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| 8/6/2011 12:00:00 AM

¿Se quiebra el mundo?

El desplome de las principales bolsas del mundo refleja el temor a otra recesión. La calificación de la deuda estadounidense fue degradada por primera vez en setenta años.

Desde la caída de Lehman Brothers en 2008, cuando se vivieron los momentos más angustiosos de la crisis financiera que se transformó luego en una gran recesión mundial, no se veía un pánico generalizado en las bolsas de valores del planeta, como el que ocurrió la semana pasada. El jueves fue un día verdaderamente negro para los mercados. El índice Dow Jones de la Bolsa de Nueva York registró una caída del 4,3 por ciento, la peor desde el nefasto octubre de 2008; los mercados europeos tuvieron descensos cercanos al 4 por ciento; en Asia, los índices bursátiles de Tokio y Singapur cerraron con bajas superiores al 3,5 por ciento, mientras que el de China perdió las ganancias del año, con una reducción del 4,3 por ciento. Las plazas latinoamericanas también fueron duramente golpeadas, hubo pérdidas por encima del 5 por ciento en Brasil, Argentina y Perú. La bolsa de Colombia bajó 3 por ciento.

El efecto dominó en las bolsas de todos los continentes tiene su causa en los temores de una recaída en la economía mundial. El fantasma de una segunda recesión ha hecho que muchos inversionistas salgan espantados a vender sus acciones, provocando así caídas sucesivas.

Ya se está hablando de una expresión que entre los economistas causa pánico: el 'double dip' (es decir, una recesión tras otra). Esta expresión era impensable hace unos meses. La mayoría de los economistas no le daban una alta posibilidad a este escenario y creían que la economía estadounidense estaba en recuperación, aunque frágil, lenta y con un pobre crecimiento del empleo.

Las cosas han cambiado. El diario The New York Times señaló esta semana que una doble recesión podría estar acercándose peligrosamente, algo que no ocurría hace treinta años en Estados Unidos. El anterior episodio de esta naturaleza se presentó en 1980, 1981 y 1982.

Según el influyente diario estadounidense, la segunda recesión que se estaría formando tiene causas diferentes a la anterior, que se presentó en 2008, caracterizada por una ausencia de crédito en la economía y por los excesos de Wall Street. Ahora son los políticos los que de alguna manera han ayudado a desatar la tormenta con los desacuerdos entre demócratas y republicanos sobre la manera como se debe hacer el recorte del gasto (ver artículo). El acuerdo logrado en el Congreso norteamericano para subir el techo de la deuda y evitar el incumplimiento de los pagos no calmó los ánimos. Por el contrario, la incertidumbre se mantiene, pues muchos consideran que ha sido un paño de agua tibia y que en el largo plazo la situación fiscal podría empeorar.

En el fondo, lo que aprobó Estados Unidos fue endeudarse más, lo cual no es bueno de ninguna manera. Aunque van a recortar gastos, con ello se logra un ahorro a lo largo de diez años, pero el incremento de la deuda es inmediato. Estados Unidos alcanzó el pasado mes de mayo su límite de deuda de 14,3 billones de dólares, lo que representa poco más del 90 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB). Es decir, la primera economía del planeta debe prácticamente lo que vale su producción de un año.

La preocupación, en el fondo, es cómo financiar el abultado déficit, lo cual quiere decir que los estadounidenses se tendrán que apretar más el cinturón. Y de ser así, lo sentirá todo el mundo pues se reducirá el ritmo de la recuperación de la economía mundial. Y, con ello, su capacidad de compra y sus importaciones. Hay una especie de consenso entre los economistas en el sentido de que un ajuste fiscal duro en Estados Unidos, si se hace ahora, puede llevar nuevamente a una caída de la economía gringa con repercusiones negativas en el mundo. Pero, si no se hace, en el futuro la situación se volverá peor.

