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| 10/28/1996 12:00:00 AM

REVOLCON EN LA BANCA

Las ventajas y desventajas de la conversión de las corporaciones de ahorro y vivienda en bancos hipotecarios.

Vientos de cambio soplan por estos días en el sector financiero y en particular en las Corporaciones de Ahorro y Vivienda -CAV-. Con discreción pero al mismo tiempo con un alto grado de dedicación varias entidades llevan meses preparándose para adoptar una decisión de gran relieve para su futuro: su conversión o no en banco hipotecario. La discusión en sí no es nueva. Durante los últimos años esta opción ha estado sobre la mesa; un tema de debate permanente entre las corporaciones sobre la conveniencia de adoptar ese paso. Hasta hace poco ese intercambio de ideas era sólo eso, un intercambio de palabras. Hechos recientes indican que se ha pasado de la retórica a la acción. El primer campanazo fue el anuncio de una alianza estratégica entre Conavi y el Banco Industrial Colombiano -BIC-, en la cual estas instituciones unirán esfuerzos y aprovecharán los desarrollos tecnológicos con el fin de bajar los costos de operación y mejorar el servicio. Las dos entidades, que comparten accionistas, se alistan para hacerle frente a la dura competencia que se avecina con la llegada de inversionistas extranjeros al sector y la futura conversión de algunas corporaciones en bancos hipotecarios. Es importante anotar, sin embargo, que no dejarán sus funciones tradicionales: Conavi seguirá especializada como Corporación de Ahorro y Vivienda y el BIC en los servicios bancarios. No son los únicos con un pacto de esa naturaleza. Colmena y el Banco Social han decidido compartir tecnología y centralizar información, aunque sin renunciar a sus nombres, que ya tienen ascendencia y colocación dentro de sus mercados. Algo similar ocurre en el Grupo Colpatria, en el cual las corporaciones Corpavi y Colpatria adelantan un proceso de fusión, y entre el Banco de Occidente y las Villas. Han optado por unir esfuerzos conscientes de la histórica consigna de Abraham Lincoln de que una casa dividida entre sí no se puede sostener. Esos acuerdos de cooperación, sin embargo, no necesariamente significan que las corporaciones hayan descartado la posibilidad de convertirse en bancos hipotecarios. Varias se están preparando para ello.

Un poco de historia
Desde 1990 el sector financiero ha sido objeto de una profunda reforma que busca garantizar la eficiencia y el tamaño que se requiere para lograr las metas de crecimiento deseables en un modelo de apertura. Las corporaciones de ahorro y vivienda se han beneficiado de este cambio. La Ley 45 de 1990 posibilita procesos de conversión, adquisición, fusión o escisión entre las diferentes instituciones financieras. La Ley 9 de 1991 faculta a las corporaciones de ahorro y vivienda para efectuar operaciones menores en moneda extranjera controladas, tales como el manejo de divisas correspondientes a ingresos por servicios personales, venta de servicios y bienes a turistas, donaciones menores y gastos personales en el exterior. La Ley 35 de 1993 permite, por su parte, operaciones en moneda legal, como la captación en pesos a través de Certificados a Término -CDT- y la colocación mediante el otorgamiento de crédito de consumo sin hipoteca y tarjeta de crédito. De alguna manera se han reducido significativamente las distancias entre las corporaciones y los bancos. Por ello algunos analistas han cuestionado el interés que pueda existir entre las CAV de convertirse en bancos hipotecarios. Javier Fernández, ex director de Anif, asegura que "hace cuatro años había una gran diferencia entre los bancos y las corporaciones y por ello era atractivo. Con los cambios en la legislación bancaria ya no lo es tanto". La única diferencia sustancial es el manejo de la cuenta corriente, que sigue siendo de uso exclusivo de los bancos. Y es el producto de la cuenta corriente el que mueve en gran medida el interés de algunas CAV por cambiar su estructura actual. El régimen legal es claro: para que una corporación pueda desarrollar la cuenta corriente debe adoptar la figura jurídica de banco hipotecario o banco comercial. Hay requisitos legales, como la presentación a la Superintendencia Bancaria de la factibilidad del proyecto, una proyección a cinco años, poseer capital propio y el estudio de los socios, entre otros. A partir de la aprobación de la solicitud las corporaciones tienen dos años para convertirse en bancos. Si sólo fuera cuestión de trámites legales hace mucho tiempo hubiera nacido la primera CAV-banco. Un cambio de esa magnitud implica una alta inversión en capacitación, adecuación y, principalmente, en tecnología. Capacitación en la cultura bancaria y en particular en el concepto de riesgo crediticio; adecuación de las oficinas y el mejoramiento de los procesos operativos y modernización de equipos y sistemas. Se busca con ello lograr centralizar las operaciones bancarias, aliviando así la carga operativa a las oficinas, lo que redunda en una mayor atención al cliente. Este proceso puede tener una duración aproximada de 18 meses.

