Martes, 17 de enero de 2017

| 1984/12/24 00:00

REIR POR VIVIR

¿Cómo afectan las emociones a la salud? En un reciente artículo, la revista Discover revela en qué estado se encuentran las investigaciones al respecto

REIR POR VIVIR

A través de los siglos, los autores de máximas han venido sugiriendo que la vida se hace más llevadera con una sonrisa--aun con una media sonrisa-que con una mueca. Esta filosofía ha sobrevivido hasta el siglo XX que registra incontables prácticas tanto plausibles como bizarras, desde la medicina psicosomática, hasta la hipnósis, que proclaman la relación entre las emociones y la salud y que resaltan el poder de la mente para curar la enfermedad. Pero sólo en-los últimos años los investigadores han confirmado experimentalmente que la psiquis puede en realidad afectar el cuerpo. Aún antes de que estuviera disponible una evidencia sólida, amplios estudios sobre personas revelaron una preocupante conexión entre estados psicológicos tales como la depresión, el pesimismo, la soledad, y la ansiedad, con enfermedades como el cáncer, las afecciones cardiacas y otros males fatales.
El vínculo está ahora bien establecido. Recientes investigaciones indican que lo que una persona siente y la manera como se percibe a si misma y su lugar en el mundo, son criticas para su bienestar físico.
Muchos investigadores, incluyendo inmunólogos, fisiólogos, psiquiatras, psicólogos y neurobiólogos que han explorado las fronteras entre la mente y el cuerpo, sospechan que ciertos estados psicológicos negativos ocasionados por la adversidad o por los desbalances quimicos, causan una falla en el sistema inmunológico. Algunos biólogos van lejos y sostienen que la terapia psicológica que enseña a la gente a controlar sentimentalmente su vida, puede, en alguna medida, "vacunar" contra la enfermedad y actuar como un valioso complemento del tratamiento médico tradicional. Debido a que la evidencia de estos descubrimientos ha sido dificil de conseguir, muchos investigadores advierten contra las interpretaciones exageradamente entusiastas con respecto a estos descubrimientos. Sin embargo, observan que este nuevo campo así se designe con el nombre de "psiconeuroinmunología" o simplemente con el de medicina del comportamiento, es el área más promisoria de la investigación médica en la actualidad.
Detallar la relación entre el cuerpo y la psiquis puede tardar años. Nadie sabe aún, por ejemplo, si cada emoción que experimenta un individuo proyecta una respuesta corporal distinta ni siquiera se sabe con precisión qué son las emociones. El curso de estas investigaciones ha sido accidentado. Al poseer solamente conocimientos primitivos acerca de la forma como trabaja el cerebro y sobre los mecanismos complejos que el cuerpo utiliza para mantener este equilibrio, los más antiguos investigadores en el campo de la psicosomatía estudiaron no las emociones específicas. sino los efectos del amplio grupo de fenómenos definidos como "estresantes".
Estos incluían cualquier estímulo que pareciera lo suficientemente extremo como para provocar una respuesta psicológica--como por ejemplo un choque eléctrico, un sonido fuerte, el frío, el hambre, la cirugía o el miedo--. A comienzos de este siglo, el psicólogo norteamericano Walter Cannon amplió los parámetros de la respuesta corporal ante estos tipos de stress. A través de una serie de experimentos probó que una serie de órganos y de glándulas estaban involucrados en la respuesta, incluyendo el hipotálamo, la pituitaria y las glándulas adrenales. Durante los años 30, el médico australiano Hans Selye demostró que, bajo stress, este sistema interconectado y el sistema nervioso simpático, gobernaban la acción del corazón y de los músculos. Estos descubrimientos pronto trascendieron al público levemente modificados bajo las máximas: "El stress es malo par, usted y "El stress enferma". Pero no existe documentación científico, que respalde ninguna de las dos aseveraciones. Según algunos expertos no es que el stress cause directamentl la enfermedad, pero sí predispone a La enfermedad o promueve una enfermedad latente.