Para José Antonio Ocampo, profesor de la Universidad de Columbia en Nueva York, lo más grave es que la situación fiscal de Estados Unidos se agudiza por la puja política alimentada por la fuerte división en el Congreso. Los dos grandes partidos tienen enormes diferencias sobre la forma como el gobierno tiene que reducir el abultado déficit y comenzar a bajar la deuda. "Existe una profunda brecha ideológica entre ambos partidos, que se refleja en las posiciones, a mi juicio, excesivamente radicales de algunos sectores republicanos en torno al ajuste fiscal que hay que hacer, que contempla unos recortes masivos al gasto público sin ningún alza de impuestos. Esto es imposible de hacer con un déficit cercano al 10 por ciento del PIB: en el mundo entero, un déficit de este tamaño hay que corregirlo tanto por la vía del gasto como de los impuestos". 

La situación fiscal de Estados Unidos es tan crítica que las agencias calificadoras de riesgo advirtieron que podría bajar la calificación de la deuda. Muchos creyeron que las firmas evaluadoras no llegarían a ese extremo, pero el viernes pasado Standard & Poor's (S&P) lo cumplió. Por primera vez, Estados Unidos pierde la máxima calificación de su deuda de largo plazo. La primera potencia del planeta dejará de ser AAA, para pasar a AA+.

Esto es una noticia muy mala para los mercados. La calificación AAA permite a los países tomar prestados fondos a bajo costo, pues se considera que sus gobiernos son estables y sus bonos seguros. La agencia Reuters recuerda que Estados Unidos ha visto cómo su dólar se convirtió en la moneda de reserva número uno del mundo porque sus bonos han tenido una alta consideración de los inversionistas. "Están respaldados por la plena confianza y crédito del gobierno de Estados Unidos, que, hasta ahora, nunca había sido cuestionado de forma seria".

La baja de un escalón es una vergüenza para Estados Unidos, dijeron algunos analistas. Otros le dan menor importancia al asunto. Lo cierto es que los mercados, ante los rumores del anuncio de S&P, reaccionaron el viernes con nuevas caídas en los índices bursátiles.

En medio de las malas noticias económicas que han hecho bajar los pronósticos de crecimiento del PIB estadounidense también se conocieron las cifras de empleo para el mes de julio. Y aunque hubo una pequeña luz de esperanza, no fue suficiente. De acuerdo con el Departamento de Empleo, el incremento de puestos de trabajo (nóminas no agrícolas) para el mes fue de 117.000, frente a 85.000 esperados por el mercado. Así mismo, la tasa de desempleo registró un descenso a 9,1 por ciento. Un análisis de la firma Correval señala que si bien este dato -que mantenía la expectativa del mercado- puede generar algo de calma, no asegura más que un efecto puntual en la jornada. "Nada garantiza que las cosas hayan cambiado y los temores estructurales se mantienen". La expectativa esta semana estará centrada en la posibilidad de que la FED (Banco Central estadounidense) tome alguna acción, aunque con tasas de interés a corto plazo cerca de cero las opciones monetarias de la FED son limitadas.

Con razón, dice Mauricio Cárdenas Santamaría, del Instituto Brookings en Washington, "los mercados no le están creyendo a la economía".

Europa arde

Ahora bien; a diferencia de la anterior recesión que comenzó con la crisis financiera y se extendió luego por todo el planeta, en esta nueva que se estaría formando hay otro frente tan preocupante o más que la propia situación de la economía estadounidense. Se trata del Viejo Continente. La eurozona atraviesa por la peor crisis de su corta historia y muchos creen que está en juego su supervivencia. Se teme que España e Italia se contagien de las dificultades de Grecia, Portugal o Irlanda.

Nada ha asustado más a los mercados que el temor de que la crisis toque a Italia, una de las cinco economías más grandes del mundo. El nivel de endeudamiento supera el 120 por ciento de su Producto Interno Bruto (PIB). Los mercados se han encargado de castigar sus bonos ante las dudas sobre la capacidad de Italia de cumplir con sus obligaciones. El gobierno de Silvio Berlusconi ha tenido que pagar mayores intereses por acceder a financiamiento externo.