El debate
Como es evidente, la decisión de convertirse en banco no es de poca monta. "No creo que para todas las corporaciones tomar la decisión sea lo mismo -dice Fernández-. Es cuestión de capacidad. Ampliar servicios y operaciones no es necesariamente bueno para todas las entidades. Hay que tener en cuenta los altos costos de establecer el sistema". Para María Elena Estrada, gerente del Proyecto cuenta corriente de Colmena, las ventajas de convertirse en banco para una CAV son significativas y justifican la inversión. Entre ellas se destacan el mejorar el nivel de competitividad en el mercado sin descuidar la financiación del sector de construcción, la posibilidad de realizar nuevas operaciones de captación y colocación propias de los bancos como son la cuenta corriente, las nuevas modalidades de crédito, la descentralización y la negociación de pagarés, entre otras. Estas serían adicionales a las que ya realizan las CAV, como son los depósitos y el otorgamiento de créditos en UPAC (Unidad de Poder Adquisitivo Constante). No se descuidaría la financiación del sector de la construcción, su tradicional fortín. "En síntesis _dice Estrada_, nuestro interés primordial es buscar ser cada vez más integrales en la atención que prestamos a nuestros clientes, y es por ello que con el desarrollo del producto de cuenta corriente ampliaríamos el portafolio de productos que hoy ofrecemos". Colmena aspira a concluir los trámites legales en los próximos meses, presentar su solicitud a final del año o a principios de 1997 y salir con el producto de cuenta corriente en el segundo semestre. Fernández no es tan optimista sobre los beneficios. "La importancia de la cuenta corriente ha sido sobrevalorada. Soy muy escéptico sobre si vayan a ganar algo con meterse en eso. Pensar que va a ser una gran ganancia es una mentira. Los costos son enormes. Las corporaciones hoy manejan sus cuentas a través de un banco. La pregunta es si están dispuestas a asumir los costos de una infraestructura para manejar esa enorme responsabilidad que es el canje bancario. "Algunas corporaciones se encontrarían en un problema si se metieran -agrega Fernández-. Es un negocio totalmente distinto. La cuenta corriente absorbe a la gerencia en una línea que no es necesariamente prometedora. Se corre el riesgo de distraer el negocio de sus tareas tradicionales como corporación de ahorro y vivienda". Esa visión contrasta con la opinión de la superintendente bancaria, María Luisa Chiappe, quien asegura que "hay muchas ventajas para las corporaciones convertirse en bancos hipotecarios. Tendrían acceso a hacer captaciones por cuenta corriente y a no pagar tasas de interés. Las corporaciones ya tienen una excelente experiencia en crédito hipotecario, la cual podrán aprovechar el próximo año con el repunte de la construcción". Existen, empero, unas limitaciones para las corporaciones que se conviertan en bancos hipotecarios. Primero, por lo menos el 85 por ciento del total de la cartera debe estar asegurada con garantía hipotecaria o fiducia en garantía sobre inmuebles. Segundo, el valor total de los créditos de consumo, incluidos los de vehículo, no puede exceder el 7,5 por ciento del valor total de la cartera. Así mismo han surgido unas dudas jurídicas sobre el manejo de la UPAC. Para algunos la UPAC es una forma de reajuste de obligaciones en dinero, por lo cual no sería una unidad monetaria por sí misma, y en este caso cualquier entidad podría desarrollar operaciones en UPAC. Sobre el particular, la Superintendente Bancaria dijo que "las CAV sí son entidades especializadas en crédito hipotecario, pero ello no implica que sean las únicas que pueden utilizar la cláusula de ajuste por corrección monetaria. Desde 1989 los bancos también pueden realizar operaciones en UPAC. En la medida en que los bancos comiencen a utilizar el sistema de ajuste de las obligaciones recurriendo a la corrección monetaria, si es necesario la Superintendencia Bancaria expedirá instructivos en ejercicio de sus facultades. Por lo pronto no hemos visto la necesidad".

El otro jugador
Aunque las CAV de alguna manera han monopolizado el debate no son las únicas inmersas en el proceso. En marzo de 1995 la junta directiva de Coltefinanicera S.A., compañía de financiamiento comercial, resolvió promover a la asamblea la conversión de la entidad en establecimiento bancario. Según Jairo Uribe, vicepresidente financiero de la entidad, "el proyecto busca aprovechar las oportunidades que se derivan de la apertura, de la revolución en el mercadeo de servicios bancarios y a la posibilidad de obtener mayores beneficios a partir de alianzas con las empresas de la Organización Ardila Lülle, accionistas de Coltefinanciera". Desde la presentación del proyecto a la fecha la administración de Coltefinanciera ha ejecutado grandes cambios en su organización, representados en el diseño de una nueva estructura comercial, el establecimiento de una moderna plataforma de operación bancaria, adquisición de alta tecnología informática y el inicio de un completo programa de capacitación. "Las modificaciones realizadas, así como la consolidación de los procesos que se están transformando _explica Uribe_ permitirán la culminación de la primera etapa del proceso de conversión e inicio de operaciones bancarias a partir del segundo semestre de 1997". Hernando José Gómez, codirector del Banco de la República, propuso la semana antepasada en Cartagena aumentar el plazo de financiación de vivienda de 15 a 30 años. Se buscaría así reducir la cuota mensual en 16 por ciento. Aunque la iniciativa fue recibida con escepticismo, no hay que olvidar, como dice Estrada, de Colmena, que el Banco Bilbao Vizcaya ha ofrecido en Chile y Perú créditos de esa duración. La llegada del Banco Bilbao-Vizcaya y otros inversionistas extranjeros al sector financiero obliga a los bancos y a las corporaciones a ser más competitivos. Con la conformación de alianzas estratégicas y la futura conversión de algunas CAV a bancos para optimizar operaciones y volver más integral el servicio es evidente que han recibido el mensaje: camarón que se duerme, se lo lleva la corriente.
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