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| 2/22/1988 12:00:00 AM

REGRESO AL COLEGIO

Preparativos para el regreso
Las madres modernas, y quizás las de todos los tiempos sentirán por estos días un enorme alivio, cuando comprueben que ha llegado el momento de que sus hijos regresen al colegio. Ya no tendrán que andar por toda la casa detrás de ellos, recogiendo el reguero de cada momento, ni será necesario que cada noche antes de acostarse, se rompan la cabeza imaginando e ideando un nuevo plan para que los "diablillos" se entretengan al día siguiente.
Ahora vendrán las madrugadas, la alistada de las loncheras, la preparada de buenas onces para la tarde, la supervisión de las tareas, la ayuda en los trabajos la cara de enfado cuando vengan las malas notas.
Pero antes que todo aparece esa época en la que hay que recorrer las papelerías y las ferias escolares buscando cada uno de los detalles que deben llevar los hijos este año: el libro de matemáticas, las cartillas de lectura, la caja de colores, los forros o los cuadernos preforrados, una caja de esferos (porque los niños botan uno cada día), el morral, a veces más grande que ellos, para que carguen sus útiles... y por otro lado el uniforme de diario, el de gala, el de gimnasia, los zapatos de embetunar, los tenis, la lonchera --y también con que llenarla, por su puesto--, el seguro médico... toda una lista de cosas que en ocasiones escapa a la paciencia de las madres; sobre todo cuando hay varios hijos en edad escolar y cada uno tiene sus propias exigencias.
Se acerca el día y los padres se sientan a conversar un rato con sus hijos, para hacerles prometer que este año sí serán los muchachitos juiciosos que no fueron el anterior, y que en esta ocasión las libretas no traerán un solo rojo... ni siquiera en disciplina, porque a principio de año todos los niños prometen, además de estudiar, volverse muy aplicados en todo el sentido de la palabra. Desde la semana anterior los horarios de televisión se hacen más estrictos y se adelanta la hora de acostarse, para que se vayan acostumbrando al ambiente tempranero de los días de estudio.
Sin embargo, a la hora de la verdad, después de unas cuantas semanas de estudio, si bien las madres han encontrado más tiempo libre para sus propios asuntos, también sentirán la nostalgia de que sus hijos han empezado a hacerse solos en la vida. Y ni hablar del primer día de colegio en la vida de uno de los hijos: el día anterior los padres no duermen imaginando desde los posibles peligros que habrá de enfrentar su hijo en la escuela, hasta la carrera profesional que seguirá el día que termine sus estudios de bachillerato. Todo se vuelve un caos de imaginación, hasta cuando llega la hora de llevarlo hasta la puerta del bus y despedirlo con lágrimas en los ojos. Después se entenderá que los tiempos pasan y los hijos crecen.

JARDINES INFANTILES
Jugar para aprender
Basta con dar un corto paseo por las calles la ciudad para comprobar que el de los jardines infantiles es uno de los negocios de moda. Los hay por docenas en casi todos los barrios, con variedad de tamaños, letreros, colores y nombres, que responden a las diferentes expectativas de los padres de familia. Pero desafortunadamente lo más común de las razones por las cuales los padres de hoy deciden llevar su hijo a un jardín, corresponde a la necesidad de que alguien pueda cuidarlo mientras ellos trabajan. Eso es lo básico para muchos... la simple función de "guardería" .
No obstante, un jardín debe ir más allá de esta etapa primaria de "guardar". Si bien se ha dicho que la inteligencia de una persona se determina en sus 5 primeros años, hay que tener en cuenta que es precisamente en este período en el que el niño puede asistir al jardín. Pero no debe hacerlo para que sea vigilado mientras el tiempo de trabajo de sus padres, ni tampoco --como esperan los que se van al otro extremo-- para que salga de ahí leyendo, escribiendo, sumando y restando. Para cada etapa del conocimiento hay una edad adecuada.
El jardín infantil es, en realidad, un lugar para que el niño realice una adecuada transición entre su casa y el colegio. No se puede esperar una evolución adecuada del infante que debe abandonar de una vez las 4 paredes de un apartamento para perderse en medio de miles de estudiantes de todas las edades. Ahora bien, esta transición, además de adaptar al niño al ambiente escolar, también persigue serios objetivos. En primer lugar se trata de que el niño aprenda y conozca importantes facetas de la vida a través del juego: nada es rigido ni obligatorio... todo debe llevarse por medio del juego y las actividades agradables. Lo más importante es que el niño sea feliz y tenga libertad, que aprenda a interiorizar conceptos (no a aprender cosas de memoria) y que se convierta en un ser muy seguro de sí mismo.
El jardín busca, también, que el niño aprenda a compartir y se socialice adecuadamente con sus compañeros y maestras: todo niño pequeño tiene algo de egoísmo, y en esta edad debe aprender a relacionarse con sus semejantes. Debe también conocer el mundo, poco a poco, en sus diferentes facetas, y adaptarse a él, a la naturaleza, a los fenómenos físicos, al lenguaje. También es importante que los niños encuentren un espacio suficiente para el movimiento, para la recreación, para encontrar un descanso a todo el tiempo que deben permanecer en sus hogares, generalmente reducidos.
En este punto, precisamente, pecan gran parte de los jardines que se han montado con una mentalidad exclusivamente mercantilista: no se puede tener a un niño encerrado en su tiempo de jardín; en este momento, quizás más que en cualquier otro, necesita mucho campo libre, amplias zonas verdes, para moverse con libertad, para desarrollar su creatividad en los juegos al aire libre... y una dotación que contribuya a su desarrollo (elementos de jardín, como una torre de juegos, donde aprenda a superar sus temores; elementos de salón, como juegos de ensamble, mediante los cuales desarrolle sus habilidades manuales y su creatividad). Pero lo que importa no es la sofisticación ni los lujos, sino una dotación adecuada y mucho espacio libre, y, por supuesto, una planeación propicia, un personal idóneo y mucha vocación para trabajar y formar niños mediante el juego y el trato agradable, y nunca a través de regaños, castigos y chantajes.
La entrada de un niño al jardín está marcada por el momento en el que se abandonan los pañales. Sin embargo, en muchos jardines se ha previsto también el cuidado y la formación de menores, en las etapas de salacuna (hasta cuando empieza a caminar) y de párvulos (aproximadamente hasta los dos años y medio). Después vienen tres niveles cuyos nombres y las edades que los marcan varían según la institución. No obstante puede hablarse de prekinder, kinder y transición (la cual termina en promedio a los 5 años y medio), y al final el niño está listo para empezar la educación básica primaria.
Durante estos tres niveles el niño desarrolla las mismas áreas, pero adecuadas a su edad. Se trata básicamente del desarrollo de la motricidad fina (manos) y la motricidad gruesa (los músculos en general); del desarrollo del lenguaje, donde el infante debe, antes que escribir o leer, aprender a expresar lo que siente; de la toma de ciertos hábitos y costumbres, como ir al baño, saludar, asearse, etc., y del desarrollo de un área cognocitiva general, en la que se encuentran incluidos, por ejemplo, la ubicación en el tiempo y en el espacio, la agrupación, la diferenciación de colores, formas y tamaños, y otras más.
En definitiva, a la hora de escoger un jardín hay que contemplar muchos factores, y no limitarse simplemente al hecho de que en ese sitio "guarden" niños. Y en todo caso, los primeros educadores seguirán siendo siempre los padres.--
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