Nada parece claro en Europa. Aunque el BCE anunció la compra de bonos de Irlanda y de Portugal, que ya tienen programas de ayuda financiera, los mercados esperan un gesto hacia las obligaciones españolas e italianas. Según la agencia Reuters, el Banco Central Europeo habría mostrado su disposición a comprar bonos de los dos países mediterráneos si se concretan reformas profundas. Muchos analistas creen que esto podría calmar los mercados. El viernes, Italia se comprometió a hacer una reforma constitucional para equilibrar su presupuesto y con esto sosegar a los inversionistas. La canciller alemana, Angela Merkel, y el presidente francés, Nicolas Sarkozy, evaluaron la situación de la crisis de endeudamiento. Se espera que los líderes europeos encuentren soluciones urgentes para evitar la primera situación de default en el área.

Hay un gran consenso entre los analistas en el sentido de que una cosa es que Portugal, Grecia e Irlanda tengan problemas para pagar su deuda y conseguir financiación en el mercado y otra muy diferente que sea Italia la que esté en estos líos. "Italia es demasiado grande para ser rescatada", dice Cárdenas Santamaría. Italia representa el 25 por ciento de la deuda de Europa, y no habría plata para rescatarla. "No me quiero imaginar lo que pasaría si Italia no tiene acceso al mercado financiero", dice el economista Alberto Bernal, de la banca de inversión Bulltick Capital Markets.

El propio presidente del Banco Central Europeo (BCE), Jean-Claude Trichet, dijo la semana pasada que la economía de la eurozona venía desacelerándose más rápido de lo esperado e incluso se encontraba al borde de la recesión, declaraciones a las que se unió José Barroso, presidente de la Comisión Europea, quien reconoció la falta de efectividad de los planes de rescate entregados y se mostró preocupado por un muy probable contagio en la región. Trichet está en el banquillo, pues muchos lo responsabilizan de contribuir a expandir el pánico por los mercados.

Ya son muchos los frentes de la economía mundial que preocupan. A la situación de Estados Unidos y Europa hay que agregar la situación de Japón, país al que le tomará tiempo su recuperación. El Banco de Japón anunció que inyectará a la economía cerca de 126.000 millones de dólares con el fin de mantener firme la recuperación económica del país luego del terremoto del 11 de marzo. China, por su parte mantiene un férreo control del yuan y una decisión de desacelerar su economía.

Y aunque hay razones para la preocupación, hay quienes reconocen que los mercados están sobrerreaccionando a las noticias. En el mercado global también hay mucha especulación. Manuel García, analista de un fondo de pensiones en Beijing, dice que algunos inversionistas quieren hacer caer a España y a Italia, y lo peor es que eso que era muy improbable empieza a ser posible. "Hay especuladores que quieren hacer quebrar el euro y aprovechar si cada país retoma su moneda local. Si Europa sigue así, no va a aguantar mucho", agrega.

Los ánimos están exaltados. La percepción de lo que está sucediendo cambia de una semana a otra y los rumores se riegan como pólvora. Así actúan los mercados cuando ven crisis en el horizonte. No responden a la lógica. "Si alguien está vendiendo, los otros suponen que tiene información especial y lo siguen", señala Alberto Bernal.

¿Qué se puede esperar para los próximos días? Lo más probable es que la calma no llegue de un momento a otro a los mercados. Las acciones cayeron tanto que puede haber una oportunidad para que muchos compren barato, y es posible que esta semana se presente lo que se conoce técnicamente como rebote: una recuperación de lo perdido en los últimos días. Pero con el grado de incertidumbre que hay, es mejor decir que los mercados tienen la palabra.

La situación es demasiado complicada. Muchos analistas pronostican que esta podría ser la tormenta perfecta que lleve al mundo hacia otra recesión. Y esta vez hay muy poco con qué responder. Aplicar estímulos fiscales como se recomendó con la anterior recesión para apuntalar el crecimiento económico, ya no es algo viable para muchos países que tienen grandes déficits presupuestarios. Solo queda preguntarse si dejarán los líderes mundiales caer la economía del planeta. Esta vez las cosas podrían ser del tamaño de una gran Depresión.
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