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| 12/4/1995 12:00:00 AM

REINAS 1995

LA HORA DE LA VERDAD
En manos del vestido de baño se encuentra la clave para alcanzar la anhelada corona en Cartagena. SEMANA describe sus cambios, su evolución, su historia.
EN EL MUNDO DE la moda uno de los trajes más controvertidos ha sido el vestido de baño, desde que apareció por primera vez en 1866, por encima de las políticas religiosas.
Durante todo este siglo, este íntimo accesorio que más que un traje playero parecía un vestido para el invierno, tuvo pequeños cambios en su diseño. De las chaquetas con calzones y faldas se pasó a las túnicas y de éstas a las blusas sueltas con mangas y calzones bombachos hasta el tobillo.
Pero su evolución no paró allí, la idea inicial era no dejar ver el más mínimo detalle de la figura femenina, pero su primitivo estilo era tan incómodo, pesado y burdo que llevó a replantear su diseño.
Hacia 1890 los trajes ya eran más atrevidos: los pantalones llegaban hasta las pantorrillas pero sin abandonar las medias largas negras. Pero en 1910 el mundo entró en shock. Una mujer llamada Annette Kelerma apareció en la playa con un vestido de una sola pieza y pantalones que terminaban dos pulgadas arriba de la rodilla. Desde ese día la evolución del vestido de baño no ha cesado.
Año tras año se han ido incorporando innovaciones en colores y materiales como el satín, el rayón y el nylon. Los tonos como el negro y el azul marino quedaron un poco rezagados dando paso a las rayas y a los estampados florales.
Así mismo los cortes se hicieron más altos, se lucieron vestidos de baño estilo straple de una y dos piezas. Este cambio le dio tal impulso al mercadeo, que las mujeres empezaron a comprarlo para las vacaciones.
Sin embargo, la importancia del vestido de baño no radica en la oferta ni en la demanda, sino en qué tan bella puede verse una mujer cuando lleva puesto un traje que en vez de esconder su figura resalte su silueta.

LOS RECUERDOS
En Colombia hay un grupo de personas que saben lo suficiente sobre la belleza de la mujer y son sin lugar a dudas todos aquellos quienes han estado por más de 40 años detrás del Reinado Nacional de la Belleza.
Es allí donde definitivamente el vestido de baño ha sido, es y seguirá siendo el que indiscutiblemente define el nombre de la soberana. Pues esta prenda es considerada el mejor termómetro para que tanto los televidentes como el público y el jurado califiquen el físico de las candidatas.
Razones como el pudor y el miedo a la excomunión han llegado a convertir este traje en el protagonista de los mas grandes escándalos del reinado. Como en 1959, cuando la Iglesia intervino en el certamen. El motivo lo dio Stella Márquez Zawadsky, representante del Valle del Cauca y quien fue la Señorita Colombia ese año. Ella pidió al nuncio apostólico que intercediera ante los organizadores para que le permitieran negarse a desfilar en traje de baño para no perder su cupo en el colegio. Lo logró y salió a la pasarela en shorts y aun así se llevó la corona.
Tres años más tarde la antioqueña Rocío Cock Jaramillo obtuvo el puesto de princesa a pesar de que desfiló en vestido de baño, pero se cubrió las piernas con una especie de ruana. Después muchas otras candidatas, como Luisa Marina Gómez, representante de Caldas, se negaron a desfilar en traje de baño.

