuestionamientos que se le presentan. Los más radicales califican como absurdo el hecho de pretender que un alumno dedique sus energías a la memorización y a la repetición cuando en realidad está dotado de altísimas cualidades que muchas veces no se llegan a explotar siquiera en mínimo grado.

Pero hablar de clase magistral es sólo una disculpa. Es algo así como tomar la enfermedad por uno de sus sintomas.
El verdadero planteamiento que se pretende realizar es el de los lineamientos que deben regir la educación moderna.
La educación de hoy y la de un futuro próximo. La educación de los hombres que muy pronto deben entrar a definir los graves problemas de un mundo cada dia más agitado, más dificil, más competido... un mundo cada día más necesitado de hombres con gran capacidad de análisis y de toma de verdaderas decisiones.

Para algunos especialistas se trata de rediseñar los esquemas vigentes. Para otros, la cuestión es volver al pasado y detenerse por un momento frente a las teorias de los grandes pensadores. Giorgio Livraga Rizzi, fundador y director internacional de la Asociación Cultural Nueva Acrópolis, revive el enfoque griego en reciente ensayo sobre el tema: "La educación no es solamente la transmisión de los elementos de cultura de una generación a otra, sino un cierto ámbito psicológico y menta que permite a cada hombre recrear un proceso y recrear en si todo el proceso de la humanidad al contar con su propio matiz y con su propia fuerza. De allí que en el mundo clásico se decía que educar era enseñar al joven a extraer sus cualidades naturales, sus potencialidades ".

Y en una época como la que se vive actualmente, que podria simbolizarse con el computador, todo cuanto ayude al desarrollo de la capacidad de análisis es bien recibido. Alguno de los expertos consultados, inició su planteamiento haciendo una pregunta a los presentes: ¿recuerdan ustedes la fórmula química del permanganato de potasio, los componentes de una célula humana o la fecha exacta de la batalla de Pichincha? No interesa conocer las respuestas dadas. La intención era mostrar cómo buena parte de las enseñanzas recibidas en la escuela se olvidan al cabo de los años y sólo permanece una estructura más profunda, recibida en menor o mayor grado, que sale a flote cuando el individuo enfrenta una nueva situación en su vida --cosa que ocurre a cada instante--, cuando debe resolver un problema o cuando quiere explorar campos desconocidos.

No se trata de descalificar el estudio de ciertas áreas, ni de prohibir los ejercicios de memorización. Al fin y al cabo el desarrollo de la memoria colabora al propio desarrollo cerebral. La objeción--si se le puede llamar de esta manera--es hacia los métodos que no dan prelación a la capacidad de análisis y a la efectividad en el desarrollo de soluciones.

Pero todo extremo es vicioso. Existe el peligro de convertir al ser humano en una máquina programada para determinados efectos. En un robot sin sentimientos que no puede mirar más allá de su centro de operaciones, ni mucho menos puede llegar a equivocarse.

El problema no se llegará a presentar si se atiende otro principio básico: el núcleo del proceso educativo es el alumno. La afirmación podria parecer una perogrullada. No obstante, el propósito es insistir en que el alumno, más allá de convertirse en un receptáculo pasivo de informaciones y órdenes, es quien finalmente debe decidir sobre su propio destino, luego de que se le ha prestado una asesoria suficiente como para que pueda analizar sus capacidades, sus gustos, sus deficiencias y su propia actitud frente a la vida.
Además, con una dósis adecuada de otros componentes, se logrará que el alumno reciba una formación integral, donde se tiene en cuenta, por ejemplo, algo tan importante como la personalidad. Livraga Rizzi reúne estos elementos en la siguiente afirmación: "En los tiempos actuales no interesa tanto enseñar a un niño "quién descubrió" ni tampoco "quién hizo" sino más bien enseñarlo a oirse a si mismo, a oir a la naturaleza y poder realizarse".

En el mismo documento, el profesor Livraga recuerda los puntos básicos de la educación en la antiguedad: "En el mundo clásico, la mejor forma de educar era mediante la gimnasia y la música. Los griegos hablaban de gimnasia--de gimnos, desnudez--como de una aptitud especial en los jóvenes en los cuales se podia desarrollar una pureza en el sentido fisico de descontaminación; y de música, como el ejercicio de las musas. Las musas eran las antiguas diosas que regian la historia, la oratoria, la música propiamente dicha, la pintura, el teatro... O sea que el joven tenia estas dos grandes vertientes: un cuerpo sano y un espiritu cultivado". -
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