Adquirir la documentación necesa ria para sostener este punto de vist, requirió que los científicos realizarar una serie de experimentos poco "glamurosos". A mediados de los 60, por ejemplo, investigadores de la Universidad de Pensilvania descubrieron que las ratas sometidas a choque eléctricos se convertían en animales pasivos. Bautizaron este fenómeno como "indefensión aprendida" Luego a finales de los 70, los mismo investigadores determinaron que la indefensión aprendida incrementa la susceptibilidad de las ratas hacia la enfermedad. Cuando las ratas eran inyectadas con células causantes de tumores y luego sometidas a choques obligatorios, un alto porcentaje de ellas desarrollaba tumores. Las ratas que podían escapar del choque, moviéndose a otras partes de su jaula, así como aquellas que no eran sometidas a ningún tipo de choque, tendían rechazar las células malignas.
Otro equipo de investigadores ayudó a probar que el stress interfiere directamente con las defensas del cuerpo, lisiando los linfocitos y otras células blancas, de manera que queda abierto el camino para la enfermedad. Posteriormente, en 1982, se demostró que dos tipos diferentes de choques, ocasionaban dos reacciones diferentes en el cerebro de las ratas.
Los choques intermitentes de una cierta intensidad causaban una liberación de endorfinas y enkafalinas, los químicos semejantes al opio que normalmente funcionan para bloquear el dolor. Choques continuos de la misma intensidad no ocasionaban tal reacción. Se llegó a sospechar que los opiáceos causan grandes estragos en el sistema inmunológico, cerrando el conducto de células blancas llamadas células asesinas naturales, que cazan y matan ciertas células malignas.
¿Por qué las reacciones cerebrales ante determinadas situaciones terroríficas o ineludibles dañan el sistema inmunológico? Algunos investigadores sugieren que la diferencia puede ser de grado: solamente el stress lo suficientemente extremo como para provocar la liberación de opiáceos, puede reducir la resistencia. Otros piensan que pequeñas dosis periódicas de stress, en cambio, son benéficas. Pueden ayudar a un animal a aprender a manejar su medio ambiente más rápidamente de lo que lo haría en circunstancias normales.
Pero aún existen otros investigadores que piensan que el cerebro y el sistema inmunológico pueden estar enfrentados en situaciones que ordinariamente son solucionables, si se adopta una actitud positiva hacia los problemas o dificultades, pues esto previene el flujo en la química corporal que afecta la inmunidad. Varios estudios recientes sostienen esta hipótesis.
Se insiste, sin embargo, en la necesidad de definir de manera más precisa que se considera una emoción. En un estudio médico reciente se sugiere que simplemente moviendo los músculos faciales para hacer gestos de furia, miedo u otras emociones, o aun recreando estos sentimientos mentalmente, puede traer profundos efectos psicológicos: incrementar el ritmo cardíaco, elevar la temperatura corporal y producir otros cambios distintivos en el sistema nervioso autonómico, que es la red de nervios que transmite señales directamente del cerebro al músculo cardíaco, a los músculos de las extremidades y a las glándulas.
Estos descubrimientos ofrecen fuerte evidencia sobre la posibilidad de que cada emoción ocasione sus propios cambios en el sistema nervioso autonómico. Los villanos serían los estados psicológicos de duración prolongada, que se clasifican en cuatro categorías: emociones, talantes, rasgos y desórdenes emocionales.
Cada uno se prolonga más que el anterior. La tristeza, por ejemplo, es la emoción, sentirse triste es el talante; la melancolía es el rasgo, y la depresión el desorden, cada uno de las cuales puede tener consecuencias sobre la salud. Antes de que los investigadores de la medicina del comportamiento puedan seguirle la pista a la forma como la mente ayuda o perjudica al cuerpo, pueden verse en la necésidad de diseñar procedimientos nuevos y mejores para establecer la fuerza del sistema inmunológico.
Más aún, necesitan tener una mejor comprensión sobre cómo trabaja aquél. Hacer más experimentos requiere más financiamiento, lo cual constituye un problema. Los gobiernos y las agencias privadas se oponen a dar dinero para investigaciones que retan las tradicionales disciplinas científicas.
El estudio de las conexiones anatómicas del cerebro y el cuerpo podría tomar años, costar millones y envolver un enorme equipo: docenas de científicos de variadas disciplinas y tanto como 4 mil niños que serían monitoreados durante un período de años. Pero si el proyecto puede demostrar que los niños predispuestos a verse a sí mismos como criaturas en ontrol de sus vidas, se mantienen más saludables que los que no, la inversión habrá valido la pena. Y las personas que hagan tal estudio, se convertirían en los poetas de la biología. -

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