LA REVOLUCION
De los escándalos se pasó al desarrollo y evolución de los diseños en trajes de baño. Fue así como desde 1954, por invitación del entonces presidente del Concurso Nacional de la Belleza, Vicente Martinez Martelo, la empresa Catalina empezó a ser el patrocinador oficial del concurso.
Sus primeros trajes fueron confeccionados en acetatos, hilos de caucho, nylon strech y rayón, muy cubiertos y pesados, semejantes a fajas. Pero sus cortes fueron cambiando al ritmo de la moda y la figura cada vez se hacía más real. En 1961 cuando Bolívar, representado por Sonia Heidman, se llevó la corona, los trajes se caracterizaban por el busto de copa y el talle ajustado, y sin embargo muchas candidatas se negaron a desfilar.
En 1966 los diseños de Catalina fueron más flexibles, bajaron los escotes y aparecieron las transparencias. Tal vez uno de los años de mayor revolución en cuanto al diseño fueron los 70, la Década de Oro del Reinado.
La razón fue un gran salto tanto en materiales como en estilos: de lo recatado se pasó a vestidos atrevidos y de los materiales pesados y bruscos se pasó a la lycra nylon, una textura suave, elástica y con mayor libertad de movimiento.
En el resto del mundo las mujeres se dejaban llevar por las tendencias europeas y americanas que dictaban una influencia deportiva, en la que predominaba el bikini de cuerda, muy parecido a la tanga del Brasil.
Tan solo dos años después, y por primera vez en la historia del reinado de Cartagena, el traje de baño oficial fue de dos piezas. La vallecaucana Ana Lucía Escandón, la ganadora de ese año, desfiló con un bikini caído a la mitad del estómago, pierna baja y cobertura total del derrier. Reinas como Maria Helena Reyes, Aura Maria Mojica, Shirley Sáenz, Nini Johana Soto y Susana Caldas utilizaron el bikini. Pero su uso se suspendió en 1984 y solo se autorizaron los trajes de una sola pieza.
De acuerdo con Susana Buitrago, quien trabajó 12 años con Catalina en el diseño de los trajes de baño y sigue al frente de estos, los cambios en los diseños han sido considerables, aunque cíclicos. Siempre se vuelve a alguna tendencia de la antigüedad. Lo que permanece es la tendencia corsetera, sólo que ahora se confecciona con más sofisticación y comodidad. El auge de los aros se dio en la mitad de los 80, cuando los colores dieron un vuelco total. En Cartagena se exhibieron vestidos muy variados con cremallera y colores de diversas figuras geométricas.
En los 90 cada vez los cortes de la pierna fueron más altos, los materiales más dinámicos y los colores mucho más fuertes.

EXPECTATIVAS
Durante 40 años, Catalina vistió a todas las reinas de Colombia a través de la fábrica Punto Sport. Hace poco esta empresa cambió de dueños en Estados Unidos y entre sus nuevas políticas se estableció cancelar las licencias de fabricación fuera de ese país. Con esta medida, Punto Sport no podía seguir fabricando vestidos de baño bajo la marca Catalina. Una salida hubiera sido importar los trajes diseñados allá. La otra opción era seguir fabricando los vestidos pero bajo otra marca, mucho mejor si era colombiana, que fue lo que se hizo. Ahora quien liderará la representación oficial en el reinado será la marca caleña Armonía, cuyo lanzamiento oficial se realizará el 6 de noviembre en Cartagena.
La gran diferencia entre las dos marcas es que Catalina tenía diseños para todas las edades, mientras Armonía es moda especializada en las mujeres de 25 años en adelante. Otra novedad es la introducción de dos conceptos en diseño, que además de ayudar a estilizar la figura, brindan toda la comodidad del caso. Se trata del Body Slender y el Super Bra. El primero es un tejido que va dentro del vestido como un forro con un porcentaje de Lycra menor que el nylon. Gracias a él, las 20 candidatas de este año moldearán perfectamente su figura, reduciendo hasta seis centímetros el estómago. El Super Bra redondea y levanta el busto dándole una apariencia de voluptuosidad.
Este año no hubo candidata que no pidiera su traje de baño con copas, brasieres flotantes, espumas, Push Up, es decir con toda la tendencia del Super Bra, no porque no tuviesen qué mostrar sino porque la idea actual es resaltar. Todo parece indicar que la nueva marca va a entrar por la puerta grande, no solo para resaltar las cualidades de las reinas sino de la mujeres colombianas que sueñan cada vez que se ponen un vestido de baño con poder lucir un cuerpo espectacular.
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