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| 9/7/1987 12:00:00 AM

SALUD Y BELLEZA

DE PARIS A MEDELLIN
Aunque muchos no vivan en función del fenómeno de la moda, es frecuente encontrar evidencias de su paso en nuestros actos cotidianos. Desde el material de los zapatos hasta la música que escuchamos y los libros que leemos parecen tener la etiqueta de las cuatro letras de moda.
Definida como el conjunto de variaciones continuas, relativamente efímeras y socialmente aprobadas que se imponen en diversos aspectos de la cultura (arte, mobiliario, vestuario, etc.), la moda ha sido familiarizada con la indumentaria femenina, y de hecho en ella sigue conservando su más notoria manifestación.
Menos durable que el hábito y el convencionalismo, su aceptación se caracteriza por la novedad, opuesta a la costumbre tradicional. Al constituir un uso seguido por la mayoría de las personas, la moda adquiere fuerza, traspone fronteras y se convierte en un auténtico imperio que involucra a miles y miles de seres humanos a lo largo y ancho de la Tierra.
La variación de sus rasgos suele ser impuesta por los modistas de las grandes capitales. París ha sido desde hace tiempo el centro rector de la moda femenina y masculina, estableciendo con sus continuas creaciones de modelos exportadas a todo el planeta una de las industrias más florecientes de Francia.
Hoy en día cada diseñador acostumbra la exhibición de sus líneas (modelos de nueva creación que se presentan cada temporada antes de ser lanzados) en sus propios salones, locales de espectáculos y lugares al aire, libre, con la participación de bellas modelos que lucen sus prendas.
En sus creaciones, además de las influencias artísticas de todo orden, se advierte la incorporación de los nuevos materiales de reciente creación industrial, que enriquecen las posibilidades de esta actividad.
Divulgada por publicaciones especializadas con creaciones, modelos y patrones con sistemas e instrucciones para su empleo, la moda tiende a crear un común. denominador en el vestido.
La moda masculina, menos sujeta a variaciones radicales, tiene su cuna en los sastres londinenses, creadores de una indumentaria que, con mayores o menores cambios, viste la mayoría de los hombres en la actualidad. También los deportes y el trabajo se ven afectados por el estilo que para dichas actividades conciben los profesionales del vestir.
En cuanto a las actuales creaciones se observa con frecuencia un cierto sentido regresivo y muchos modelos se inspiran en la falda egipcia, la túnica griega o la toga romana.
Algunos modistas europeos organizan regularmente viajes y exhibiciones, con sus colecciones y modelos vivientes por America Latina, con el fin de mantener el prestigio de la moda (francesa e italiana entre otras) frente a competidores de calidad e innovación como Estados Unidos. Sin embargo, la tendencia a confeccionar vestidos en serie, vendiéndolos en los grandes almacenes, se va extendiendo en todas las capitales y poblaciones importantes de los países (Medellín en nuestro medio).
En los últimos días las agencias internacionales de noticias se han ocupado del lanzamiento en París de la colección de invierno o fin de año, que marca la pauta en la moda mundial.
Dicha colección se caracteriza por la influencia del estilo andaluz y los detalles de la lidia y el flamenco, con diseñadores destacados como Christian Lacroix, quien ambientando con boleros y pasodobles el desfile de sus modelos, resaltó la conveniencia del corte ibérico para destacar las formas femeninas.
Sobresalen trajes ajustados a la altura del busto, faldas bastante amplias con el estilo campana, recogido en bola, hasta la mitad del muslo, la pantorrilla o el tobillo.
Predominan colores como el negro (rey de la temporada), el violeta, rojo salmón, chocolate y arena, verde oliva, amarillo girasol, bermellón, sangre de toro y coral. Los materiales van del tafetán y satín hasta el jersey y paño, sin dejar de lado al eterno cuero, que de nuevo es combinado con otras texturas.
La moda elegante de calle recurre esta vez a las costosas pieles que conceden el toque de distinción a cuellos, puños y bordes de faldas y abrigos. La lana vuelve a ser materia prima de capas de tejido. Continúan en auge las muy utilizadas hombreras.
Mangas amplias, encajes, medias opacas, zapatos planos, pantalones ajustados y el cabello recogido y trenzado, son entre otras las líneas características de la moda para la temporada que se avecina.
Pero si Francia tiene su ciudad luz para este tipo de eventos representativos de la moda, Colombia tiene a Medellín, centro de la industria textil, el diseño y la confección.






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